17 mayo 2026

El primer submarino de Rusia: la historia del ‘buque secreto’ de madera que asombró a Pedro el Grande en 1724

 Mucho antes de que los submarinos dominaran las guerras navales del siglo XX, Rusia intentó crear uno. Era una embarcación de madera, impulsada por remos y diseñada para navegar bajo el agua.

El proyecto sorprendió al zar Pedro el Grande en 1724 y estuvo cerca de convertir al imperio ruso en pionero de esta tecnología militar.

La idea fue de Yefim Nikonov, un carpintero de astillero del siglo XVIII. No sabía leer ni escribir y tampoco tenía formación en ingeniería.

Pese a ello, imaginó un “buque sigiloso” capaz de navegar bajo las olas y destruir barcos enemigos desde abajo.

Nikonov envió varias propuestas al zar, redactadas por otras personas. En ellas describía una nave que podría “permanecer silenciosamente bajo el agua” y hundir hasta “diez o veinte buques de guerra”.

Incluso prometió responder “con la cabeza” si el proyecto fracasaba.

En 1719, Pedro el Grande finalmente decidió escucharlo. Aunque el concepto del submarino no era completamente nuevo —el neerlandés Cornelius Drebbel había probado uno en Londres un siglo antes—, el zar quedó fascinado.

Pedro nombró a Nikonov “maestro de buques furtivos”. También le asignó un taller enSan Petersburgo y le permitió elegir ayudantes.

Trece meses después, el primer prototipo fue probado en el río Neva.

La nave logró sumergirse y reaparecer. Pero durante una segunda inmersión quedó atrapada bajo el agua.

El propio Pedro el Grande participó en el rescate usando cuerdas. Pese al problema, ordenó construir una versión más grande.

El submarino definitivo estuvo listo en 1724.

Curiosamente, terminó llamándose Morel por un error de escritura. Un funcionario registró mal la palabra model y el nombre quedó.

La nave parecía un gran barril de madera. Medía unos seis metros de largo y dos de altura. Estaba reforzada con aros de hierro y cubierta con cuero.

El sistema de inmersión era rudimentario pero ingenioso. El agua entraba por pequeñas perforaciones hacia bolsas de cuero internas, haciendo que la embarcación descendiera. Para volver a la superficie, el líquido se expulsaba mediante una bomba de cobre.

Cinco tripulantes impulsaban el submarino usando remos.

El Morel también tenía un plan de ataque sorprendente para la época.

Nikonov imaginó utilizar “tubos de cobre en llamas”, una especie de lanzallamas primitivo, contra barcos enemigos.

Además, un buzo debía salir de la nave para dañar el casco rival con herramientas especiales.

Incluso diseñó una especie de traje de buceo para esta misión.

Sin embargo, las pruebas volvieron a complicarse.

En la primavera de 1724, el submarino consiguió descender entre tres y cuatro metros en el río Neva ante Pedro el Grande y oficiales navales.

No obstante, la quilla golpeó el fondo y el casco hermético terminó abriéndose.

La tripulación tuvo que ser rescatada de urgencia.

Aun así, Pedro se negó a culpar a Nikonov y ordenó que el accidente no fuera considerado responsabilidad del inventor.

El gran golpe llegó poco después. La muerte del zar, el 8 de febrero de 1725, dejó al proyecto sin su principal respaldo político y económico.

Nikonov perdió recursos, mano de obra y apoyo.

Las últimas pruebas se realizaron en 1727. Tras un nuevo fracaso, fue degradado a simple obrero.

Así terminó el primer intento ruso de construir un submarino.




Repararon el memorial en honor a los tripulantes del ARA San Juan: "Presentes, ahora y siempre"

 El memorial en honor a los tripulantes del ARA San Juan, el submarino que desapareció con sus 44 tripulantes en aguas del Atlántico Sur, sufrió una rotura el pasado 4 de mayo. Aunque no se registraron "indicios de mala intención", el ex comandante del buque Guillermo Tibaldi e impulsor del homenaje confirmó que ya lograron restaurarlo.

