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11 octubre 2019

Ictíneo II: el primer submarino con motor a vapor fue español y salió del puerto de Barcelona

En 1864 botó el Ictíneo II, un pionero submarino cuyo motor de combustión no fue igualado hasta los años 40 por el ejército alemán. Pero la falta de visión tecnológica de la sociedad española de la época llevó a que las piezas originales se perdieran al ser vendidas como chatarra. Narcís Monturiol, nacido en Figueres (Girona), nunca patentó su invención, no pudo pagar las facturas y el Ictíneo II fue embargado. 
Pero la historia de este excéntrico y talentoso inventor español no ha sido olvidada y una réplica de su submarino estuvo expuesta en el puerto de Barcelona hasta 2010, cuando las autoridades decidieron retirar el monumento para restaurarlo. 
El Ictíneo II alcanzaba una profundidad de 30 metros y es ampliamente considerado como el primer submarino "verdadero", al estar propulsado por motores a vapor y no por tracción humana y snorkels como ocurría con otros vehículos contemporáneos como el USS Aligator o el CSS Hunley

Clamor popular y posterior olvido

Poster Narcis Monturiol War Ein Spanischer Erfinder 220776
Como su nombre indica, el Ictíneo II no fue el primer submarino de Monturiol. El ingeniero español construyó en 1858 su primer submarino, una primera nave experimental con hélices accionadas a mano por doce tripulantes y con la que realizó más de 50 inmersiones hasta que finalmente sufrió un accidente. 
Dado el éxito, Monturiol solicitó por carta apoyo del público para financiar su segundo submarino. En 1862 se empezó a construir este nuevo submarino, más seguro, productivo y el doble de grande. Un proyecto que dos años más tarde se materializó con la creación de la sociedad La Navegación Submarina. 
El entusiasmo popular y la prensa presionaron para que el gobierno de Isabel II prometiera ayudas oficiales al invento, pero finalmente nunca llegaron. Monturiol dedicó también tiempo a un tratado sobre los submarinos de guerra, aunque sus desarrollos estaban dedicados más al rescate de marineros y la exploración submarina. Hubo más de 20 inmersiones exitosas durante tres años y se llegaron a hacer pruebas de tiro con un cañón giratorio, pero la poca capacidad de negocio de Monturiol y el escaso interés de la Armada Española acabaron con el invento
En 1885, Monturiol murió pobre e ignorado. "Ensayo sobre el arte de navegar por debajo del agua" se publicó ya en 1891, seis años después de su muerte. "Aquí yace don Narciso Monturiol, inventor del Ictíneo, primer buque submarino, que navegó por el fondo del mar en aguas de Barcelona y Alicante en 1859, 1860, 1861 y 1862" se escribió en su lápida de Barcelona. Una descripción sin aspavientos que muestra la dificultad de reconocer a los pioneros de cada época. 

17 metros de eslora e inmersiones de 7 horas

ictíneo casco
¿Cómo era el Ictíneo II? Estamos ante un vehículo capaz de sumergirse bajo el agua y con una velocidad limitada, pero donde por primera vez se utilizó un motor de combustión para impulsarse, al contrario que los submarinos de la época que aprovechaban el músculo humano para generar el movimiento. 
El nuevo submarino medía 17 metros de eslora, 3 metros de manga y 3,5 metros de la quilla a la cúpula. El Ictíneo II estaba preparado para albergar a 20 tripulantes, aunque 16 de ellos se encargaban de la propulsión. El 2 de octubre de 1864 fue botado desde el puerto de Barcelona, en una primera inmersión donde permaneció durante 7 horas y media bajo al agua a 30 metros de profundidad. La distancia prevista para poder transportar a los buzos hasta el coral. 
El submarino de Monturiol logró permanecer bajo el agua unas 8 horas y hasta 50 metros de profundidad, aunque teóricamente estaba diseñado para llegar a los 500 metros. El casco del Ictíneo II era doble y estaba construido en madera de olivo con refuerzos de roble y una capa de cobre para resistir la presión. También disponía de un sistema de tanques, válvulas y un peso móvil que servía para controlar los ascensos y descensos. 
Planos Monturiol
Pero esta versión del Ictíneo II necesitaba demasiado personal para moverse y Monturiol o estaba satisfecho con la velocidad. Y es que inicialmente el Ictíneo II no disponía de su motor a vapor
El objetivo era alcanzar los 2,5 nudos para atravesar las corrientes en contra. Y para intentar lograrlo se añadió, tres años más tarde, un motor a vapor, una idea que convertiría así al Ictíneo II en un submarino pionero y totalmente adelantado a su época. 

