27 noviembre 2023

el S-81 Isaac Peral, listo para entregar a la Armada: VIrtudes y Defectos

 

El submarino S-81 Isaac Peral, el primero de los cuatro de la serie S-80, ha superado con éxito las últimas pruebas de navegación y está prevista su entrega a la Armada para el 30 de noviembre. A continuación, un extracto del libro El programa S-80: dos décadas luchando por mantenerse a flote (Catarata, 2023), de Christian D. Villanueva, fundador y director de la revista Ejércitos.

 

A finales de los años 90, la Armada vivía un periodo de esplendor como no se había visto desde siglos atrás, posiblemente desde tiempos de Felipe V, José Patiño y el marqués de La Ensenada. No se trataba tanto de la cantidad de nuevos buques que entraban en servicio, como de su calidad y del conjunto de capacidades de las que había logrado dotarse en los años anteriores. Mediante los orgullosos grupos ALFA y DELTA, la Armada estaba en situación de proyectar el poderío naval español a miles de kilómetros en lo profundo del Océano Atlántico y del mar Mediterráneo, e incluso más allá. Es más, podían hacerlo también tierra adentro y con garantías gracias a una Infantería de Marina potente y bien pertrechada y a una aviación naval que no le iba a la zaga.

 

Vista en retrospectiva, la segunda mitad de los noventa y los primeros años del siglo que vivimos podrían considerarse como una auténtica edad de oro, en la que la Armada podía —y en muchos aspectos aún puede, que nadie lo olvide— medirse de tú a tú con algunas de las principales marinas de guerra de la OTAN y, por supuesto, con cualquier posible enemigo dentro de nuestra área de interés. Ahora bien, si miramos este periodo con cierta nostalgia no es porque se haya sufrido algún tipo de derrota como las de 1805 o 1898, sino porque quien más, quien menos, percibe que en los últimos años se han ido perdiendo parte de esas capacidades. Una de ellas, crítica, tiene que ver con la guerra submarina y antisubmarina.

 

En pocos años, la Flotilla de Submarinos (FLOSUB) ha pasado de contar con ocho buques de las series S-60 y S-70 (4+4) a disponer de apenas dos de estos últimos, a los que además se ha debido alargar su vida útil para aguantar hasta la llegada de los S-80. En el caso de la Patrulla Marítima la situación es peor si cabe, pues la baja del último P-3M ha dejado al Ejército del Aire y del Espacio huérfano en este aspecto. La aviación naval, por su parte, aunque sigue disponiendo de una docena de aviones AV-8B+ Harrier II y terminará equipando los deseados Lockheed Martin F-35B Lightning II, tiene por delante años duros hasta que esto ocurra. Además, la falta de una segunda cubierta sigue penalizando, tras la triste baja sin relevo del R-11 Príncipe de Asturias.

placeholderPortaviones Príncipe de Asturias.
Portaviones Príncipe de Asturias.

Para más inri, este proceso de pérdida de capacidades coincide con un preocupante aumento de estas en las marinas de guerra de nuestro flanco sur, como consecuencia de la carrera militar en la que Marruecos y Argelia se han embarcado y que tiene como daño colateral a una España que ha venido descuidando durante dos décadas su inversión en defensa. Esto, llevado al dominio naval, ha generado notable preocupación al quedarse la Armada con únicamente dos unidades en servicio, mientras Argelia dispone de seis, cuatro de ellas modernas y Marruecos tantea el mercado, aunque podría llevarle años o incluso décadas desarrollar desde cero unas capacidades submarinas dignas de mención.

 

A consecuencia de lo anterior, en pocos años la situación de seguridad en el Estrecho de Gibraltar se ha degradado sobremanera. No es que las Fuerzas Armadas españolas no sean superiores o más modernas que las marroquíes o las argelinas —países ambos con los que tenemos cuestiones abiertas—, pues de estas siempre se exageran sus adquisiciones y capacidades. El problema real es que el diferencial militar entre una orilla y otra del Mare Nostrum se ha reducido sensiblemente en poco tiempo y que esto genera, de una u otra forma, inestabilidad estratégica.