"No se registraron indicios de mala intención", indicó el ex comandante del buque Guillermo Tibaldi.
"Ese memorial lo doné a la Municipalidad y lamentablemente lo vandalizaron con una barreta", había precisado a 0223 Tibaldi y confirmó que ya estaba en comunicación con la empresa que lo fabricó para trabajar en su reparación. Ahora, a través de las redes sociales, el ex comandante del buque compartió un video que muestra cómo fue el proceso de restauración.

 

 

"Con la espectacular predisposición y el profesionalismo de la empresa constructora Marceillac y el apoyo logístico de la Base Naval y la Fuerza de Submarinos, se realizó la reparación y mantenimiento general", expresó Tibaldi en Instagram y sintetizó: "Hoy quiero compartirles este video donde se ve el trabajo realizado".

El homenaje a los 44 tripulantes del submarino desaparecido el 15 de noviembre de 2017 está montado en la plazoleta frente a la Base Naval. Fue inaugurado en el 2021, pero ideado tiempo atrás.

Tibaldi impulsó la creación de este homenaje tras completar una caminata que unió el muelle del submarino en Mar del Plata con la cumbre del Aconcagua, llevando una bandera con los nombres de sus 44 compañeros. Mediante el aporte voluntario de vecinos, instituciones y empresas de la ciudad, el memorial que imaginó se hizo realidad.

El homenaje a los 44 tripulantes del submarino desaparecido el 15 de noviembre de 2017 fue inaugurado en el 2021.
El homenaje a los 44 tripulantes del submarino desaparecido el 15 de noviembre de 2017 fue inaugurado en el 2021.

"Destaco el acompañamiento de muchos medios periodísticos que se hicieron eco, y de personas civiles y militares en general que me llamaron para ofrecer su apoyo. Decir y hacer. Fueron Kilómetros y homenaje. 44 camaradas héroes: presentes, ahora y siempre", cerró el ex comandante al mostrar el homenaje restaurado.

ARA San Juan: una reconstrucción judicial revela la cadena de órdenes que antecedió a la última misión del submarino

 

Documentos incorporados al juicio oral en Río Gallegos permiten reconstruir la planificación operativa del ARA San Juan antes de su hundimiento en 2017. Las órdenes, ejercicios y evaluaciones de la dotación muestran cómo se estructuró la misión final del buque en el Atlántico Sur.

 

Una serie de documentos militares incorporados como prueba en el juicio oral por el hundimiento del ARA San Juan permite seguir, en detalle, la planificación de las operaciones que culminaron con la última misión del submarino argentino, desaparecido el 15 de noviembre de 2017 con 44 tripulantes a bordo.

El debate se desarrolla desde marzo de 2026 en el Tribunal Oral Federal de Río Gallegos y busca establecer eventuales responsabilidades penales de ex altos mandos de la Armada por presuntos incumplimientos de deberes de funcionario público y estrago culposo agravado. En ese marco, el análisis técnico de las condiciones del buque y de las órdenes operativas previas ocupa un lugar central.

Los documentos analizados describen una secuencia escalonada de planificación que comienza con directivas generales del Comando de Adiestramiento y Alistamiento de la Armada y culmina en órdenes específicas emitidas por el Comando de la Fuerza de Submarinos, donde se definieron las tareas asignadas al ARA San Juan y al ARA Salta durante la denominada “Tercera Etapa de Mar” de 2017.

En septiembre de ese año se estableció el marco general de la operación, que incluía ejercicios navales integrados, adiestramiento en navegación, control de espacios marítimos y maniobras en zonas del litoral patagónico y fueguino. Posteriormente, un plan táctico precisó áreas de despliegue, cronogramas y participación de unidades de superficie, aeronaves y submarinos.

