26 abril 2026

El submarino de ataque USS New Jersey vuelve a entrar en servicio

 Tras completar la disponibilidad posterior a las pruebas en el mar, el USS New Jersey regresó a la Armada con ajustes técnicos y mayor fiabilidad.

La fase PSA devolvió al USS New Jersey al control operativo naval

Tras completar la disponibilidad posterior a las pruebas en el mar, que la Armada de Estados Unidos denomina Post-Shakedown Availability, HII comunicó que Newport News Shipbuilding devolvió el USS New Jersey (SSN-796) al servicio naval. Con ese paso, el submarino dejó atrás la fase de ajustes y correcciones posterior a su aceptación inicial y regresó en mejores condiciones para sostener operaciones de la flota con un nivel superior de fiabilidad técnica.

Según la empresa, el paquete de trabajos abarcó mantenimiento general, mejoras en los sistemas de combate y electrónicos y nuevas pruebas en el mar antes de la devolución. El hito de abril de 2026 no equivalió a una primera entrega, porque el submarino había pasado a la Armada el 25 de abril de 2024 y recibió su comisión el 14 de septiembre de ese mismo año, antes de este retorno al control de la flota.

Dentro de la práctica naval de Estados Unidos, la PSA identifica el período programado en astillero que sigue a la entrega inicial y a las primeras pruebas operativas de un buque de guerra nuevo. En esa etapa, la Armada corrige deficiencias detectadas en el inicio del servicio, incorpora ajustes técnicos y completa trabajos de mantenimiento o de sistemas antes de que la plataforma entre en un ciclo más regular de despliegue.

En el caso de un submarino recién comisionado, esa fase eleva la fiabilidad y la madurez de sus sistemas hasta el nivel que la flota exige para misiones sostenidas.

Datos clave del USS New Jersey y de la clase Virginia

  • Fue entregado a la Armada el 25 de abril de 2024 y comisionado el 14 de septiembre de 2024.
  • Es un submarino de ataque nuclear de la clase Virginia y el quinto buque del Bloque IV.
  • Fue el primero de su clase diseñado y construido con cambios para una tripulación compuesta por hombres y mujeres.
  • La Armada lo asignó a Norfolk y al Escuadrón de Submarinos Ocho.

La clase Virginia reúne sigilo, alcance y un amplio perfil de misión

Como submarino de ataque de propulsión nuclear de la clase Virginia y quinto buque del Bloque IV, el USS New Jersey también destacó por ser el primero de esa clase diseñado y construido con modificaciones para una tripulación compuesta por hombres y mujeres. Su incorporación se integró en la fuerza estadounidense de submarinos de ataque, cuya misión incluye operaciones con baja detectabilidad tanto en aguas litorales como en mar abierto

De acuerdo con la descripción de la Armada incluida en el material, los submarinos de la clase Virginia desplazan 7.800 toneladas, miden 377 pies de eslora, tienen una manga de 34 pies y superan los 25 nudos. Además, disponen de un reactor que no requiere reabastecimiento de combustible durante la vida útil prevista del buque, un rasgo que sostiene su valor operativo dentro de la flota y refuerza su continuidad en misiones exigentes.

En variantes posteriores, la clase incorpora dos tubos de gran diámetro Virginia Payload Tubes, además de torpedos Mk 48 y misiles de crucero Tomahawk. Ese conjunto de armamento y sistemas permite ejecutar guerra antisubmarina, guerra antisuperficie, ataque terrestre, inteligencia, vigilancia y reconocimiento, guerra de minas y apoyo a fuerzas de operaciones especiales, dentro de un espectro amplio de tareas navales y conjuntas con alta flexibilidad operativa.

Aunque el submarino apenas inició su carrera operacional, su trayectoria reciente ya le da relevancia dentro de la fuerza submarina. El SSN-796 se construyó en la asociación industrial entre HII y General Dynamics Electric Boat, entró en servicio en 2024 como el vigésimo tercer submarino de la clase Virginia producido bajo ese esquema conjunto y luego quedó asignado a Norfolk y al Escuadrón de Submarinos Ocho.

El regreso del SSN-796 refuerza la disuasión y la preparación naval

Con su retorno a la disponibilidad de flota, la Armada incrementa el número de submarinos aptos para sostener operaciones de disuasión, recopilación de inteligencia, control del mar y respuesta a crisis en varios teatros. Un submarino de esta clase puede desplazarse con baja detectabilidad en aguas disputadas, seguir submarinos hostiles, amenazar buques de superficie, apoyar misiones de ataque y ejecutar acciones preparatorias antes de una reacción adversaria efectiva.

