El sol se levanta detrás de varios buques petroleros anclados en el estrecho de Ormuz, frente a la costa de la isla Qeshm, Irán, el sábado 18 de abril de 2026.
Asghar Besharati/AP
WASHINGTON (AP) — El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirma que la Marina estadounidense está retirando minas iraníes del estrecho de Ormuz, una ruta marítima vital para los envíos de petróleo cuya interrupción amenaza cada vez más a la economía mundial.
Expertos señalan que rastrear explosivos submarinos podría llevar meses pese a un frágil alto el fuego entre Estados Unidos e Irán en la guerra, que ya ha durado varias semanas. Cualquier afirmación futura de que Estados Unidos despejó la vía navegable por la que suele pasar el 20% del petróleo mundial podría no convencer a los cargueros comerciales y a sus aseguradoras de que por fin el tránsito es seguro.
“Ni siquiera hace falta que hayas colocado minas; basta con que hagas creer a la gente que lo has hecho”, afirmó Emma Salisbury, investigadora del Programa de Seguridad Nacional del Foreign Policy Research Institute.
“Y aunque Estados Unidos rastree el estrecho y diga que todo está despejado, lo único que tienen que hacer los iraníes es decir: ‘Bueno, en realidad, todavía no las han encontrado todas’”, añadió la experta, quien también es investigadora asociada del Royal Navy Strategic Studies Centre. “Hay un límite a lo que Estados Unidos puede hacer para devolver esa confianza al transporte marítimo comercial”.
Buscar minas es una de las tácticas más recientes anunciadas por el gobierno de Trump para que el tráfico vuelva a atravesar el estrecho, mientras el alza de los precios de la energía y los efectos económicos más amplios suponen un riesgo político. Estados Unidos también ha bloqueado los puertos de Irán y ha incautado barcos vinculados a Teherán, pero el presidente manifestó el sábado que ordenó a sus enviados que no viajen a Pakistán para las más recientes conversaciones sobre el alto el fuego después de que el principal diplomático iraní saliera de Islamabad.
Hegseth no niega que el desminado podría tardar 6 meses
Funcionarios del Pentágono dijeron a legisladores que probablemente tomaría seis meses despejar las minas que Irán colocó en el estrecho, según una persona familiarizada con la situación que habló bajo condición de anonimato para tratar información sensible. La información se entregó el martes en una sesión informativa clasificada en el Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes.
A 44 años delConflicto del Atlántico Sur, la Armada Argentinarecordó este sábado el“Bautismo de Fuego” de la Fuerza de Submarinos, una fecha que remite al ataque sufrido por elARA Santa Feen las islas Georgias del Sur y al protagonismo silencioso de los hombres que combatieron bajo el mar durante laGuerra de Malvinas.
El comandante de la Fuerza de Submarinos, rindió homenaje a los veteranos y destacó que “honraron a la Armada y a la Patria en el cumplimiento de su deber, sin vacilaciones”. También los vinculó con los 44 tripulantes del ARA San Juan, al señalar que todos representan el mismo compromiso con la bandera.
El ARA Santa Fe había participado primero en la Operación Rosario, colaborando en el desembarco argentino del 2 de abril de 1982. Días después recibió una misión aún más riesgosa: trasladar refuerzos y armamento a Georgias del Sur. Tras completar el desembarco, el 25 de abril fue detectado y atacado por helicópteros británicos Wessex, Sea Lynx y Wasp. Un misil impactó en la vela del submarino y dejó herido al cabo Alberto Macías, que respondía con un fusil FAL.
La nave logró regresar al muelle de Caleta Vago, pero finalmente debió rendirse ante la superioridad enemiga.Durante el traslado posterior murió el suboficial Félix Artuso, recordado desde entonces como símbolo del sacrificio naval.
El otro gran protagonista fue el ARA San Luis. Durante 40 días de patrulla y 864 horas de inmersión, hostigó a la flota británica pese a graves fallas técnicas en sus torpedos y sistemas de tiro. Aunque no logró hundimientos confirmados, su sola presencia generó preocupación en el mando inglés, que nunca consiguió ubicarlo con precisión.
Dos submarinos, dos historias distintas y un mismo legado: coraje en las profundidades.
Uno de los mayores temores de las marinas occidentales no era un ataque directo, sino algo mucho más inquietante: no saber dónde estaba el adversario. Esa sensación se hizo especialmente evidente cuando, en plena Guerra Fría, un submarino soviético logró seguir a un grupo navalestadounidense durante días sin ser detectado, demostrando que en ciertos escenarios el verdadero poder no está en golpear primero, sino en permanecer invisible el tiempo suficiente.