 

Explicado en términos sencillos, esto supone que los incentivos que nuestros vecinos tienen para recurrir a la fuerza a la hora de perseguir sus objetivos son cada vez mayores. Es decir, que la inestabilidad estratégica no determina, pero sí condiciona las apuestas de sus decisores políticos y, en la medida en que España siga quedando rezagada en el plano militar, la tentación de solucionar manu militari algunos contenciosos será cada vez más fuerte. En este sentido, no es casualidad que Marruecos haya venido orquestando acciones contra España y sus intereses en el norte de África en la Zona Gris, pues superar la barrera de la guerra abierta no le compensa todavía. Todavía.

placeholderEurofigthers del Ala 14. (Juanjo Fernández)
Eurofigthers del Ala 14. (Juanjo Fernández)

Hemos hecho referencia en el párrafo anterior a que la situación de inestabilidad condiciona, pero no determina. Sean cuales sean las tendencias en un determinado momento, su evolución futura depende de las medidas que tomemos. Algunas importantes de cara a restablecer la disuasión y con ella la estabilidad estratégica ya se han aprobado o se están negociando, como ocurre con los programas Halcón 1 y Halcón 2 o el futuro SILAM, así como con los futuros aparatos de Patrulla Marítima —no entraremos en si se trata, en cada caso, de la solución más adecuada— aunque queda mucho por hacer y podrían resultar insuficientes. No obstante, no todo tiene que ver con la inversión o con la adquisición de determinadas plataformas y sistemas de armas.

 

En muchos aspectos, la forma en la que se deciden los programas a los que deben destinarse los fondos y el modo en que se gestionan es tan o más importante que el volumen total de recursos disponibles. También es crucial saber en qué momento hay que apostar por adquisiciones extranjeras, por el diseño y producción nacional o por soluciones mixtas, fabricando partes o apoyándose en tecnólogos foráneos que suplan las carencias propias. En un mundo globalizado en el que ningún país, ni siquiera Estados Unidos, es totalmente autosuficiente en materia de defensa, en el que la competición económica es feroz, el ritmo del progreso tecnológico continúa acelerándose y las potencias medias como España lo tienen cada vez más complicado para encontrar su lugar bajo el sol, se requiere de una estrategia clara y proactiva si lo que se pretende es sobrevivir y, en lo posible, mejorar. Alinear medios, modos y fines, en eso consiste. Algo que no es posible sin saber qué se es y qué se pretende, pues nadie puede establecer la forma de pasar de lo primero a lo segundo sin una idea clara del punto de partida y el objetivo final.

Una continua huida hacia adelante

Es aquí en donde entra el Programa S-80, como ejemplo al mismo tiempo de todas las virtudes, defectos y altibajos que han acompañado a nuestra defensa en las últimas décadas, pues el país que decidió abandonar el programa Scorpène para lanzarse a diseñar su propio submarino y el que lo llevó posteriormente a efecto, poco tenían que ver en cuanto a ambición y preferencias exteriores. Lo mismo podría decirse de la Empresa Nacional Bazán que hizo los primeros estudios y la Navantia encargada más tarde de acometer la construcción, una empresa descapitalizada en términos humanos y que se vio ante un reto imposible debido a decisiones políticas ajenas a la compañía. Un programa que ha vivido desde el principio en una continua huida hacia adelante y cuyas consecuencias en última instancia pagarán nuestros marinos y, con ellos, todos nosotros. Al fin y al cabo, salvo que se destinen cuantiosos fondos adicionales a los casi 4.000 millones que ya han sido asignados al programa, la clase Isaac Peral constará de buques con unas características inferiores a lo inicialmente esperado, sin que por ello vayan a ser malos buques.

 

En este periodo, del S-80 original hemos pasado al actual S-80 Plus, que es como se denomina oficialmente tras sufrir tanto un profundo rediseño, como múltiples vicisitudes relacionadas con el sistema de propulsión. Solo la puesta a flote y más recientemente la primera inmersión completa han logrado devolver a muchos parte de las esperanzas perdidas, aunque siguen siendo varios los interrogantes incluso ahora que el primer buque de la serie está ya muy cerca de entrar en servicio. No para la prensa, claro.

