18 mayo 2025

La clase Astute de la Armada británica se convirte en uno de los submarinos de ataque más sigilosos del mundo.

 El submarino clase Astute de la Marina Real Británica es ampliamente reconocido como uno de los submarinos más discretos acústicamente y optimizados para el sigilo del mundo. Diseñado y construido por BAE Systems para la Marina Real Británica, esta clase de submarinos de flota de propulsión nuclear es el resultado de décadas de perfeccionamiento tecnológico para crear una plataforma capaz de operar de forma silenciosa e invisible bajo los océanos.

En un espacio de batalla marítimo moderno, donde la capacidad de pasar desapercibido define el éxito operativo, la clase Astute representa una convergencia casi perfecta de sigilo, resistencia, potencia de fuego y resiliencia.

Los Astute están propulsados por un reactor nuclear Rolls-Royce PWR2, que les otorga una autonomía prácticamente ilimitada y la capacidad de permanecer sumergido hasta 90 días; su autonomía solo está limitada por la tripulación y el suministro de víveres. El reactor suministra energía a un sistema de propulsión turboeléctrico, donde la energía nuclear genera electricidad que se utiliza para alimentar un motor eléctrico que impulsa la propulsión de chorro de bombeo del submarino. Este diseño elimina la necesidad de una conexión mecánica directa entre el reactor y el eje de propulsión, lo que reduce drásticamente el ruido generado por los componentes móviles.

El sistema de chorro de bombeo reduce aún más el ruido al evitar la cavitación, la formación de burbujas que suele causar el movimiento de la hélice en el agua. Esta configuración permite al Astute navegar con excepcional discreción incluso a altas velocidades.

El perfil de sigilo de la clase Astute se ve reforzado por la aplicación de más de 39.000 placas anecoicas que cubren el casco del submarino. Estas placas están fabricadas con un material elástico clasificado, rellenas de microbolsas de aire diseñadas específicamente para absorber las ondas de sonar entrantes.

Su función es doble: reducen la eficacia de las señales de sonar activas dirigidas al submarino y absorben las vibraciones y los sonidos emitidos desde el interior del buque, impidiendo su transmisión al agua circundante. A diferencia de los submarinos de diseño anterior, donde las placas se desprendían con frecuencia durante las operaciones, la clase Astute se beneficia de materiales y adhesivos mejorados que garantizan su permanencia en su lugar, incluso bajo la extrema presión de las misiones en aguas profundas.

En el interior, los sistemas y la distribución del submarino están meticulosamente diseñados para mantener el silencio. Toda la maquinaria pesada está montada sobre plataformas amortiguadoras de vibraciones para evitar la resonancia mecánica. Las tuberías, conductos y accesorios están aislados acústicamente, lo que minimiza la transmisión de ruido estructural. Las actividades de la tripulación se gestionan conforme a una estricta normativa acústica, especialmente durante operaciones sensibles.

Estos esfuerzos conjuntos contribuyen a una firma acústica tan mínima que el Astute se considera más silencioso que el ruido de fondo marino natural en ciertas condiciones.

La clase Astute también incluye robustos sistemas de respaldo para garantizar un sigilo continuo, incluso en caso de fallo mecánico o durante maniobras específicas a baja velocidad. Los generadores diésel están instalados y pueden activarse cuando el submarino está en superficie o a profundidad de periscopio mediante un mástil de snorkel. Estos generadores suministran energía a los Motores de Propulsión de Emergencia (EPM), lo que permite al submarino realizar movimientos silenciosos en frío a baja velocidad cuando el reactor está fuera de servicio. Esto se utiliza habitualmente durante las transiciones entre puertos, como el traslado entre la Base Naval de Faslane y el complejo de armas de Coulport.

En casos más extremos, si el sistema de propulsión principal se ve comprometido, el submarino está equipado con un Motor de Propulsión Secundario (SPM). Este propulsor eléctrico puede desplegarse desde la popa y utilizarse para la navegación a baja velocidad. Además, es giratorio, lo que permite la dirección y el apoyo en zonas confinadas como los puertos.

En cuanto a potencia de fuego, la clase Astute supone una mejora significativa respecto a los submarinos británicos anteriores. Está equipada con seis tubos lanzatorpedos de 533 mm y tiene capacidad de almacenamiento interno para hasta 38 armas. Esto supone una mejora notable respecto a la clase Trafalgar, que contaba con cinco tubos y transportaba 30 armas.