No se ve, pero no se detiene. Contaban en un extenso reportaje en Bloomberg que, a cientos de metros bajo una montaña en el norte de Noruega, la OTAN vigila sin descanso un tablero que no aparece en los titulares diarios, pero que nunca ha dejado de estar activo.
Mientras la atención global se centra y con razón en conflictos más visibles, en las profundidades del Atlántico Norte se desarrolla una competición constante por detectar, seguir y no perder de vista a los activos más sensibles del adversario. Es, si se quiere, una vigilancia silenciosa, técnica y permanente, una donde el margen de error es mínimo y donde la ausencia de noticias no significa, ni mucho menos, ausencia de actividad.
El Ártico como epicentro estratégico. Como decíamos, aunque el foco político y mediático se ha desplazado irremediablemente hacia Oriente Medio, el verdadero pulso entre Rusia y la OTAN se está desplazando cada vez más hacia el Ártico, a miles de metros bajo el mar en un entorno que combina aislamiento, profundidad y condiciones extremas que dificultan cualquier seguimiento.
Esta región, que durante años fue vista como periférica, ha recuperado su centralidad por la apertura de nuevas rutas, recursos y, sobre todo, por su valor militar como espacio de tránsito y ocultación. En este escenario, el hielo y la geografía, más que obstáculos, son aliados naturales para quien sabe aprovecharlos. Y Moscú lleva ventaja.
Ceremonia de bienvenida al submarino nuclear "Alexander Nevsky", de la clase Borei K550, en la base permanente de Vilyuchinsk
Borei y Yasen: el desafío ruso. El corazón de esta estrategia lo forman los submarinos de nueva generación desplegados por Vladimir Putin, especialmente las clases Borei y Yasen, diseñadas para operar durante largos periodos sin ser detectadas y capaces de portar armamento estratégico.
Aunque no siempre igualan a sus equivalentes occidentales en sigilo, recordaban en Bloomberg que lo compensan con tácticas adaptadas al entorno ártico, como operar bajo la capa de hielo o protegidos por otras unidades, lo que complica enormemente su localización. Quizás por ello, para la OTAN el mayor riesgo no es su presencia, sino más bien el momento en que dejan de estar bajo control.
K-560 Severodvinsk
Una persecución constante. Lo hemos contado antes. Durante décadas, el punto clave para detectar estos submarinos era el conocido corredor GIUK, entre Groenlandia, Islandia y Reino Unido, pero los avances tecnológicos y operativos han empujado esta especie de caza hacia latitudes más altas.
Ahora, el objetivo es interceptarlos antes de que abandonen las aguas relativamente poco profundas del mar de Barents y se adentren en zonas donde pueden desaparecer con mayor facilidad. Esta evolución ha obligado a reforzar la cooperación entre aliados y a desplegar sistemas de vigilancia cada vez más sofisticados.
Europa en la sombra. Ocurre que, ante la incertidumbre sobre el compromiso a largo plazo de Estados Unidos, los países europeos están aumentando su implicación en esta vigilancia, con Noruega como pieza central y socios como Reino Unido, Alemania o Canadá reforzando capacidades y coordinación.
El resultado de ello se ha traducido en nuevas adquisiciones, ejercicios conjuntos y despliegues avanzados, movimientos todos que reflejan una transición en la que Europa intenta asumir más responsabilidad en su propia defensa, especialmente en un entorno tan crítico como el Ártico.
Una nueva Guerra Fría bajo el hielo. Sí, porque el resultado nos acerca a un escenario que recuerda cada vez más a la (i)lógica de la Guerra Fría, pero esta vez con la diferencia de que ahora hay herramientas mucho más avanzadas y un contexto geopolítico completamente diferente.
La flota del norte rusa, modernizada y prioritaria dentro de su estructura militar, representa una de las principales capacidades de disuasión del Kremlin, especialmente a medida que sus fuerzas convencionales muestran debilidades en otros frentes. Y en ese equilibrio inestable, el Ártico parece consolidarse como una suerte de “escondite perfecto”, un lugar donde el mayor desafío de Rusia a la OTAN no se anuncia, simplemente está ocurriendo bajo la fría capa de hielo.
El Jefe del Estado Mayor de la Marina Nacional francesa, el almirante Nicolas Vaujour, comunicó a través de la cuenta oficial de X que el primero de los nuevos submarinos nucleares de misiles balísticos SNLE 3G recibió su denominación oficial, en un anuncio que refuerza el desarrollo del programa estratégico de disuasión del país. La unidad, denominada “Invencible”, corresponde al primer submarino lanzador de misiles balísticos de tercera generación en construcción en los astilleros de Cherburgo y fue revelada por el presidente de la República el 2 de marzo de 2026.