 

En estos años la mayor parte de los titulares han pasado de ser abiertamente críticos —cuando no escandalosamente falsos e injustos— , a ser excesivamente optimistas —y muchas veces interesadamente aduladores— buscando siempre la atracción del lector. Eso que ahora se llama clickbait, pero que William Randolph Hearts ya dominaba hace más de un siglo. También, por supuesto, ingresos publicitarios. Antes casi exclusivamente por parte de los medios especializados y ahora, desde que la guerra de Ucrania ha puesto todo lo relacionado con la defensa en el foco, por parte de los diarios generalistas, que ni saben ni les importa, pero que, ante la caída de los ingresos tradicionales, necesitan visitas en sus webs.

placeholderPrueba de navegación del S-81 Isaac Peral. (EFE)
Prueba de navegación del S-81 Isaac Peral. (EFE)

La realidad del programa, sin embargo, no es ni tan halagüeña como para pensar que podamos llegar a exportar docenas de submarinos a otras marinas de guerra, ni tan desastrosa como para tachar el conjunto del Programa S-80 de absoluto fracaso, alegando que el producto final no cumple con las especificaciones que durante años nos habían anunciado o con los objetivos iniciales de autonomía constructiva. Es por eso por lo que el lector tiene este libro entre las manos, pues es necesario, más que nunca, poner un poco de mesura —y eso es lo que nos aportan los datos objetivos— sobre unas implicaciones e impacto van mucho más allá de la Armada. De hecho, en este caso es fundamental, pues el Programa S-80 es un auténtico punto de inflexión para España, país que ha de mantener a —casi— cualquier precio las capacidades ganadas en cuanto a diseño y construcción de submarinos si no quiere poner en peligro el futuro de su industria naval militar.

 

Además, después de lo que este programa ha supuesto —en todos los términos que podamos imaginar— para el contribuyente, para las empresas implicadas y para el Ministerio de Defensa, pensar en que pudiese terminar como ocurriera con la línea de producción de los cazaminas de la clase Segura, es poco menos que aterrador. Muy a nuestro pesar, los datos en abierto relativos a los aspectos más importantes del programa brillan por su ausencia, con lo que por mucho esfuerzo que haya detrás de este libro, hay cuestiones que nunca podremos resolver.

 

Por otra parte, sucede también que proyectos de tal magnitud se prestan a la crítica fácil incluso cuando son un éxito absoluto. Cuánto más cuando no han cumplido con todo lo esperado como es el caso. Además, si hay algo genuinamente español, más allá del valor, el sacrificio o la envidia —ese deporte nacional—, es el cuñadismo. Así es, como se llama ahora —según Fundéu— a la costumbre de opinar sobre cualquier asunto, queriendo aparentar ser más listo que los demás. Dicho de otra forma, es la “actitud de quien aparenta saber de todo, habla sin saber, pero imponiendo su opinión o se esfuerza por mostrar a los demás lo bien que hace las cosas”.

Foto: El S-81, en navegación. (Juanjo Fernández)

Y es que, quien más, quien menos, todos los españoles tienen una opinión sobre lo que ha fallado en este programa y, lo que es mejor, sobre las soluciones —fáciles— a tomar para enderezar tanto su rumbo, como el de la Armada, el país y posiblemente el del Universo entero (de la Selección, ni hablamos). No obstante, si pretendemos ser un poco serios, tendremos que dejar de lado la crítica vacía, para centrarnos en analizar qué ha fallado en realidad —si es que ha fallado algo— y, en su caso, tomar las medidas pertinentes para que no vuelva a ocurrir, depurando de paso responsabilidades.

Sin transparencia no hay aprendizaje

No todo es malo, ni mucho menos. En el lado del haber figura todo lo aprendido durante el diseño y construcción de los cuatro (+1) buques de la clase S-80, así como la carga de trabajo y oportunidad de aprendizaje que ha supuesto para una gran cantidad de empresas españolas. Desgraciadamente, dadas las tendencias a nivel continental, es muy posible que salvo que sepamos jugar nuestras cartas de forma magistral, parte de este esfuerzo se diluya a medida que nuestra empresa de bandera bascule hasta integrarse en un gigante europeo de la construcción naval.

 

Aun siendo el camino lógico para que la industria europea de defensa gane el peso necesario para sobrevivir en un mundo de colosos liderado por empresas asiáticas y estadounidenses, las consecuencias para España podrían ser muy difíciles de asumir. En este caso, posiblemente el Programa S-80 fuese el mayor damnificado en el sentido de que no vería continuación, volviendo España a una casilla de salida en la que los futuros submarinos se construyesen si no bajo licencia, sí con un liderazgo francés (o alemán) en cuanto a diseño.