El Astute puede armarse con los últimos torpedos pesados ​​Spearfish Mod 1, así como con misiles de ataque terrestre Tomahawk (TLAM). El Spearfish Mod 1 incorpora un sistema de guiado de fibra óptica, una ojiva avanzada, contramedidas mejoradas y una propulsión optimizada, lo que aumenta tanto su alcance como su capacidad de ataque silencioso y preciso. Estas armas dotan a la clase Astute de formidables capacidades de guerra antisubmarina y antisuperficie, así como la capacidad de atacar objetivos terrestres estratégicos sin exponer su posición.

El submarino está equipado con el conjunto de sonares Thales 2076, considerado uno de los más avanzados del mundo. Este sistema de sonar proporciona una cobertura completa de 360 ​​grados y detección de largo alcance, capaz de identificar amenazas mucho más allá del alcance al que podría ser detectado el propio Astute. Integrado con un sofisticado sistema de gestión de combate codesarrollado por BAE Systems y Thales UK, la clase Astute puede evaluar rápidamente las amenazas y desplegar armas en entornos complejos sin comprometer su posición.

Técnicamente, la clase Astute mide aproximadamente 97 metros de eslora y desplaza unas 7400 toneladas sumergida. Alcanza una velocidad sumergida superior a los 30 nudos y cuenta con una tripulación de aproximadamente 98 personas, con alojamientos y sistemas de soporte diseñados para despliegues prolongados. Su construcción incorpora acero de alta resistencia y modernos materiales compuestos, y está diseñada para soportar presiones extremas a grandes profundidades, manteniendo su sigilo y capacidad de supervivencia.

La clase Astute de la Marina Real Británica no es un simple submarino: es una herramienta estratégica de influencia silenciosa, diseñada para patrullas de larga duración en aguas hostiles o disputadas. Su combinación de tecnología anecoica, propulsión ultrasilenciosa, sistemas de sonar y armas de alta capacidad, y una amplia redundancia lo convierten en uno de los submarinos de ataque más eficaces e indetectables jamás construidos. A medida que la guerra submarina adquiere una importancia cada vez mayor en las estrategias de defensa global, la clase Astute garantiza que la Marina Real mantenga una presencia silenciosa y letal en las profundidades, lista para atacar sin previo aviso y desaparecer sin dejar rastro.

Rusia eleva la amenaza nuclear con la llegada de submarinos de nueva generación

 

Imagen de archivo de un submarino atómico pesado flotando en el océano.GETTY IMAGES

Rusia ha dado un nuevo paso en la modernización de su arsenal nuclear con el despliegue del submarino de misiles balísticos Knyaz Pozharsky, de la clase Borei-A, que ha partido esta semana del astillero Sevmash en Severodvinsk, señala The Barents Observer.

Aunque se desconoce su misión exacta, se espera que el buque, que lleva hasta 16 misiles Bulava, cada uno armado con cuatro a seis ojivas nucleares, realice pronto un lanzamiento de prueba del misil nuclear Bulava, requisito clave antes de su integración plena en la Armada.

La entrega del Knyaz Pozharsky estaba prevista para 2024, pero se retrasó debido a demoras en la construcción y en las pruebas de mar. Será el segundo submarino de cuarta generación de la clase Borei-A en operar con la Flota del Norte, después del Knyaz Vladimir, activo desde 2020. Su incorporación refuerza significativamente la capacidad de disuasión nuclear del Kremlin en el Ártico.

Diferencias entre la Flota del Pacífico y la Flota del Norte

No obstante, el despliegue destaca una paradoja estratégica. A diferencia de la Flota del Pacífico, que ha sido priorizada desde la anexión de Crimea en 2014 y opera en aguas profundas más favorables para ocultar submarinos, los buques de la Flota del Norte deben navegar al menos 24 horas por el mar de Barents antes de alcanzar las profundidades del Océano Ártico, lo que los hace más vulnerables a la detección.

Actualmente, la Flota del Norte mantiene una mezcla de submarinos: cinco Delta-IV de tercera generación y tres Borei Borei-A de cuarta. Además, en la base de Zapadnaya Litsa, cercana a la frontera con Noruega, operan submarinos multipropósito de la clase Yasen/Yasen-M, capaces de portar ojivas nucleares tácticas.

Según la actualización 2025 del Cuaderno Nuclear publicada por el Boletín de los Científicos Atómicos, Rusia posee unas 4.309 ojivas nucleares, de las cuales 1.718 están desplegadas estratégicamente, incluyendo 640 en submarinos. El informe subraya que Rusia está por completar la modernización total de su arsenal nuclear, tanto estratégico como táctico.