La conclusión de la PSA, dentro de ese marco operativo, aumenta la disponibilidad de un medio naval de alta flexibilidad y gran capacidad de supervivencia dentro del orden de batalla estadounidense. Su vuelta al servicio incorpora a la flota un submarino listo para empleo operativo y refuerza una capacidad militar de especial valor en el ámbito submarino, donde el sigilo y la persistencia conservan un peso decisivo para la ventaja naval de Estados Unidos.

Además, el regreso del USS New Jersey se relaciona con un objetivo más amplio de la Armada de Estados Unidos: disponer de medios listos para un combate sostenido de alto nivel en 2027 y conservar a largo plazo su posición relativa en el ámbito marítimo. El texto vincula esa meta con la necesidad de operar con discreción en aguas disputadas y de ofrecer a Washington opciones militares creíbles durante una crisis, en especial en el Indo-Pacífico.

Por eso, la disponibilidad de un submarino de ataque rápido moderno como el USS New Jersey aumenta la capacidad estadounidense para vigilar teatros marítimos clave, oponerse a acciones adversarias y responder cuando resulte necesario. Al cerrar la PSA, la Armada recupera un activo apto para misiones prolongadas, transmite seguridad a aliados, busca disuadir a adversarios y fortalece su presencia en escenarios sensibles dentro del ámbito marítimo actual.

15 abril 2026

El Ejército sueco asegura que siguen a un submarino ruso en aguas del estrecho de Kattegat

 Cazas del Ejército de Suecia identificaron este viernes a un submarino ruso en el estrecho de Kattegat, entre la costa del oeste sueco y Dinamarca, y junto a aliados siguen actualmente la ruta de la nave.

"Cazas suecos están siguiendo un submarino ruso en el Kattegat este viernes", indicaron en un comunicado las Fuerzas Armadas de Suecia, donde precisaron que los aviones movilizados eran sistemas JAS 39 Gripen en lo que calificaron como una "acción rutinaria".

Esos aviones interceptaron al submarino ruso, identificado como un vehículo de la clase Kilo. "Junto con sus aliados, las Fuerzas Armadas suecas están siguiendo de cerca la trayectoria del submarino hacia el mar Báltico", precisó el comunicado castrense.

El submarino ha sido identificado como un vehículo de la clase Kilo

Submarino ruso hallado en el Mediterráneo.
Imagen de archivo de un submarino rusoEmad

08 abril 2026

Una nueva misión volverá a las extrañas estructuras antárticas donde desapareció un submarino

 

La Universidad de Gotemburgo prepara su regreso al océano antártico, uno de los entornos más hostiles y menos explorados del planeta, para estudiar unas extrañas estructuras descubiertas bajo el hielo. Lo harán con el submarino Ran II, un vehículo que no solo reemplazará a su hermano pequeño, el Ran I, desaparecido en enero de 2024, sino que incorpora sistemas de navegación mejorados y mayor capacidad de toma de decisiones autónomas a bordo. Unas cualidades que habrían podido salvar a su predecesor. 

El regreso tiene un propósito científico urgente. Bajo la plataforma Dotson,en la Antártida Occidental, Ran había cartografiado unos 130 kilómetros cuadrados de hielo y descubierto unas crestas, valles y mesetas heladas que los modelos climáticos actuales son incapaces de explicar. El derretimiento, lejos de ser uniforme, se intensifica allí donde las aguas cálidas y saladas ascienden a lo largo de fracturas verticales en el hielo. 

"Los mapas que produjo Ran representan un enorme avance en nuestra comprensión de las plataformas de hielo de la Antártida. Teníamos indicios de lo complejas que son sus bases, pero Ran reveló un panorama más extenso y completo que nunca antes", afirma Karen Alley, glacióloga y coautora del estudio publicado en Science Advances.


El Ran II

El nuevo vehículo submarino autónomo opera sin comunicación en tiempo real con el exterior. Una vez sumergido bajo el hielo, navega solo, guiado por sonar, durante periodos que pueden superar las 24 horas. Lo que cambia en el Ran II es su capacidad de reacción ante imprevistos. Mientras que su predecesor dependía de una programación fija antes de sumergirse, el nuevo modelo contará con sistemas de decisión a bordo más sofisticados que le permitirán responder de forma autónoma a emergencias, como los obstáculos o cambios inesperados en la estructura del hielo que probablemente causaron la pérdida del primero. 

placeholderAnna Wåhlin, profesora de oceanografía de la Universidad de Gotemburgo y directora del programa Ran. (Olof Lönnehed)
Anna Wåhlin, profesora de oceanografía de la Universidad de Gotemburgo y directora del programa Ran. (Olof Lönnehed) 

Anna Wåhlin, profesora de oceanografía de la Universidad de Gotemburgo y directora del programa, describió al Ran I con una mezcla de orgullo y resignación tras la pérdida. "Los datos que obtuvimos de las expediciones de Ran son únicos en el mundo y de gran valor para la investigación internacional", aseguraba en su momento. "Al mismo tiempo, existen grandes riesgos y sabíamos que algo así podía ocurrir. Personalmente, creo que este es un final mejor que acumular polvo en un garaje". 