 

Como quiera que esta previsión, un tanto sombría, no se ha materializado todavía, a lo largo de las próximas páginas nos centraremos en lo que sí sabemos sobre el Programa S-80, desde su concepción hasta el día de hoy, cuando la primera unidad está a punto de ser entregada a la Armada tras múltiples retrasos y contratiempos. El aspecto central del libro no serán los buques, sino las decisiones y sus razones, intentando esclarecer los porqués. No es tarea sencilla, pues incluso después de décadas de democracia, con sus más y sus menos, los distintos gobiernos han seguido tratando a la ciudadanía con un paternalismo impropio de una sociedad madura, al menos en lo que a Defensa concierne.

placeholderSubmarino S-71 Galerna. (Armada española)
Submarino S-71 Galerna. (Armada española)

Las razones son complejas y variadas y van desde inercias institucionales dentro del propio Ministerio de Defensa al miedo entre la clase política a tratar en abierto ciertos temas —máxime cuando el desconocimiento de nuestros cargos electos sobre el mismo es palmario— o a los equilibrios políticos cuando los gobiernos han sido de coalición o han necesitado del apoyo de otros partidos. También, por supuesto, es culpa de cada uno de nosotros, pues si por algo destaca la sociedad española es por su cultura política de súbdito.

 

De una forma u otra, y volviendo sobre el Programa S-80, la falta de transparencia y de rendición de cuentas han provocado que después de más de una década de retrasos no sepamos a ciencia cierta ni quiénes son los culpables, ni cuáles las medidas adoptadas para solucionar los errores. Tampoco las razones por las que se ha seguido adelante con el programa cuando había otras opciones o qué cambios se han introducido en la gestión para que situaciones similares no se repitan. Y nada de esto implica que las decisiones no hayan sido las correctas, eso deberá juzgarlo el lector. Lo escamante es que, escudándose bajo el secreto de Estado, como si clarificar el proceso de decisión que ha llevado a determinados callejones sin salida fuese lo mismo que conocer los entresijos de un sonar o la programación de un sistema de combate, en ningún momento se hayan ofrecido al contribuyente explicaciones acerca del destino de sus impuestos, más allá de vagas referencias al componente industrial, los empleos o las posibles exportaciones.

Nuestro lugar el mundo y el precio a pagar

Se han dejado sistemáticamente de lado todos los temas fundamentales relacionados con la cultura estratégica, es decir, con el conocimiento básico que cada español debería tener sobre la posición que ocupa su país, las amenazas que le acechan y el coste que tiene enfrentarlas o las distintas opciones existentes para hacerlo. Es tan sangrante como justo que, al privar de elementos de juicio a los ciudadanos, al carecer de una verdadera estrategia nacional desde hace décadas y al haber pervertido la estrategia de defensa hasta reducirla a una estrategia industrial de defensa (y no son en absoluto lo mismo), los medios, modos y fines de los que hablábamos unas líneas más atrás hayan quedado totalmente desalineados, perdiendo de paso España gran parte de su impronta internacional y resintiéndose su seguridad.

 

Pese a todo lo anterior, y llegados a este punto, el programa S-80 debe seguir adelante. Hemos de ser lo suficientemente valientes como para hacer la necesaria autocrítica y transformar una larga serie de errores en una oportunidad. También para coger lo aprendido, el personal increíble que al albur del programa se ha formado en los últimos años y las capacidades industriales que se han desarrollado en Cartagena —pero no solo—, dedicándolas a futuros proyectos mejor planificados, más razonables y cercanos a los intereses de España.

placeholderManiobras militares conjuntas entre España y EEUU. (EFE)
Maniobras militares conjuntas entre España y EEUU. (EFE)

Esto último es quizá lo más importante: hasta que no sepamos qué tipo de país queremos ser, qué lugar queremos ocupar en el Mundo y qué precio estamos dispuestos a pagar por ello, será difícil que dejemos de movernos como un péndulo entre programas faraónicos y orgánicas inasumibles cuando hay fondos y recortes dramáticos cuando vienen mal dadas.

 

Dicho lo anterior, esta obra y pese a que en algunos momentos incurra en críticas, ha sido escrita con una intención constructiva; únicamente busca aportar un poco de luz en el deseo de que en el futuro de nuestro país y nuestras Fuerzas Armadas una estrategia bien definida, una Ley Presupuestaria de la Defensa, un planeamiento a largo plazo, una mayor transparencia y la imprescindible rendición de cuentas, sean la norma.

 

Christian D. Villanueva es fundador y editor de la revista Ejércitos.

Más de Cinco Países Interesados en Adquirir el Super Submarino S-80 Isaac Peral

 Redacción/CAMBIO 22    

España se introduce de manera directa en el mercado internacional de los submarinos. Por primera vez en 135 años, nuestro país ha diseñado, desarrollado y construido un submarino íntegramente española: el S-81 Isaac Peral de la clase S-80, obra de Navantia.