El tratado New START, que limita las armas estratégicas nucleares de EEUU y Rusia, expirará en febrero de 2026. Si no se renueva, Rusia podría aumentar su número de ojivas nucleares desplegadas hasta en un 60%, advierten los expertos.

Navantia pondrá a flote el segundo submarino S-80 antes del verano

 Navantia tiene una primavera muy intensa. El astillero cartagenero avanza a gran velocidad con dos de los principales proyectos del Ministerio de Defensa: las fragastas F-110 y los submarinos de la clase S-80. La empresa planea poner a flote el segundo de los nuevo sumergibles de la Armada antes de las vacaciones veraniegas. 

 

 

El primero de los buques en tocar el agua será el S-82 Narciso Monturiol, el cual en los últimos meses ha ido superando las distintas pruebas necesarias antes de su flotación en las instalaciones que la empresa posee en Cartagena. Así, la reconfiguración del calendario ha obligado a retrasar a 2026 la llegada de la embarcación y a reprogramar también la de las otras dos unidades restantes a 2028 y 2029, Navantia ha pisado el acelerador para cumplir con los compromisos asumidos con el departamento de Margarita Roble. 

 

A finales de abril, el programa de las fragatas protagonizó un doble hito en su desarrollo: la puesta en grada de la quilla de la Roger de Lauria (F-112) y el corte de la primera chapa de la Menéndez de Avilés (F-113). A lo largo de sus 12 años de duración, el programa F-110, que se lleva a cabo en Ferrol (A Coruña), generará anualmente una media de aproximadamente 3.000 empleos directos y 6.000 indirectos e inducidos por la actividad económica. Desde el astillero apuntan de que el pico de empleo comenzará en 2026, cuando coincidirán tres buques en fase intensiva de producción.

 

“Estamos hablando de las fragatas más tecnológicas que existen y de los submarinos convencionales más evolucionados que hay en el mercado porque cuentan con sistemas que garantizan la superioridad de nuestros buques en un escenario global cada vez más complejo”, ha señalado el presidente de la compañía, Ricardo Domínguez, durante su participación en la última edición de la Feria de Defensa y Seguridad Española

El Rey embarcará el lunes en el submarino más moderno de la Armada

 Este lunes, a las 9:30 horas, Su Majestad el Rey Felipe VI visitará el submarino S-81 'Isaac Peral' en el Arsenal Militar de Cartagena. Esta embarcación fue amadrinada por la Princesa de Asturias, Doña Leonor de Borbón, el 22 de abril de 2021, y fue botada oficialmente el 7 de mayo. Su primera navegación en superficie se realizó el 27 de mayo de ese mismo año. Y ahora ya está a pleno rendimiento tras superar las duras pruebas a las que ha sido sometido durante más de un año tras ser entregado a la Armada.

En 2023, la ministra de Defensa, Margarita Robles, presidió el acto oficial de entrega del S-81 a la Armada Española. En ese momento, destacó que se trataba de “un hito histórico” que sitúa a España entre el reducido grupo de países con capacidad para diseñar y construir sus propios submarinos.

El Programa S-80 representa el mayor desafío industrial y tecnológico jamás afrontado por la industria de defensa española. La complejidad de construir un submarino, una plataforma que debe operar de forma autónoma en entornos hostiles durante largos periodos, exige un alto grado de especialización en múltiples disciplinas.

Tras el S-81, se prevé la incorporación de otros tres submarinos actualmente en distintas fases de construcción, todos ellos con nombres de pioneros de la navegación submarina: el S-82 'Narciso Monturiol', el S-83 'Cosme García' y el S-84 'Mateo García de los Reyes'.

Con 80,8 metros de eslora, 7,3 metros de diámetro y un desplazamiento cercano a las 3.000 toneladas, el S-80 se destaca como uno de los submarinos no nucleares más avanzados de la OTAN. Gracias a su alto grado de automatización, puede operar con una tripulación reducida de solo 32 personas.

El "Isaac peral" en el Arsenal de Cartagena
El "Isaac peral" en el Arsenal de CartagenaJesús G. FeriaFotógrafos

Está preparado para llevar a cabo misiones de guerra antisuperficie y antisubmarina, ataques a tierra, operaciones especiales a distintas profundidades, evacuaciones de personal civil, recolección de inteligencia y tareas de disuasión.

Frente a su antecesor, el S-70, el S-80 incorpora mejoras tecnológicas significativas, como un Sistema Integrado de Control de Plataforma y un Sistema de Combate avanzado. Estas innovaciones no solo aumentan su nivel de automatización, sino que también permiten operar el submarino con un menor número de tripulantes.

