05 abril 2014

Restauran el HMS Alliance

«En caso de evacuación del submarino, dejábamos que salieran los más jóvenes primero por la escotilla, porque no teníamos ninguna garantía de llegar a la superficie con vida». Terry Fearnley sirvió como fogonero en el HMS Alliance entre 1968 y 1971. Aquel último año a bordo, el submarino sufrió una explosión en el compartimento donde estaban las baterías, justo debajo de los camarotes de 48 marineros. «Nadie sabíamos lo que había pasado», recuerda, había humo por todas partes. Murió un marino, y 14 fueron heridos por la explosión.
La claustrofobia inevitable que se siente en los submarinos alargados que surcaban el Pacífico en la Segunda Guerra Mundial no molestaba a Fearnley, que abandonó la Armada en 1977 por una invalidez. «Al revés, era tu casa, mucho más que las casas por las que pasabas en tierra». Ahora es uno de los guías del Museo de Submarinos de la Marina Real en Gosport. El centro está situado al otro lado de la bahía de Portsmouth, frente a los Muelles Históricos que albergan el buque insignia del almirante Nelson en Trafalgar, el HMS Victory, el nuevo museo para el Mary Rose, o la renovada colección del Museo de la Marina Real.
Allí puede volver a visitarse el último submarino que existe de la clase Amphion, diseñados para las largas travesías en el Lejano Oriente. El HMS Alliance entró en acción en 1945, cuando ya había terminado la larga batalla del Atlántico contra los letales submarinos alemanes. Y fue decomisado en 1973. La llegada de la propulsión nuclear cambió por completo la vida a bordo, explican Bill Handyside y su compañero Bob, dos veteranos del HMS Alliance. El combustible infinito que proporcionan los motores nucleares mantienen el aire tan limpio que muchos marineros vomitan al volver a la superficie. Pueden lavar la ropa tantas veces como quieran. Y, a menudo, reina el silencio. En los tiempos del Alliance, todo era diferente. «Solo empezamos a usar tapones de oídos en los 60, el ruido de las máquinas era ensordecedor», recuerda Handyside, que fue ingeniero en la sala de máquinas. «Te acercabas al otro y le gritabas directamente en el oído; a veces el dolor de tímpanos era insoportable», explicaba a ABC en una reciente visita al interior del submarino, que acaba de ser reabierto al público este jueves tras una inversión de 8,5 millones. Las mejoras han devuelto la vida a muchos de los sistemas internos del submarino para recrear la vida a bordo con las luces, los sonidos y las sensaciones originales.
Un submarino como el Alliance solía navegar con una tripulación de 65 hombres. Algunos dormían en hamacas entre los diez tubos para torpedos que lo equipaban, dada la estrechez del espacio a bordo. Los submarinos de esta clase tenían un solo piso y 85 metros de largo, y podían alcanzar hasta 18,5 nudos de velocidad y una profundidad de hasta 150 metros. «Cuando volvíamos a tierra de permiso tenías que esperar tres días antes de poder conducir, para ajustar la vista», explica Handyside. «Y tardabas una semana entera en estar limpio de verdad y desprenderte de todos los olores que llevábamos adheridos», recuerda.
El gobierno británico tiene pendiente sobre la mesa la decisión de renovar o no la actual flota de cuatro submarinos de la clase Vanguard, equipados con 16 misiles balísticos de tipo Tridentarmados con cabezas nucleares. Gran Bretaña tiene en el mar a uno de ellos de forma permanente, mientras otro está en revisión y los dos restantes están en puerto o de maniobras. Sobre esta rotación reposa el paraguas nuclear británico, basado hasta la fecha en la doctrina de la «disuasión en el mar continua» (continuous at-sea deterrent o CASD).
Pero algunas voces defienden que la Guerra Fría ha terminado, y quelos recortes presupuestarios impiden invertir los 24.000 millones necesarios para la renovación de la flota de la clase Vanguard. Los liberales, socios minoritarios del gobierno que preside David Cameron, defienden dejar la flota en tres submarinos. Consideran que ya no es necesario tener un submarino de patrulla en la mar de forma permanente, como ocurre desde hace 45 años.
Se apoyan en un reciente informe de un prestigioso «think-tank», el Royal United Services Institute, que concluye que Gran Bretaña podría reducir la flota sin perjuicio a su capacidad disuasoria si sustituye el modelo actual de despliegue permanente por una concepción más flexible de su paraguas nuclear, adaptable en función de la intensidad de las crisis. Una evaluación y toma de decisiones flexible sobre la flota nuclear que «no es familiar» en la actualidad, advierte el autor, Hugh Chalmers, especialista en estrategia nuclear.
«La inmutabilidad del continuous at-sea deterrent desconecta las fuerzas nucleares de la gestión diaria de las relaciones internacionales», afirma . Al ministro conservador de Defensa, Philip Hammond, no le gusta la idea de una «disuasión a tiempo parcial», como lo califica. Y recuerda que ni EE.UU. ni Francia han renunciado a la presencia nuclear continuada en los mares. Mientras, los jefes militares denuncian el impacto de los recortes.
El debate sobre la flota nuclear se mezcla, además, con el referéndum de independencia escocés, puesto que los submarinos tienen su base en Faslane, al oeste de Glasgow. El nacionalismo escocés defiende una Escocia independiente «libre de nucleares», y existe preocupación en Londres sobre la ubicación de la flota si ganara el Sí a la secesión el próximo 18 de septiembre. Incluso, algunas voces hablan de una posible aceptación de la unión monetaria con una hipotética Escocia independiente a cambio de mantener los submarinos allí.
HMA Alliance
Si queremos ser un país creíble necesitamos una Armada creíble», advertía en febrero al almirante Sir George Zambellas, jefe de la Marina Real. «Si la Armada deja de ser creíble, dejamos de ser un país de primera división», dijo, según la BBC. El domingo pasado, el general Sir Richard Shirreff, número dos saliente de las tropas de la OTAN, advertía que «es muy llamativo en la OTAN que la única marina que casi nunca participa en operaciones marítimas de la OTAN es la Royal Navy, lo que lanza una señal muy mala para una armada que llegó a ser una de las más grandes del mundo», aseguraba en una entrevista en «The Sunday Times».La armada británica mantuvo la supremacía en los mares hasta que la estadounidense le superó en la Segunda Guerra Mundial. En la Guerra Fría, la flota soviética creció por encima de la británica. La Royal Navy solo mantiene ahora 19 de los 60 destructores y fragatas que tenían en 1982, cuando jugó un papel clave en la Guerra de las Malvinas. Y carece de un portaviones operativo. El próximo cuatro de julio, Isabel II bautizará con su propio nombre al nuevo portaviones de la armada británica, el HMS Queen Elizabeth, construido en unos astilleros sobre el río Clyde en Glasgow. Con un coste inicial previsto de 4.400 millones, la construcción del que la Marina califica como el «buque de guerra más complejo jamás construido en Reino Unido» ha terminará por costar 7.400 millones, incluido el portaviones gemelo previsto. Aunque el primero podría hacerse a la mar en 2018, no estará plenamente operativo desde el punto de vista ofensivo hasta 2020. Mientras, la Marina Real británica celebra con dignidad a los suyos en los museos de Portsmouth, a la espera de las decisiones que vayan a tomar los políticos. «No renovarán los Vanguard, nunca toman las decisiones correctas sobre la Armada», denuncian a coro los jubilados del HMS Alliance a la pregunta de este periódico.
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