Hace pocos días se pudo ver al submarino en Cartagena, lugar donde se ubicará su base, durante sus últimas pruebas antes de que pase a formar parte de la Armada a finales de mes, tras varios retrasos. Y no solo se incorporará a la flota española sino que también pasará a formar parte del mercado internacional, ya que será uno de los pocos submarinos que se encuentran operativos en estos momentos.

Esto ha provocado que hasta cinco países vean con muy buenos ojos incorporar este S-80 a sus flotas. Estos son India, Filipinas, Polonia, Canadá y Turquía. El presidente de este último, Erdogan, reconoció acercamientos que espera que finalicen con un segundo LHD Juan Carlos I de la Armada en sus filas, además de la posibilidad de sumar también -a  medio plazo- submarinos basados en el S-80.

Sin duda, el país más aventajado para sumar el S-80 es India, que además del submarino español, también plantea la posibilidad de incorporar el modelo Tipo 214 de la alemanda TKMS, en un proyecto con el que el país hindú pretende sumar seis nuevos buques.

Filipinas también espera poder contar con dos de estos submarinos, aunque a España le ha surgido dos nuevos competidores: Francia y Corea del Sur. Por su parte, Canadá considera a Navantia como una de las seis opciones que baraja. Las autoridades canadienses quieren comprar entre 6 y 12 nuevos submarinos que pretenden conseguir con algunas modificaciones.

En último lugar está `Polonia, que también pretende incorporar tres submarinos, bajo su plan Orka, un proceso para el que el S-80 puede ser una opción más que real.

 

 

Fuente: HUFFPOST

redaccionqroo@diariocambio22.mx

MRM

EL THRILLER EN ALTA MAR PARA TÁCTICOS ASTUTOS: DESTROYER: THE U-BOAT HUNTER,

 

Embárcate en viajes peligrosos en este juego de guerra naval históricamente preciso.

¡Ahoy! Iron Wolf Studio y Daedalic Entertainment anuncian que el emocionante Sim Destroyer de guerra naval : The U-Boat Hunter se lanzará a la batalla el 6 de diciembre. Este cautivador y único juego de la Segunda Guerra Mundial invita a marinos novatos y capitanes a tomar el timón y proteger los convoyes de suministros de los traicioneros ataques submarinos de la Alemania nazi. Arraigados en la historia real, los desarrolladores pusieron el máximo cuidado en presentar estos conflictos con la mayor precisión posible. 

Destroyer: The U-Boat Hunter es una simulación de guerra antisubmarina históricamente precisa ambientada en el Atlántico durante la Segunda Guerra Mundial. El juego muestra la lucha de las Armadas Reales de Estados Unidos y Canadá contra los submarinos alemanes mientras escoltan convoyes durante el asedio del Reino Unido. El jugador toma el control de un destructor clase Fletcher recreado de forma realista y utiliza sus instrumentos auténticos para detectar y hundir las temidas manadas de lobos submarinos.

EXACTITUD HISTÓRICA

Los desarrolladores de Iron Wolf Studio literalmente hicieron un esfuerzo adicional para asegurarse de que cada instrumento se represente con precisión y cada perno se asiente en el lugar correcto. Viajaron a Estados Unidos no sólo para fotografiar y estudiar un destructor clase Fletcher original, sino también para entrevistar a veteranos que trabajaron en embarcaciones similares. De vuelta en su sede en Katowice, Polonia, recrearon todos los recursos del juego a partir de las fotografías y descripciones que recopilaron.

MODO DE CARRERA

Además del modo batalla, el juego ofrece un modo carrera en el que asumes el papel de un joven aspirante a capitán. Este modo agrega profundidad narrativa al juego de simulación de guerra naval en forma de nueve misiones hechas a mano, con actuación de voz auténtica y escenas de captura de movimiento entre misiones para mejorar aún más la inmersión histórica.

CARACTERÍSTICAS DEL JUEGO

  • Generación de batallas procesales con clima, hora del día y patrones de ataque enemigos aleatorios.
  • Un modelo detallado de un destructor clase Fletcher con 5 ubicaciones meticulosamente recreadas en 3D de última generación: el puente, el centro de información de combate, la sala de sonar, el director de armas y la estación de vigilancia.
  • Se grabaron más de 300 informes de voz por actores de doblaje profesionales, cadetes de escuelas navales y expertos de la Armada de EE. UU. para una inmersión y un conocimiento de la situación incomparables.
  • Una banda sonora temática oscura que consta de 4 piezas de varias capas que se ajustan dinámicamente al nivel de tensión entre tú y el enemigo.
  • Perfiles variados de capitanes de submarinos: agresivo, astuto, paciente o frío profesional, cada uno de ellos con un as bajo la manga.