Para mapear el hielo, el vehículo utiliza un sonar multihaz de alta resolución capaz de registrar la topografía de la cara inferior de la plataforma desde una distancia de unos 50 metros. En la misión original bajo Dotson, Ran se adentró hasta 17 kilómetros en la cavidad bajo el hielo y recorrió más de 1.000 kilómetros en 27 días, en condiciones de oscuridad casi total. Wåhlin describió esa experiencia como "ver la cara oculta de la Luna", algo técnicamente posible pero que ningún instrumento anterior había logrado. 

Una nueva visión del deshielo

La próxima misión del Ran II llega en un momento crítico en el que las plataformas de hielo flotantes actúan como un tapón que frena el flujo de los glaciares continentales hacia el océano. Cuando se adelgazan o colapsan, aseguran los investigadores, el hielo terrestre acelera su camino al mar. Los modelos que predicen la velocidad de ese proceso hasta ahora asumían condiciones relativamente simples bajo el hielo. 

Los datos de Ran demostraron que la realidad es mucho más dinámica y desigual, impulsada en gran medida por corrientes oceánicas que los modelos no capturaban. Algunos investigadores creen que esos modelos podrían estar subestimando la velocidad del deshielo en ciertas regiones. Pero la integración de inteligencia artificial en el análisis de los datos que recopile el Ran II podría acelerar significativamente ese proceso de revisión. 

El volumen de información topográfica que generan estas misiones es enorme, y los métodos tradicionales de procesamiento resultan lentos. Con IA, los investigadores esperan extraer conclusiones mucho más rápido y refinar los modelos climáticos que condicionan las proyecciones de subida del nivel del mar para las próximas décadas.

05 abril 2026

Un submarino nuclear especial de Estados Unidos irrumpe en el Estrecho de Gibraltar en una maniobra poco habitual

 El Estrecho de Gibraltar ha sido escenario de un movimiento poco frecuente y de notable interés estratégico tras el avistamiento de uno de los submarinos especializados estadounidenses de la clase Ohio en su variante SSGN, una plataforma muy distinta de los sumergibles nucleares concebidos para la disuasión atómica. La información apunta a que la presencia del buque estaría relacionada con una operación de relevo o transferencia de personal, una maniobra que ya de por sí resulta inusual y que ha llamado especialmente la atención por el tipo de unidad detectada.

Es muy probable que se trate del USS Ohio, una de las cuatro únicas unidades de este tipo con las que cuenta actualmente la Marina de Estados Unidos. No se trata, por tanto, de un submarino convencional dentro de su categoría, sino de una pieza singular dentro del arsenal naval estadounidense, preparada para misiones de ataque con misiles de crucero y para el respaldo de operaciones especiales.

La clase Ohio está compuesta por 18 submarinos en servicio, aunque solo cuatro pertenecen a la configuración SSGN. Los otros 14 son SSBN, es decir, submarinos nucleares lanzamisiles balísticos orientados a tareas de disuasión nuclear. Esa diferencia es clave para entender la relevancia del avistamiento en el entorno del Estrecho: mientras los SSBN están concebidos para portar misiles balísticos y sostener el equilibrio estratégico de la tríada nuclear de Estados Unidos, los SSGN han sido reconvertidos para otro tipo de cometidos, mucho más flexibles y operativos.

En el caso de estas cuatro unidades especiales —Ohio, Michigan, Florida y Georgia—, la transformación les permitió pasar de la función de disuasión estratégica al papel de plataforma multifunción. Su configuración les permite portar hasta 154 misiles de crucero Tomahawk, además de servir como base para el despliegue, apoyo, inserción y evacuación de fuerzas de operaciones especiales. Esa combinación convierte a estos submarinos en una herramienta especialmente valiosa para actuaciones discretas, ataques de precisión y misiones encubiertas en distintos escenarios.