Una mezcla de zinc, manganeso y potasio para la propulsión

Para incorporar el motor a vapor Monturiol acudió all ingeniero industrial Josep Pascual Deop. Junto a él idearon un motor basado en una mezcla de zinc, dióxido de manganeso y clorato de potasio, una combinación para generar una fuente caliente que sirvió para calentar el agua de un horno y generar así energía para la reacción de propulsión. 
Esa reacción también servía para generar oxígeno suficiente para dos hombres, una cantidad inferior a la tripulación inferior. Precisamente este punto de generar oxígeno fue una de las grandes ventajas del Ictíneo II, una idea que permitió no tener que emerger a la superficie para generar aire respirable. 
Submarino
El motor en superficie funcionaba quemando carbón con un sistema de 2 pistones y una potencia de 8CV, mientras que el motor de vapor tenía una potencia de 2 CV y se basaba en un único pistón. 
Adicionalmente, Monturiol llegó a diseñar un sistema con un cañón a bordo. Sin embargo, la fuerza del cañón era demasiado grande y comprobó que causaba graves daños estructurales. Un intento de convencer a las autoridades militares que no terminó de funcionar y desvió la atención del gran invento de Monturiol, la utilización del motor a vapor para mover el submarino y de paso ayudar a la inmersión.

23 agosto 2012

Unos Ictíneos "de película".

Para el rodaje de una película, en los años 90, sobre la vida y obra del insígne ampurdanés Narcís Montriol i Estarriol (1819-1885), se construyeron dos modelos a escala 1:1 de los submarinos Ictíneo I e Ictíneo II.
Ambos tipos de submarinos inventados por Monturiol, tenían la particularidad de haber sido concebidos para facilitar la pesca del coral, al tiempo que auxiliar la tan pesada labor de los buzos de la época. Són, pues, de los raros submarinos mercantes que han existido junto con el batiscafo de exploración científica o los utilizados para el contrabando después de la segunda guerra mundial (como los narco-submarinos).
Como ya sabemos, Monturiol inventó las formas hidrodinámicax exteriores (que se adoptarian universalmente a partir de 1953), el doble casco interior, los tanques de lastre ubicados entre ambos cascos y un sistema químico de propulsión anaeróbica.
Al terminar el rodaje, el Ictineo I pasó a recibir a los visitantes del MMB (Museo Marítimo de Barcelona) y el Ictineo II, como ya se comentó en el blog hace tiempo, tras estar expuesto en el puerto de Barcelona fue retirado sin que conozcamos su situacion actual. Mientras prosigue el espíritu del inventor en el proyecto social de fabricacion del Ictineo III, del cual también hemos comentado algo en el blog.

Nacho Padró


20 agosto 2010

Notas sobre el ICTINEO II de Narcis Monturiol (1864)