La construcción del S-81 ha supuesto un verdadero reto para la ingeniería naval española. Su dotación ha completado un exhaustivo programa de formación, entrenamiento y certificación durante las pruebas de mar, lo que garantiza una operación segura tanto en superficie como en inmersión.

¡Hundan al portaaviones! El día que el submarino nuclear británico HMS Splendid pudo hundir al ARA 25 de Mayo y cómo se evitó la tragedia

 El portaaviones ARA 25 de mayo, buque insignia de la marina argentina, fue el principal blanco de la fuerza de submarinos del Reino Unido durante la Guerra de Malvinas. Luego, en segundo lugar, estaba el destructor ARA General Belgrano.

El día 8 de agosto de 1969 el portaviones comenzó a integrar la Armada Argentina con el nombre de A.R.A. 25 de Mayo
El día 8 de agosto de 1969 el portaviones comenzó a integrar la Armada Argentina con el nombre de A.R.A. 25 de Mayo

El submarino nuclear HMS Splendid tenía la orden precisa de encontrar al portaaviones en la inmensidad del Océano Atlántico y hundirlo. Y estuvo a punto de conseguirlo, en dos oportunidades. La primera vez, el 23 de abril, lo detectó navegando hacia el sur a pocas millas de la costa, desde su base de Puerto Belgrano. Pero no pudo atacarlo porque se encontraba fuera de la Zona Exclusión Marítima y allí no representaba una amenaza para la flota británica. Las reglas de combate de la Marina Real británica no permitían que sus submarinos nucleares atacasen a un buque de superficie argentino excepto que fuera en defensa propia.

Desde el submarino pidieron permiso para cambiar las reglas de enfrentamiento y hundirlo, pero el gobierno británico le respondió negativamente. “Fue un momento extremadamente frustrante. Realmente pensé que lo tenía”, declaró años después su capitán, Roger Lane-Nott (quien tras la guerra se convertiría en director de carreras de la Fórmula Uno). El HMS Splendid debió abandonar el contacto.

Una foto del submarino nuclear HMS Splendid firmada por su capitán, Roger Lane-Nott
Una foto del submarino nuclear HMS Splendid firmada por su capitán, Roger Lane-Nott

El 26 de abril, a la altura de Comodoro Rivadavia, el HMS Splendid avistó a dos destructores argentinos: el ARA Hércules y el ARA Santísima Trinidad. Los persiguió durante 24 horas pero, curiosamente, recibió la orden de suspender la persecución para buscar al 25 de mayo. “No podía entender por qué querían que me alejara de los escoltas, cuando en el curso normal el portaaviones debía reunirse con ellos o viceversa”, se lamentó Lane-Nott.

Durante los días siguientes, el Reino Unido cambió las reglas del combate en reiteradas oportunidades. Primero reemplazó la Zona de Exclusión Marítima por la Zona de Exclusión Total, una circunferencia imaginaria de 200 millas náuticas de radio con centro en el sector central de las islas Malvinas, donde todo buque o aeronave -civil o militar- que ingresara sin autorización de Londres sería considerada hostil y objetivo de ataque.

Luego, decretó que cualquier nave o buque fuera de la ZET que representase peligro para la Fuerza de Tareas Británica también podría ser objeto de ataque. Así llegó el segundo “contacto” entre el ARA 25 de mayo y HMS Splendid. Ocurrió en la noche del 3 de mayo, en cercanías de Puerto Deseado, apenas 30 horas después de que la fuerza de submarinos del Reino Unido demostrase todo su poder letal al hundir al ARA General Belgrano.

En los días previos al combate, los medios británicos ya hacían foco en el portaaviones 25 de mayo, buque insignia de la flota argentina
En los días previos al combate, los medios británicos ya hacían foco en el portaaviones 25 de mayo, buque insignia de la flota argentina

Defender el portaaviones

En pleno Atlántico Sur, el 3 de mayo de 1982, un avión Grumman Tracker S-2E despegó de la cubierta del buque insignia con la misión de sembrar una barrera de sonoboyas. Su tripulación estaba compuesta por cuatro hombres: el entonces teniente de navío Juan Jose Membrana como piloto, el teniente de fragata Gustavo L. Ottogalli como copiloto, el suboficial segundo Ernesto Paulinkas como operador acústico y el cabo primero Oscar Condori como operador radar, todos adiestrados en el difícil arte de la guerra antisubmarina. Recién 30 años después supieron con certeza que su accionar logró disuadir a un enemigo invisible y evitó una tragedia. Esto trascendió cuando los británicos desclasificaron sus archivos de guerra. 