El interés del avistamiento en Gibraltar no reside únicamente en la rareza de ver una de estas plataformas, sino también en lo que puede sugerir su presencia en un enclave tan sensible. Según la información facilitada, la aparición de un SSGN en un punto como este suele asociarse a movimientos de fuerzas o a la preparación de operaciones en diferentes áreas de responsabilidad, entre ellas el Oriente Medio, donde ya habría varias unidades de este perfil presuntamente operando.

Un gigante bajo el agua con un perfil muy distinto al de los submarinos estratégicos

Los Ohio son los submarinos más grandes construidos nunca para la Armada de Estados Unidos, con un desplazamiento sumergido de 18.750 toneladas. A escala mundial, solo quedan por detrás de los submarinos rusos de las clases Typhoon y Borei. Su diseño original se remonta a los años setenta y nació vinculado al misil Trident, con la misión de garantizar patrullas prolongadas de disuasión estratégica.

Esa fue la función principal de la mayor parte de la clase. Los 14 SSBN que siguen en servicio forman parte del componente naval de la tríada nuclear estadounidense, junto a los bombarderos estratégicos de la Fuerza Aérea y los misiles balísticos intercontinentales. De hecho, según la información aportada, esos submarinos transportan aproximadamente la mitad de las cabezas termonucleares estratégicas activas de Estados Unidos.

Sin embargo, la variante SSGN responde a una lógica diferente. A partir de una revisión de postura nuclear realizada en 1994, se consideró suficiente mantener 14 submarinos estratégicos, lo que abrió la puerta a la reconversión de las cuatro unidades más antiguas de la clase. El resultado fue la creación de una plataforma con capacidad de ataque convencional masivo, adaptada también para albergar a personal de élite y material de apoyo a misiones especiales.

La modificación de estos submarinos afectó a 22 de sus 24 tubos originales, que pasaron a poder alojar sistemas de lanzamiento vertical con varios Tomahawk por tubo. Además, dos de esos conductos fueron convertidos para funciones vinculadas a la salida e inserción de buceadores o comandos. A eso se suma la posibilidad de embarcar hasta 66 efectivos de operaciones especiales, así como equipos de comunicaciones mejorados para actuar incluso como centro de mando avanzado y clandestino.

Un movimiento inusual en una zona de enorme valor estratégico

La presencia de una unidad de estas características en el área de Gibraltar adquiere un peso especial por el valor geoestratégico del Estrecho, uno de los pasos marítimos más relevantes del mundo. Cualquier movimiento militar de alto nivel en esta zona se observa con atención, pero más aún cuando afecta a plataformas que, por su propia naturaleza, rara vez se dejan ver.

No se habla de uno de los 14 submarinos estratégicos habituales de la clase, sino de una de las cuatro plataformas específicamente adaptadas para misiles de crucero y operaciones especiales. Su avistamiento, además, habría coincidido con una maniobra de cambio o transferencia de personal, lo que refuerza la idea de actividad operativa y logística en un momento de especial sensibilidad internacional.

A este escenario se suma otro movimiento relevante registrado en la zona. Según indicas, ayer martes también fue avistado por el Estrecho de Gibraltar un submarino ruso de la clase Kilo, que cruzó acompañado por el buque Altay. La coincidencia de ambos episodios en un espacio temporal tan corto refuerza la imagen del Estrecho como un punto de paso, vigilancia y proyección militar de primer nivel para potencias navales de primer orden.

Gibraltar, escaparate involuntario de dos movimientos navales de alto nivel

La posible presencia del USS Ohio en el entorno de Gibraltar no solo llama la atención por la rareza de la maniobra, sino también por lo que representa esta unidad dentro del dispositivo militar estadounidense. Su capacidad para combinar ataque de precisióndespliegue encubierto y apoyo a fuerzas especiales lo sitúa muy lejos del perfil del submarino estratégico clásico.

En paralelo, el paso de un submarino ruso de la clase Kilo acompañado por el Altay añade una segunda señal de relevancia en apenas unas horas. En conjunto, ambos movimientos sitúan de nuevo al Campo de Gibraltar y al Estrecho en el centro de una fotografía naval de gran alcance, marcada por el tránsito de unidades de alto valor operativo y por el peso creciente de este corredor marítimo en la actividad militar internacional.

S-81 Isaac Peral: el submarino que debía dar soberanía a España

 El submarino S-81 Isaac Peral iba a ser la consagración de España como potencia submarina con sello propio. La prueba de que este país podía dejar de comprar diseño ajeno, sacar pecho tecnológico y presentarse en la OTAN con algo más que discursos, banderas y ruedas de prensa. El problema es que el S-81 ha terminado pareciéndose bastante a otras grandes obras patrias: una mezcla de ambición legítima, cálculo defectuoso, sobrecoste obsceno, chapas que se caen a las primeras de cambio y liturgia institucional para convertir el tropiezo en epopeya. El submarino existe, navega y se despliega, sí. Pero también es el recordatorio de que en España hasta la soberanía industrial viene con recargo.