EL VIAJE

Destroyer: The U-Boat Hunter , que comenzó como un juego de acceso anticipado, rápidamente desarrolló una comunidad activa que ayudó a mejorar el juego en función de los comentarios de los jugadores. Con el fin del acceso anticipado, los desarrolladores de Iron Wolf Studio han creado un escaparate que refleja el viaje de los juegos al tiempo que presenta las mecánicas principales a los nuevos jugadores. 

EXPLORANDO LAS PROFUNDIDADES DEL OCÉANO: LAS CAPACIDADES DE LOS DRONES SUBMARINOS

El océano, que cubre más del 70% de la superficie de la Tierra, sigue siendo en su mayoría inexplorado. Sin embargo, los avances tecnológicos han dado lugar a una nueva clase de exploradores: los drones submarinos. Estos vehículos operados de forma remota (ROV, por sus siglas en inglés) están transformando nuestra comprensión del mar profundo y sus misterios.

Empujando los límites de la exploración en aguas profundas

Tradicionalmente, la profundidad a la que un drone submarino puede llegar depende de su diseño y propósito. Los ROV disponibles comercialmente pueden sumergirse típicamente a profundidades de 100 a 500 metros, mientras que los drones de calidad profesional pueden alcanzar hasta unos 6,000 metros. El récord de la inmersión más profunda realizada por un vehículo submarino autónomo (AUV, por sus siglas en inglés) lo posee el Nereus, que llegó a la Fosa de las Marianas en el punto más profundo conocido como Challenger Deep, a una profundidad de casi 11,000 metros antes de perderse en las presiones de las profundidades.

Maravillas tecnológicas bajo el mar

Estos drones están equipados con cámaras de alta definición, brazos manipuladores y varios instrumentos científicos para recolectar datos, muestras e imágenes. La presión a tales profundidades puede ser aplastante, superando ampliamente las 1,000 veces la presión atmosférica a nivel del mar, lo que requiere que los drones estén construidos con materiales robustos y diseños innovadores para resistir estas duras condiciones.

Preguntas frecuentes (FAQ):

P: ¿Qué es un ROV?
R: Un Vehículo Operado de Forma Remota (ROV) es un robot submarino altamente maniobrable que es controlado por una persona a bordo de una embarcación.

P: ¿A qué profundidad puede llegar un drone submarino promedio para consumidores?
R: La mayoría de los drones submarinos para consumidores están diseñados para sumergirse hasta profundidades de 100 a 500 metros.

P: ¿Qué desafíos enfrentan los drones en la exploración en aguas profundas?
R: Los desafíos principales incluyen la presión extrema, bajas temperaturas y la ausencia de luz, lo que requiere equipos y materiales especializados para superarlos.

Definiciones:

– Vehículo Operado de Forma Remota (ROV): Un robot submarino utilizado para la exploración en aguas profundas, conectado a un barco mediante una serie de cables.
– Vehículo Autónomo Submarino (AUV): Un drone submarino no tripulado que puede operar de forma independiente sin control en tiempo real por parte de operadores humanos.
– Challenger Deep: El punto más profundo conocido en la hidrosfera del lecho marino de la Tierra, ubicado en la Fosa de las Marianas.




Cuando el submarino “Narval” cruzó el Estrecho sumergido

  

En diciembre de 1979, y estando bajo el mando del capitán de corbeta Ricardo Bonastre Hernández, el submarino S-64 “Narval” pasaría a la historia de la Armada por ser el primero de la Flotilla de Submarinos que cruzó en inmersión en ambos sentidos el Estrecho de Gibraltar.

Hasta ese momento, otros submarinos españoles habían hecho ese tránsito sumergido, pero unos en sentido levante/poniente y otros en dirección contraria, poniente/levante; en ningún caso se había hecho el cruce del Estrecho en ambos sentidos dentro de una misma comisión.

Para recordar aquel hito, a todos los miembros de la dotación se nos regaló una pequeña metopa con una leyenda explicativa del hecho, del que ya han pasado 44 años. Toda una vida.

Metopa conmemorativa entregada a cada miembro de la dotación

Fotos: archivo de Diego Quevedo Carmona