El hoy capitán de navío (RE) Juan José Membrana reconstruye con precisión quirúrgica la lógica de una guerra poco contada: explica cómo se despliega una cortina antisubmarina, por qué el mar argentino -con su poca profundidad- condicionaba los movimientos enemigos, qué rol jugaban las termoclinas en la propagación del sonido, y cómo una misión nocturna, bien ejecutada y sin margen para el error, puede torcer el curso de los acontecimientos.

El portaaviones 25 de mayo en 1950, cuando pertenecía a la marina holandesa y se llamaba Karel Doorman
El portaaviones 25 de mayo en 1950, cuando pertenecía a la marina holandesa y se llamaba Karel Doorman

–¿Dónde estaba destinado al comenzar el conflicto?

–El grupo aéreo del portaaviones estaba basado en la Base Comandante Espora. En 1982 convivíamos allí varias escuadrillas. En el portaaviones embarcaban la Escuadrilla Aeronaval Antisubmarina, que era la mía, pero también la Segunda Escuadrilla Aeronaval de Helicópteros, con los Sea King también antisubmarinos, y los A-4Q de la Tercera Escuadrilla de Caza y Ataque. También solía haber uno o dos helicópteros más pequeños, el Alouette 3, de la Primera Escuadrilla Aeronaval de Helicópteros para tareas de rescate. En total, abordo del buque habría entre 18 y 20 aeronaves, como mucho. Yo era teniente de navío, un rango medio, y tenía dos roles: era señalero de portaaviones, especializado en recuperar los aviones abordo, y comandante de guerra antisubmarina en vuelo. La preparación para la Operación Rosario empezó el 23 de marzo. El 28 nos enteramos finalmente del destino, luego de que el buque zarpó. Todo el Grupo Aéreo estaba ya embarcado en el portaaviones 25 de Mayo.

Los Douglas A-4Q «Skyhawk» a bordo del portaaviones ARA 25 de Mayo
Los Douglas A-4Q «Skyhawk» a bordo del portaaviones ARA 25 de Mayo
El personal de la escuadrilla antisubmarina
El personal de la escuadrilla antisubmarina

–¿Cuál era la tarea de usted y sus compañeros?

–Teníamos una doble misión: proteger al portaaviones de submarinos y buscar en superficie a la flota enemiga. Éramos los ojos -y también los oídos- de la flota. Volábamos desde el portaaviones y regresábamos a él. En el medio del mar, un comandante naval necesita saber dónde está el enemigo. Si no tiene información satelital, ni aviones de largo alcance, depende de los helicópteros o de un avión explorador como el nuestro.

El capitán de navío (RE) Juan José Membrana
El capitán de navío (RE) Juan José Membrana

–¿Qué información tenían sobre el poder submarino británico apenas recuperadas las islas?

–Nosotros conocíamos bastante sobre los tipos de submarinos que había en la región porque ese era nuestro trabajo. Teníamos información detallada de los submarinos brasileños, chilenos, peruanos, ecuatorianos, y venezolanos... La mayoría eran de origen alemán, británico o estadounidense. Conocíamos bien los Oberon británicos, porque Chile y Brasil los usaban. Sabíamos cómo era su planta propulsora, qué tipo de sonido generaban y cuáles eran sus capacidades. En general, podríamos decir que todos dependían de recargar sus baterías una vez al día y en ese momento se hacían vulnerables a nuestros sensores y procedimientos. Lo que no teníamos era preparación y equipamiento para enfrentarnos a la fuerza de submarinos de una potencia mundial como el Reino Unido. El pensamiento de nuestras Fuerzas Armadas en 1982 estaba orientado a escenarios regionales. Sí teníamos algo de información sobre submarinos nucleares, sobre todo norteamericanos, porque participaban en los ejercicios combinados “Unitas”. Era una oportunidad única: se hacía una vez por año y nos permitía entrenar con ese tipo de submarinos, que rara vez pasaban por esta parte del mundo. A partir de 1980 o 1981, además, obtuvimos algunos datos de inteligencia sobre submarinos nucleares británicos y soviéticos. Así que algo sabíamos, pero era muy limitado.

El portaaviones 25 de mayo antes de la guerra de Malvinas
El portaaviones 25 de mayo antes de la guerra de Malvinas

–¿Cómo se empieza a diagramar la estrategia antisubmarina a partir de ahí?