El programa SNLE 3G, iniciado en 2021 e incorporado en sucesivas leyes de programación militar, constituye el eje central de la disuasión oceánica francesa. De acuerdo con el cronograma oficial, el submarino “Invencible” está previsto para entrar en servicio en el año 2036, marcando el inicio de una nueva etapa en las capacidades estratégicas navales del país.
Submarino clase L’Invencible – Marina Nacional Francesa
Según lo expresado por el , “Invencible” representa una decisión estratégica de largo plazo que definirá la postura de disuasión durante décadas. En ese sentido, se prevé que los cuatro submarinos de esta clase permanezcan operativos hasta aproximadamente el año 2090, consolidando la continuidad del componente naval de la fuerza nuclear francesa.
La misión principal de estos submarinos se inscribe dentro del esquema de disuasión permanente en el mar, considerado prioritario para la Marina Nacional. Bajo este concepto, cada 70 días una unidad SNLE parte desde su base para iniciar una patrulla, permaneciendo oculta en el océano con el objetivo de garantizar la disponibilidad continua de la capacidad nuclear estratégica.
El programa involucra a diversas instituciones del Estado francés, entre ellas la Dirección General de Armamento, responsable de la gestión general del proyecto, y la Comisión de Energía Atómica, encargada del desarrollo de los reactores nucleares que propulsarán las unidades. Esta cooperación interinstitucional permite abordar tanto los aspectos tecnológicos como operativos del sistema.
En paralelo, Naval Group participa a través de contratos adjudicados desde 2021 que abarcan estudios de desarrollo, adquisiciones a largo plazo y la producción de los primeros componentes del casco y la sala de máquinas del submarino. Asimismo, la empresa ha debido adaptar sus capacidades industriales para cumplir con los requisitos específicos de esta nueva generación de submarinos estratégicos.
Actual flota submarina de Francia
Estos nuevos submarinos de la clase Invencible, serán los destinados a ir reemplazando gradualmente a los submarinos de misiles balísticos de la actual clase Troimphant a partir de mediados de la próxima década, de los cuales tienen actualmente 4 unidades. A su vez, los de la nueva clase se proyecta que estén operativos hasta finales de este siglo.
Submarino el Terrible – Clase Troimphant – Marina Nacional Francesa
Al mismo tiempo que Francia construye los nuevos submarinos de misiles balísticos, también está constituyendo una flota de submarinos de ataque de propulsión nuclear: los de la clase Barracuda (o clase Suffren en francés). Actualmente, su flota de ataque está compuesta por 3 unidades de esta clase y uno de la clase Rubis.
Hace un siglo, la capacidad industrial e ingeniera de España era una referencia en Europa. Los motoresHispano-Suizamiraban a los ojos, cuando no desde arriba, a cualquier Rolls Royce, ya fuera en carreteras o en el aire. Y bajo el mar, los sumergibles españoles recogían la tradición de Isaac Peral. Si bien hoy, como ha desveladoLa Vanguardia, los submarinos españolesson un foco de gastos, problemas y dificultades, hace cien años el submarino militar más moderno llevó el sello de Horacio Echevarrieta, el industrial vasco con una vida de novela.
El Echevarrieta-1, el submarino que se forjó en los astilleros de Cádiz y en las aguas de Cartagena, fue prueba de ello… y de la decadencia posterior. Pese a ser un sumergible adelantado a su tiempo, nunca sirvió bajo bandera española y acabó al servicio de la armada turca. Su mérito –su condena, a tenor de la Historia– fue ser el modelo a seguir para los U-boote de la marina nazi.
Versalles quiso poner fin a la industria militar alemana, pero quedó lejos de conseguirlo. Exmilitares teutones, vueltos civiles, movieron sus hilos para que el ingenio alemán no se quedara en dique seco. Habría que utilizar empresas interpuestas, nombres falsos, influencias antiguas y puertos extranjeros, pero la convicción de que Alemania volvería a alzarse en armas existía, y querían llegar a ese momento preparados.
Y allí emergió la figura de Wilhelm Canaris. El exalmirante y capitán de submarinos quedó al cargo de la reconstrucción, tan delictiva como secreta, del cuerpo de sumergibles alemanes. Para hacer reales los antiguos diseños de 1918 necesitaba dinero, discreción, materiales y astilleros. Canaris viajó a Japón, a Países Bajos, a España –hablaba un español perfecto con un deje argentino, aprendido en su novelesca huida desde un campo de prisioneros de Chile hasta Alemania en 1915– durante años para coordinar, con la paciencia de un relojero, todas las piezas.