El pecado original del programa S-80 fue casi una metáfora nacional: al submarino le sobraban entre 75 y 100 toneladas. Es decir, el artefacto llamado a demostrar excelencia tecnológica nació con un problema tan menor como la reserva de flotabilidad, o sea, que flotaba menos que un ancla. Hubo que rediseñarlo, alargarlo y pedir apoyo a Electric Boat, la firma estadounidense que entró para ayudar a corregir lo que aquí se había calculado a ojo. No era exactamente la imagen soñada de independencia estratégica.

Y luego llegó la factura, que es donde toda mitología patriótica empieza a enseñar el esqueleto. El programa arrancó con unas cifras y ha acabado instalado en otra galaxia presupuestaria: a finales de 2025, tras una nueva modificación aprobada por el Consejo de Ministros, el coste total se situó en 4.339 millones de euros. La justificación oficial incluía repuestos, obsolescencias y ajustes para alcanzar una “configuración adecuada”, esa expresión administrativa que suele significar dos cosas: faltaba dinero y todavía había cosas por arreglar. O sea, que lo del 5% que pide el Trump ya nos lo comeremos en sobrecostes.

Pero hay una ironía todavía más jugosa. El S-81 fue presentado como la gran joya de una nueva generación, con el sistema AIP, que es la propulsión independiente del aire, como una de sus banderas tecnológicas. Solo que el S-81 no lo lleva. Tampoco el S-82. La propia Armada explica que ambos lo incorporarán después, tras la primera gran carena, siete o más años después de su entrega. Es decir: el primer submarino de la gran revolución submarina española entró en servicio sin la pieza más vistosa del escaparate. Como inaugurar un AVE sin alta velocidad y prometer que la ya pondrán en la siguiente revisión seria.

Los retrasos tampoco fueron un accidente puntual: fueron el clima natural del programa. El Isaac Peral fue entregado a la Armada el 30 de noviembre de 2023, después de una década larga de desajustes, rediseños y demoras, y esp porque la Robles se plantó; se entregó sin siquiera probar que funcionaba. Y el S-82 Narciso Monturiol, que debía seguirle, vio desplazada su entrega a finales de 2026, … o no. En febrero de ese mismo año, además, Navantia relevó al responsable del negocio de submarinos en Cartagena. Sin comentarios.

Actualmente, la secuencia posterior tampoco invita precisamente a la complacencia. El S-81 sigue en la fase final de evaluación para estar “plenamente operativo” meses después de la “entrega”, acumulando días de mar y fallando en pruebas clave como el lanzamiento de torpedos.

Eso no significa que el submarino sea humo. No lo es. La Armada sostiene que el S-81 alcanzó plena capacidad operativa en 2025, tras regresar de una misión de 46 días en la operación Sea Guardian de la OTAN con 840 horas de inmersión y más de 5.050 millas navegadas. Y en febrero de 2026 volvió a desplegarlo en Noble Shield. El dato importa porque desactiva el simplismo del “todo ha sido un fracaso”, todo y que tuviera que irse de las maniobras antes de tiempo, recogiendo las planchas del morro por el camino.

No: el submarino funciona y España ha acabado poniendo en el agua un activo real. La cuestión no es esa. La cuestión es cuánto ha tardado, cuánto ha costado y cuánta propaganda ha hecho falta para vender como madurez lo que durante años fue, sencillamente, una cadena de cagadas carísimas.

Ese es el corazón del caso S-81. No estamos ante un desastre absoluto, sino ante algo más incómodo: un éxito deforme. Una capacidad estratégica importante conseguida a base de retrasos mastodónticos, un sobrepeso de chiste cruel, ayuda exterior, calendarios reventados y un presupuesto que acabó disparado. El Isaac Peral no demuestra que España no pueda hacer submarinos. Demuestra algo más ácido: que puede hacerlos, sí, pero a un precio político, industrial y presupuestario que convierte cada brindis oficial en una invitación a mirar la letra pequeña.

Porque esa es la gran broma del programa. Se vendió como una lección de autonomía nacional y ha acabado siendo también una lección de modestia. El S-81 está ahí, navega, opera y sirve. Perfecto. Pero entre el cartel de “hito histórico” y la realidad hay una verdad menos solemne: el primer gran submarino español del siglo XXI ha sido una obra de ingeniería… y un retrato flotante de nuestras debilidades clásicas.