El Ictineo II sustituyó a su hermano menor, con 17 metros de eslora, 3 metros de manga y 29 metros cúbicos de capacidad en el casco de presión en lugar de los 7 del primer modelo. Fue botado también en el puerto de Barcelona, el 2 de octubre de 1864.
Para construir este Ictineo II, Monturiol contó con la colaboración de Joan Monjo i Pons, un técnico en construcción naval y un profesional eficiente. Además de ser de mayor tamaño que el primero, tenia introducidas algunas innovaciones y perfeccionamientos, gracias a la experiencia acumulada con el anterior.
Poseía una estanqueidad total gracias a los dos cascos.
Aunque utilizaba también la energía humana para impulsar la nave, Monturiol se percató muy pronto que había de encontrar y aplicar otros sistemas. Como se puede apreciar, el Ictíneo II tenía unas dimensiones mayores, pensando en su utilización como buque industrial y de exploración-recogida de coral. En las primeras pruebas se presentaron problemas de estanquiedad, lo cual determinó que la profundidad máxima sería de 30 m. Lo más grave, sin embargo, era la lentitud de movimientos, tanto en superficie como, sobre todo, sumergido. La fuerza motriz también era humana: mientras que el primer Ictíneo era movido por hasta cinco personas, ahora se había pensado en 16, pero no se consiguió más velocidad. Esta importante limitación llevó a tomar una decisión muy difícil: sustituir el motor humano por un motor mecánico. Monturiol descartó el motor de gas y el de petróleo y se decidió por una máquina de vapor, probablemente porque era la más fiable mecánicamente y porque encontró un combustible -una mezcla de metales- que producía calor y no liberaba gases tóxicos, sino oxígeno. Todo indica que la investigación de laboratorio sobre combustibles y sobre respirabilidad de la cámara ictínea fue realizada con la colaboración de otro profesor de la Escuela de ingeniería industrial, Damàs Calvet, en su laboratorio privado de Sant Martí de Provençals, en Barcelona.


Con la colaboración de Josep Pascual i Deop, ingeniero industrial que llegaría a ser su yerno, instaló a bordo una caldera y una máquina motriz de 6 CV de potencia, accionada por el vapor que producía la caldera. Sin embargo, como esta solución era sólo válida para la navegación en superficie, pensó en una reacción química exotérmica que produjera el calor suficiente para vaporizar el agua de la caldera cuando el Ictineo II navegara por debajo del agua. Esta reacción se producía al mezclar clorato potásico (KClO3) y limaduras de zinc (Zn) en presencia de dióxido de manganeso (MnO2). Hay que decir que, en este caso, se utilizaba una máquina motriz más pequeña.
El problema de la respiración a bordo durante las inmersiones se resolvió definitivamente gracias a un ventilador que reciclaba el aire de la cámara interior y lo hacía pasar por un purificador donde el anhídrido carbónico (CO2) desprendido por los tripulantes era eliminado al entrar en contacto con el hidróxido de calcio (Ca(OH)2). Había además un generador de oxígeno que introducía en la masa de aire reciclada una cantidad de oxígeno igual a la que los tripulantes habían consumido.




El sistema de inmersión-emersión se perfeccionó y quedó definitivamente establecido: en primer lugar se llenaban de agua las vejigas de flotación pero posteriormente (se había suprimido la hélice horizontal) entraba en funcionamiento la vejiga natatoria, que constaba de un tanque de lastre que comunicaba con otros dos -llamados tanques de presión- mediante una bomba de tres cuerpos. Estos tanques de presión se habían llenado previamente de agua, gas o aire, en proporción 1:1 y a una presión doble de la que correspondía a la profundidad que se quería alcanzar. Así pues, con las vejigas de flotación llenas de agua, sólo se había de admitir más agua en el tanque de lastre para que el sumergible iniciara la inmersión. Para detener el movimiento de descenso o volver a la superficie bastaba con abrir las espitas de los tanques de presión para que los gases a presión expulsaran parte del agua que contenían. A continuación, la bomba impulsaba el agua del tanque de lastre hacia los tanques de presión restableciendo así las condiciones iniciales. La operación podía repetirse tantas veces como fuera necesario.
El segundo Ictíneo fue construido para navegar y trabajar (estaba dotado de una garra exterior retráctil, como la actual Denise de Cousteau y el OFRS) a -50 metros de profundidad, con un coeficiente de seguridad igual a 10... ¡tres veces superior al del batiscafo! Esto quiere decir que, llegado el caso, podía sumergirse tranquilamente a más de -100 metros, con su casco resistente de madera de olivo, cilíndrico y terminado por dos conos, dos semielipsoides o dos esferas y reforzado por un revesti­miento de roble, de 6 cm de espesor, recubierto de chapa de cobre y que constituía el casco carenado propiamente dicho, que daba líneas hidrodinámicas al Ictíneo.

Nacho Padró