–La guerra antisubmarina es por sobre todo un gran trabajo en equipo y que requiere conocimiento de detalle y gran coordinación y es una parte inherente del movimiento naval. Cada vez que un grupo de buques se desplaza, tiene que contar con un plan de defensa aérea, antisuperficie y antisubmarina. Según la amenaza más probable del momento, se decide dónde poner el foco. Por ejemplo, si necesitás saber dónde está el enemigo, concentrás la atención en la exploración de superficie. Mientras tanto, los buques de escolta van formando lo que se llama una cortina antisubmarina, emitiendo pulsos de sonar para detectar cualquier blanco submarino que este en su camino. Pero emitir con sonar es una decisión delicada: cuando emitís un pulso, si hay algo cerca, el eco vuelve y lo detectás. Pero si no hay nada, ese pulso sigue viajando. Y aunque vos no recibas un eco, el enemigo puede escuchar que emitiste y saber que estás ahí. Es una relación de compromiso: cada emisión puede servir para encontrar o disuadir, pero también para delatar tu posición. Por eso, en una fuerza de tareas suele haber un buque designado para estar “de guardia antisubmarina”, que es el que emite, mientras los demás permanecen en silencio. Es como un sistema rotativo de vigilancia, para no exponerse innecesariamente. Por otra parte se debe saturar el ambiente de superficie con emisiones de radar para que el submarino perciba, cada vez que necesite usar su periscopio, que hay un radar que lo busca.

El Daily Mirror anticipaba un posible enfrentamiento entre el ARA 25 de mayo y HMS Invencible, buques insignias de las dos flotas
El Daily Mirror anticipaba un posible enfrentamiento entre el ARA 25 de mayo y HMS Invencible, buques insignias de las dos flotas

–¿Cómo influye el medio marino en la detección de submarinos?

–Muchísimo. Y es algo que muchas veces se pasa por alto. A diferencia del aire, el agua no es un medio homogéneo: su densidad y temperatura varían con la profundidad. Eso afecta directamente a la velocidad del sonido. Cuanto más profundo vas, más puede cambiar esa velocidad. En el mar, la temperatura del agua suele descender de forma gradual hasta cierto punto, pero a veces hay masas de agua con temperaturas distintas que alteran esa progresión. Eso crea capas con diferentes velocidades de propagación del sonido. A ese fenómeno se lo llama termoclina. Por ejemplo, el sonido puede viajar a una velocidad determinada cerca de la superficie, otra distinta a media profundidad, y otra más en zonas más profundas. Entonces, si vos estás buscando un submarino desde un buque que emite sonar desde la superficie, puede ocurrir que el sonido no llegue al fondo donde se esconde el submarino, o que el eco no vuelva. Por eso, para superar esa limitación, los helicópteros antisubmarinos usan sonares arriables: bajan su transductor mediante un cable y pueden explorar a diferentes profundidades, adaptándose a esas capas. Un helicóptero puede arrojar su sonar hasta 300 metros de profundidad. Es un muy buen recurso, pero su alcance sigue siendo limitado: unos 3000 o 4000 metros. En cambio, un submarino puede escuchar sonidos a 12, 20, hasta 40 kilómetros, dependiendo justamente de cómo se propaga el sonido en ese entorno.

El escudo de la Escuadrilla Aeronaval Antisubmarina
El escudo de la Escuadrilla Aeronaval Antisubmarina

–¿Las características del Mar Argentino favorecían o complicaban las operaciones?

–El Mar Argentino es poco profundo hasta bastante lejos de la costa. La plataforma continental se extiende unos 200 o 300 kilómetros mar adentro con profundidades de apenas 200 metros (o menos). Recién después se precipita a más de 5000. Es decir, tenés un área muy extensa para operar en baja profundidad. Si el fondo está a 50 metros, como en la zona donde navegaba el portaaviones en esos días, a un submarino nuclear de 80 metros de largo le queda muy poco margen de maniobra. Entonces, si ese submarino quiere evadir o moverse con libertad, necesita hacerlo con mucho cuidado.

–¿Dónde estaba navegando el portaaviones cuando ocurrieron los hechos del 3, 4 y 5 de mayo?