Wilhelm Canaris, futuro jefe del Abwehr en el Tercer Reich, con uniforme de capitán de corbeta, c. 1928Ullstein Bild vía Getty Images
Una empresa pantalla del puerto de Rotterdam, financiada por capital alemán y al mando de antiguos militares, marcó el principio de la historia del Echevarrieta-1. NV Ingenieurskantoor voor Scheepsbouw (IvS) se dedicaba, a priori, a diseñar y preparar submarinos para países terceros, ninguno de ellos Alemania. El papel del excapitán de la Reichsmarine Walter Lohmann en este periodo fue básico. De hecho, el descubrimiento de esta operativa que obviaba Versalles dio lugar al Escándalo Lohmann: la financiación ilegal de varias empresas bélicas. Lohmann cayó en desgracia, pero el operativo secreto de rearme siguió adelante.
Mientras tanto, en el mismo 1927 en el que cayó Lohmann, IvS llegó, por la vía de Canaris, hasta el industrial Horacio Echevarrieta, seduciéndole con su modelo de submarino. Previamente había fabricado sumergibles menores, pero la capacidad de los Astilleros Echevarrieta, sumado al interés militar del dictador Miguel Primo de Rivera de dotar a España de una flota propia de sumergibles de alta gama, llevaron al acuerdo.
Primo de Rivera estaba fascinado con el sumergible de Echeverrieta, pero la II República no lo consideró igual
El Echevarrieta-1 comenzó a ser construido en 1929, con manos españolas, metales suizos, planos alemanes y bajo la supervisión, apartado ya Canaris, de Lothar von Arnauld de la Perière. Una elección que debería haber arqueado alguna ceja en la comunidad internacional. Von Arnauld, alemán, fue el comandante del U-35 en la Primera Guerra Mundial, y estaba camino de convertirse en el mayor genio de la guerra submarina existente. Al término de su vida, en 1941, los submarinos que capitaneó habían hundido casi 200 barcos.
Un U-boot armado y preparado para atacar en marzo de 1941Getty Images
Bajo su mando, el Echevarrieta-1 fue tomando forma a lo largo de 18 meses. Casi mil toneladas de desplazamiento. Seis tubos lanzatorpedos, capaces de disparar a proa y a popa. Dos motores diésel que sumaban 1.400 CV, además de los auxiliares eléctricos. Y una velocidad, sigilo, maniobrabilidad y operatividad a distintas profundidades que aventajaba en años luz a la clase Odin de la armada británica, la dueña de los mares en el arranque de la década de los años treinta del siglo XX.
Botado en octubre de 1930, las pruebas de mar comenzaron en mayo de 1931, al mando precisamente de Lothar von Arnauld de la Perière, que comprobó con satisfacción que ese Echevarrieta-1 –en realidad, ese U-boot encubierto– era todo lo que prometía. Comprobada la solidez del prototipo, una Alemania cada vez más lejana a Versalles (y cada vez más cercana a los postulados de un exsoldado metido a político, un tal Adolf Hitler) solo tenía que producirlos en masa.
¿Y España? ¿Qué haría España con ese submarino adelantado a su tiempo? La respuesta es sencilla: nada.
El Echevarrieta-1 se construyó bajo órdenes de Primo de Rivera. En mayo de 1931, ni el dictador ni Alfonso XIII pintaban ya nada en la recién nacida Segunda República. Echevarrieta quiso vender el submarino al ejército republicano, que lo rechazó pese al interés inicial del presidente de la República, Manuel Azaña. La participación de Echevarrieta en los preparativos de la Revolución de Asturias de 1934 dio con sus huesos en la cárcel.
El desinterés del gobierno en el submarino y la necesidad económica del industrial condujeron a la venta del Echevarrieta-1 a Turquía, donde fue renombrado Gür. El traslado desde Cartagena a Estambul fue operado –no por casualidad– por mandos turcos… y marinería alemana. El Gür sirvió hasta 1947, cuando fue retirado del servicio.
Oficiales británicos buscando submarinos alemanes en 1941Terceros
En paralelo, en febrero de 1935, y ya con Adolf Hitler dominando Alemania y pensando en someter Europa, las réplicas del exitoso Echeverrieta-1 empezaron a ensamblarse. En Kiel, Alemania arrancó la construcción de seis U-boote (del U-1 al U-6) que sirvieron como escuela para su armada submarina. Con Karl Dönitz como responsable (“Los submarinos deben operar en grupo; solos son vulnerables, juntos son letales”, diría), los U-boote comenzaron a ensayar sus tácticas de ataque en manada (Rudeltaktik).
El U-1 entró en combate en marzo de 1940, en aguas de Noruega. Desde entonces, los submarinos alemanes infundieron el terror en los mares. Según el periodista e historiador Jonathan Dimbleby, autor de The Battle of The Atlantic (Penguin/Oxford University, 2015), los alrededor de 1.160 U-boote –los hijos del Echevarrieta-1– ensamblados hundieron 3.000 barcos, entre cargueros y buques militares, causando cerca de 70.000 víctimas y la pérdida de 14 millones de toneladas de carga.