23 mayo 2015

24 horas en un submarino


Apretado, sin luz y no apto para claustrofóbicos, así son los submarinos, o al menos el submarino nuclear New Hampshire en el cual mi camarógrafo Lázaro Abreu y yo estuvimos viviendo por 24 horas. 
La experiencia la tuvimos junto a los 130 tripulantes a cargo de la nave.  A ellos les llamó la atención que yo era la única mujer.  A mí me llamó la atención la disciplina mental que ellos tienen para poder aguantar hasta 6 meses dentro de un tanque de acero y sin ventanas. Un poco más largo que un campo de fútbol pero de solo 32 pies de ancho.
“No es para todo el mundo, no es fácil estar bajo el agua, sin estar con tu familia y trabajar para  mantener este trabajo”, me dijo Iván Irizarry, un submarinista puertorriqueño.
El submarino está equipado con torpedos, misiles crucero Tomahawk  y un reactor nuclear que lo puede mantener en función hasta por 35 años.
Durante la estadía, las palabras más usadas fueron: ¡Ouch!, ¡perdón!, ¡disculpe!, pues  constantemente nos tropezábamos con uno de los submarinistas, o las paredes. Todos los cuartos de la nave, por no decir armarios, están conectados por estrechos pasillos y escaleras. Los espacios no solo son pequeños, sino que están llenos de cosas. 
Pero en el submarino, no todo es incómodo. Hay detalles que nos sorprendieron. En el reportaje de dos partes que le preparamos puede conocer más de los submarinos de la Marina de Guerra y ver cómo fue nuestra convivencia junto a los valientes tripulantes.
Les cuento que al concluir mi asignación, me dieron un certificado de 'Submarinista Honoraria'. ¡Creo que pase la prueba de fuego!

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