–Estaba al lateral de Puerto Deseado, en una zona de solo 50 metros de profundidad. Navegábamos muy prolijo y a baja velocidad. En ese momento, los británicos tenían tres submarinos nucleares en la zona: el Spartan, que protegía a su propia flota; el Conqueror, que estaba al sur, y el Splendid, que fue el que salió a cazar al 25 de Mayo. Vale aclarar que los submarinos ya tenían la orden de hundir los buques importantes argentinos desde el 1 de mayo. El 3 de mayo, al sur del portaaviones, uno de los destructores detectó sonidos. Se enviaron helicópteros a investigar, pero no encontraron nada. Lo que supimos después —30 años más tarde, cuando se desclasificaron los documentos británicos— que era el Splendid, que se estaba aproximando. Todo el grupo aéreo estaba embarcado. El Splendid se fue acercando lentamente por el sector mas apropiado para él que es desde la popa (la parte trasera de una formación). La noche del 3 al 4 de mayo, identificó en superficie algunos buques, cerca de Puerto Deseado, y decidió investigar. A las 2.15 de la mañana, nosotros catapultamos un Tracker para sembrar una barrera de sonoboyas y proteger el flanco del portaaviones. Mientras hacíamos exploración, íbamos escuchando. Y cada tanto, como establece la doctrina, emitíamos con el radar por si encontrábamos a alguien con el periscopio fuera. Y ahí ocurrió algo clave: el Splendid, que estaba en baja profundidad y con los mástiles fuera para recibir comunicaciones, escuchó la emisión del radar de nuestro Tracker. Lo clasificó como peligrosa. Eso lo supimos después, por el reporte británico. El comandante del Splendid dijo: “Estoy muy expuesto, voy a alejarme y sumergirme lo más posible hacia el norte. Mañana, con luz, vuelvo a acercarme”.

Un Grumman S-2E Tracker de la Escuadrilla Aeronaval Antisubmarina sale del hangar del portaaviones 25 de mayo
Un Grumman S-2E Tracker de la Escuadrilla Aeronaval Antisubmarina sale del hangar del portaaviones 25 de mayo

–¿Y qué hicieron ustedes?

–Después de recuperar el Tracker, el portaaviones se metió en el golfo y rodeó todo el Golfo San Jorge. No cruzó de manera recta, como el Splendid esperaba. Cuando el submarino salió a superficie a la mañana siguiente, no encontró nada. Y no se metió en el golfo: era una zona demasiado cerrada, donde no tenía margen de maniobra. Los submarinos necesitan espacio para moverse, poner velocidad, evadir. Esa vez no lo tuvo.

–¿Qué pasó finalmente con el Splendid? ¿Se alejó? ¿Lo buscaron después?

–No, nunca supimos que había estado tan cerca. Seguimos actuando como si hubiera un submarino en la zona, manteniendo el protocolo de protección antisubmarina. Recién 30 años después, con los reportes desclasificados, supimos que el Splendid había llegado a estar a 32 kilómetros del portaaviones. Nunca llegó a identificarlo como tal, ni lo tuvo dentro del alcance efectivo de sus torpedos.

Un Tracker argentino en Malvinas
Un Tracker argentino en Malvinas

–¿Qué alcance tenían esos torpedos?

–Los británicos usaban el Tigerfish MK-24, un torpedo guiado con una autonomía de 30 kilómetros a baja velocidad y 13 kilómetros a alta velocidad. Pero no le tenían mucha confianza: había fallado bastante en sus pruebas. De hecho, al Belgrano lo hundieron con torpedos de la Segunda Guerra Mundial, MK-8 Mod4 de solo 8 kilómetros de alcance. Para que un submarino pueda atacar con esos torpedos, tiene que acercarse muchísimo, casi meterse dentro de la cortina antisubmarina enemiga. Es una maniobra delicadísima que solo un submarinista bien entrenado puede hacer.

–¿Tuvieron más encuentros con submarinos durante esos días?

–Sí. El 5 de mayo, estábamos al norte de Bahía Camarones. El 2 de mayo a la noche los británicos habían atacado al aviso Sobral. Durante dos días no se supo nada de él. Entonces, el 5 a la mañana lanzamos un Tracker para buscarlo. El avión iba en configuración de búsqueda de superficie, pero llevaba armamento antisubmarino. Estaba tripulado por el teniente de navío Carlos Cal como piloto, el guardiamarina Gustavo Ferrari como copiloto, el suboficial segundo Lencina y el cabo segundo Panaritti. A unos 100 kilómetros hacia el sur del portaaviones, durante una prueba del radar, el operador detectó un contacto chico a 8 kilómetros en la proa. El comandante del Tracker vio una estela en el mar: claramente era un submarino navegando con su periscopio expuesto fuera del agua. Al llegar al lugar lanza el torpedo buscador MK-44 torpedo que tenía abordo, pero el torpedo hizo su corrida de búsqueda, sin que se notara ninguna explosión

–¿Cómo busca un torpedo a un submarino? ¿Por temperatura? ¿Por sonido?