Dentro de ese esquema, el ARA San Juan fue asignado a una misión en tres fases: tránsito hacia Ushuaia, estadía operativa en esa base y una patrulla prolongada en el Atlántico Sur. La tercera etapa contemplaba tareas de exploración y control del mar en áreas cercanas a la milla 200, con identificación de buques pesqueros y embarcaciones de interés, además de seguimiento de unidades extranjeras.

El submarino debía operar en coordinación con fuerzas de superficie y aeronaves, en un escenario que incluía ejercicios antisubmarinos y navegación táctica en zonas de alta complejidad operativa.

De acuerdo con la documentación incorporada al expediente, la embarcación contaba en ese momento con la habilitación operativa correspondiente, tras una evaluación técnica interna que la calificó como apta para la navegación. La dotación estaba integrada por 44 tripulantes, encabezados por el capitán de fragata Pedro Fernández, con experiencia acumulada en navegación submarina y miles de horas de inmersión.

El segundo al mando era el capitán de corbeta Jorge Bergallo, seguido por oficiales a cargo de áreas operativas, mecánicas y de combate, junto con personal subalterno con distintos niveles de experiencia en la fuerza.

El 11 de noviembre de 2017, cuatro días antes de la desaparición, el submarino completó un ejercicio antisubmarino que incluyó maniobras de infiltración entre unidades de superficie sin ser detectado. Ese desempeño fue informado como exitoso por el comandante del buque en su comunicación a tierra.

Tras completar esa etapa, el ARA San Juan inició su desplazamiento hacia la fase final de la misión. El último contacto con tierra se registró el 15 de noviembre a las 7:19. Horas más tarde, a las 10:51, se produjo la implosión del submarino en aguas del Atlántico Sur.

despliegue sin precedentes de minisubmarinos de clase Ghadir para controlar el estrecho de Ormuz

 En un contexto de creciente tensión en el estrecho de Ormuz, Irán ha confirmado el despliegue de minisubmarinos de fabricación nacional de la clase Ghadir, según declaraciones realizadas por el comandante de la Marina iraní. La clase Ghadir fue diseñada específicamente para las aguas del Golfo Pérsico, donde las condiciones marítimas permiten a los submarinos ocultarse en el lecho marino antes de lanzar ataques con torpedos o misiles de corto alcance. Entró en servicio operativo en 2007 tras varios años de desarrollo por parte de la Organización de Industrias Marinas.

Esta medida fortalece la capacidad de Teherán para amenazar el tráfico marítimo comercial y a las fuerzas navales en una de las zonas marítimas más estratégicas del mundo. Cada submarino tiene una eslora de 29 metros, una manga de 2,75 metros y un desplazamiento de 117 toneladas en superficie, que aumenta hasta las 125 toneladas cuando se encuentra sumergido. La tripulación está formada por siete personas. Según informes iraníes, entre 14 y 20 submarinos de la clase Ghadir seguirían operativos, aunque estimaciones estadounidenses habían señalado anteriormente que Irán perdió 11 minisubmarinos durante el conflicto de 2026.

El nuevo sistema de Irán para controlar el tráfico marítimo

Los planificadores navales iraníes diseñaron esta clase de submarinos específicamente para adaptarse a las condiciones del Golfo Pérsico, donde factores como la elevada salinidad, los sedimentos en suspensión, las mareas y los cambios rápidos en las capas térmicas dificultan la detección submarina. Según ingenieros navales iraníes, las complicaciones operativas experimentadas por los submarinos de la clase Kilo importados durante las temporadas cálidas en el Golfo fueron uno de los motivos que impulsaron el desarrollo de un modelo nacional más pequeño y adaptado al entorno regional. Gracias a su pequeño tamaño, estos submarinos pueden desplazarse cerca de islas, terminales petroleras y zonas costeras poco profundas que resultan inaccesibles para submarinos de mayor tamaño presentes en la región. Una de sus capacidades más destacadas es la posibilidad de realizar operaciones de “apoyo en el fondo”, permaneciendo directamente sobre el lecho marino.

