11 diciembre 2020

Los sumergibles eléctricos de los 'narcos', cada vez más sofisticados

 Si bien hoy en día los coches eléctricos nos parecen el culmen de la modernidad, en los años treinta y durante la Segunda Guerra Mundial, un tipo de vehículo distinto hizo un uso masivo de la tecnología de baterías: los submarinos. O, más correctamente, los sumergibles, puesto que hasta algún modelo de final del conflicto no estaban diseñados para navegar constantemente sumergidos, si no para hacerlo en momentos puntuales.


La misma tecnología eléctrica es la que equipa a los sorprendentes sumergibles de los narcotraficantes suramericanos que intentan pasar droga de contrabando a los Estados Unidos y, el último descubrimiento de las autoridades policiales colombianas es todavía más sorprendente.


Hasta ahora, en los sumergibles construidos artesanalmente por los cárteles de la droga, se habían visto hasta incluso incipientes tecnologías stealth (que, pese a que dejaban mucho que desear, presentaban una cierta eficacia), pero siempre en aparatos de pequeñas dimensiones, pensados para que, en caso de ser apresados, minimizaran las pérdidas económicas para la organización.


El pasado día 5 de noviembre, unidades de la armada colombiana realizaron un raid en unas instalaciones utilizadas por uno de los cárteles del país para descubrir, asombrados, un sumergible de más de 12 metros de longitud y 2,4 metros de diámetro, con capacidad para cargar hasta seis toneladas métricas de cocaína, según podemos leer en USNI News.


Esta, a la venta en el mercado norteamericano, habría tenido un precio de 120 millones de dólares, el cual justifica sobradamente el alto precio del sumergible: 1,5 millones de dólares. Y aunque el sumergible es de un solo uso, pues está concebido para ser hundido una vez la mercancía ha sido descargada.


A diferencia de los sumergibles vistos por las autoridades policiales hasta ahora en manos de los traficantes, el presente puede sumergirse por completo, navegando con sus baterías hasta 12 horas por debajo del agua. Los que se habían visto hasta ahora no llegaban a sumergirse por completo, siendo más bien considerados barcos de perfil bajo.


Dispone de dos motores eléctricos alimentados por hasta diez toneladas de baterías de alto rendimiento, y es capaz de recorrer 32 millas náuticas bajo el agua. El modus operandi de este buque es ser remolcado por un barco de superficie convencional hasta cerca de las aguas jurisdiccionales norteamericanas y de su objetivo. A partir de ahí, se sumerge para pasar inadvertido y hacer llegar su nefasta carga al mercado estadounidense.


En la operación policial colombiana también fue detenido el ingeniero responsable del desarrollo del sumergible.

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