–No. El torpedo tiene un recorrido preprogramado. Puede buscar en círculo, en espiral descendente, o dentro de un plano de profundidad. Por ejemplo, puede buscar entre 30 y 80 metros. Durante seis minutos (que es lo que dura la batería) escanea el área. Si no encuentra nada, se desactiva y se va al fondo. Si detecta un blanco, entra en modo ataque. Aumenta la frecuencia de sus pulsos sónicos para afinar la puntería. Eso incluso se escucha: el pulso cambia y se vuelve mucho más frecuente.

–¿Ese torpedo encontró algo?

–No. Pero desde el portaaviones se enviaron al mismo lugar dos helicópteros Sea King con sonar arriable y otro Tracker. Los helicópteros bajaron sus sonares y detectaron un contacto débil. Guiaron al Tracker, que lanzó un nuevo torpedo. Ese sí entró en modo ataque, lo que indica que encontró algo. Pero no hubo explosión. La tripulación del Tracker fue: el teniente de navío Enrique Fortini como piloto, el teniente de navío Carlos Ferrer como copiloto y en los Sea King teniente de navío Osvaldo Iglesias como piloto y teniente de navío Guillermo Iglesias como copiloto. En el otro Sea King, el capitán de corbeta Norberto Barro y el teniente de fragata Antonio Urbano.

Un Sea King despliega su sonar
Un Sea King despliega su sonar

–¿Cómo se defiende un submarino de un torpedo?

–Usa señuelos. Una especie de cápsulas que sueltan burbujas, como un Alka-Seltzer. Esa nube de burbujas engaña al torpedo, que piensa que es un blanco real. El submarino se esconde detrás y maniobra: cambia de rumbo y profundidad para evadir. ¿Encontramos un submarino? ¿O solo su señuelo? Nunca lo supimos. Pero que algo había.

–¿Tuvieron otros contactos?

–Sí. El 6 de mayo, frente a la Península Valdés, un Tracker detectó un contacto por radar y lanzó bombas de profundidad. El 7, otro Tracker más al norte hizo lo mismo con otro contacto. Las bombas explotaron, pero nunca supimos si impactaron algo. Esas bombas están programadas para estallar a diferentes profundidades, no para golpear: 8, 15, 25 o 50 metros. Se tiran esperando que alguna coincida con la profundidad del blanco.

El HMS Splendid en Escocia, 1995, 13 años después de la guerra de Malvinas
El HMS Splendid en Escocia, 1995, 13 años después de la guerra de MalvinasLA(PHOT) RICHARD HARVEY - Royal Navy
Un Tracker S-2E en el portaaviones 25 de mayo
Un Tracker S-2E en el portaaviones 25 de mayo

–¿Se puede decir que el portaaviones estuvo realmente en la mira?

–No. El Splendid nunca supo que era el portaaviones. Lo más cerca que estuvo fue a 32 kilómetros, en plena noche, sin posibilidad de identificación. Ni siquiera estaba dentro del alcance efectivo de sus torpedos. Lo importante es que la doctrina antisubmarina que aplicamos fue eficaz. Esa misión en la que sembramos sonoboyas, por ejemplo, fue suficiente para que el comandante británico dijera: “mejor me alejo”. Eso es disuasión.

–¿Qué importancia tenía proteger al 25 de Mayo? ¿Qué habría pasado si lo hundían?

–Torpedear al portaaviones habría sido trágico. Pero la comparación está en el crucero General Belgrano. Una fuerza naval sin cobertura aérea es pan comido para un submarino. El Belgrano estaba expuesto. Aceptaron el riesgo, cumplieron su misión y fueron a donde tenían que ir. Nos guste o no, no tenían defensa aérea en ese momento. Si hubiera habido cobertura de los aviones Neptune que estaban en Río Grande, tal vez otra habría sido la historia. Pero solo teníamos dos, y estaban destinados a buscar a la flota británica, no a proteger al Belgrano. Fue una decisión estratégica: ¿busco al enemigo o protejo lo que tengo? Esa es siempre la gran disyuntiva de todo comandante. Si sos ofensivo, generás debilidades. Si sos defensivo, perdés la iniciativa.

–¿Cómo fue enterarse, 30 años después, que habían estado tan cerca del Splendid? ¿Qué les generó?

–Para nosotros fue fundamental. Porque hasta entonces todo lo que habíamos hecho, lo hicimos a ciegas. Confiamos en la doctrina antisubmarina, en nuestros procedimientos y en los instrumentos que teníamos. Lo que demostraron los documentos británicos es que funcionó. El cumplimiento riguroso de esa doctrina resultó eficaz.