Según personal naval iraní, los submarinos pueden apagar por completo sus sistemas de propulsión y mantenerse inmóviles sobre fondos arenosos o fangosos durante largos periodos mientras supervisan el tráfico marítimo cercano. En el contexto del Golfo Pérsico, esta táctica aprovecha la poca profundidad, la presencia de sedimentos y el intenso tráfico marítimo civil para reducir su detectabilidad acústica y magnética.

Capacidades

Entre las capacidades atribuidas a este submarino se encuentran la posibilidad de desplazar fuerzas con rapidez, interceptar buques de superficie y submarinos enemigos, identificar objetivos militares y transportar unidades de comando. Además, gracias a diversas innovaciones iraníes, su autonomía y capacidad de permanencia bajo el agua habrían superado las limitaciones habituales de los submarinos de este tamaño.

El Ghadir también destaca por su maniobrabilidad para ejecutar misiones rápidas, su amplio alcance de navegación submarina y la incorporación de un sonar compacto. Dispone igualmente de sistemas automáticos de control de profundidad, mecanismos de guiado manual, hidráulico y automático, así como capacidad para operar en aguas poco profundas. Su diseño de casco busca reducir al mínimo el ruido emitido, mientras que sus motores diésel-eléctricos están orientados a disminuir las probabilidades de detección y rastreo por parte del enemigo.

Otro elemento destacado es su sistema de lanzamiento de torpedos, descrito como de alta precisión. Estas capacidades permitirían al submarino trasladar fuerzas especiales con rapidez, interceptar embarcaciones y submarinos enemigos, reconocer objetivos militares y realizar inmersiones rápidas para ocultarse. Según diversas fuentes, el Ghadir también habría sido diseñado para reducir parcialmente su detección frente a sistemas sonar y radares enemigos.

El estrecho de Ormuz

La República Islámica de Irán busca aprovechar el actual contexto bélico para reforzar su control sobre el estrecho de Ormuz y mantener esa influencia incluso después de que termine la confrontación con Estados Unidos. Hace unos días, Teherán anunció la creación de un organismo encargado de gestionar el cobro de tasas a los buques que atraviesen este estratégico paso marítimo, y recientemente las autoridades iraníes han dejado claro que, además de un movimiento militar y geopolítico, consideran este control como una importante fuente potencial de ingresos.

Así lo expresó Mohammad Arkaminia, general de brigada de las Fuerzas Armadas iraníes, quien afirmó, según medios estatales iraníes, que «este control coordinado y sinérgico, además de fortalecer la soberanía y la supervisión de Irán sobre la región, podría generar ingresos para el país capaces de duplicar los obtenidos por la venta de petróleo». Teniendo en cuenta que las exportaciones de crudo iraní alcanzaron alrededor de 34.000 millones de dólares el año pasado, las cifras mencionadas por el militar reflejarían un potencial económico de enorme magnitud.

El grueso de este negocio se encontraría en el cobro de tasas para cruzar el estrecho de Ormuz, para lo cual Teherán ya ha creado un organismo específico, bautizado como Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico (PGSA por sus siglas en inglés).

06 mayo 2026

K-278, el submarino soviético que naufragó en 1989 llevándose consigo dos reactores y torpedos nucleares

 Si te preguntas cuántos submarinos nucleares han sido hundidos en combate, debes saber que la respuesta es cero. Esto no implica que en el fondo del mar no se encuentren varios navíos de este tipo, algunos de estos en compañía del material radiactivo que les permitía funcionar por largos períodos de tiempo e incluso atemorizar a sus oponentes.

A lo largo del tiempo, nueve submarinos nucleares se han hundido. Cinco de la Armada de la URSS, dos de la Armada de Rusia y dos de la Armada de Estados Unidos. El protagonista de este artículo, el K-278 Komsomólets, surgió como un proyecto para perfeccionar el lanzamiento de misiles y acabó convirtiéndose en una tragedia marítima.

El submarino nuclear que yace en el fondo del mar de Barents

Hacia finales de la década de 1960, la Unión Soviética ya había construido varios submarinos nucleares y se preparaba para sentar las bases de la que sería la cuarta generación de estas herramientas estratégicas. La idea, según recoge el especialista en defensa H I Sutton, era que los navíos pudieran transportar y lanzar una combinación de misiles convencionales y nucleares.

Para responder a aquella necesidad, en 1966 se empezó a desarrollar un proyecto conocido como "685", que contemplaba la construcción de un primer submarino de tecnología avanzada en concepto de prototipo por parte de la compañía naval Sevmash. Así surgió el K-278 Komsomolets, cuya quilla fue colocada en 1978 y fue botado al mar en 1983.

Las características implementadas iban más allá de mejoras a nivel de armamento, sino que también estaban relacionadas con la versatilidad de ataque e inmersión. El casco estaba hecho de titanio 48T, una aleación más ligera que el acero, pero lo suficientemente resistente como para permitir inmersiones profundas en escenarios de combate.

Dn Sn 87 07042 Mike Class Submarine 1 Jan 1986K-278 Komsomolets

El K-278 había sido diseñado para operar a una profundidad de rutina de 800 metros, brindado la posibilidad de alcanzar los 1.000 metros en situaciones límite. La profundidad de colapso, es decir, cuando la presión sobre el casco está a punto de causar daños estructurales graves o una implosión, se había establecido en unos 1.500 metros.

A nivel de dimensiones, tenía una manga de 12,3 metros y una longitud de 110 metros. El sistema de propulsión estaba integrado por dos reactores de fisión nuclear OK-650 de agua a presión y combustible de uranio-235 enriquecido al 20-45 %. Era capaz de lanzar torpedos convencionales y torpedos con ojivas nucleares.

Sunken SubImágenes del K-278 capturadas por Instituto de Investigación Marina de Noruega en 2019

La Autoridad de Seguridad Nuclear y Radiación de Noruega (DSA) reseña que el 7 de abril de 1989, el K-278 navegaba en aguas internacionales frente a su país cuando sus tripulantes detectaron fluctuaciones en el sistema eléctrico de todo el navío. Los fallos eran producto de un incendio en un compartimento que comprometió el funcionamiento de los reactores.

Producto del mencionado problema, los mecanismos de control del submarino empezaron a tener un comportamiento errático. Pese a esta caótica situación, y con el humo del incendio expándanse en el interior, el navío consiguió alcanzar la superficie y muchos tripulantes fueron rescatados. De los 69 marineros, 27 sobrevivieron y 42 murieron.

Vlcsnap 2019 07 09 21h53m50s141El ROV Ægir 6000 analiza el K-278

El prodigio tecnológico que prometía inaugurar una nueva clase de submarinos se hundió en las profundidades del mar, llevándose consigo dos reactores con uranio enriquecido y dos torpedos con ojivas nucleares. Desde aquel entonces yace a más de 1.600 metros en las profundidades en el mar de Barents, en el borde el Océano Ártico, en Noruega.

Aquel episodio, no obstante, está lejos de quedar completamente en el olvido. Desde aquel entonces, Rusia y Noruega han estado monitorizando los niveles de radiación en la zona del accidente. En 2019, el Instituto de Investigación Marina de Noruega utilizó el ROV Ægir 6000 para estudiardetalladamente los restos del submarino de la era soviética.

Una serie de muestras tomadas ese mismo año revelaron que los niveles de radiación en algunas partes del navío eran 800.000 veces más altas de lo normal. Otras partes, señalaban, "no registraban valores tan elevados". Aunque las mencionadas cifras podían parecer alarmantes, la líder de la expedición, Hilde Elise Heldal, creía que no eran sinónimo de peligro.