11 octubre 2014

Pitiusos torpedeados por los ´U-Boote´

Tres pitiusos cumplieron, desgraciadamente, esa rara habilidad que caracteriza a los nacidos en estas islas de estar presentes en los momentos trascendentales de la historia. Ya es casualidad que tres ibicencos y un catalán residente en Ibiza trabajaran justo en los últimos dos barcos españoles que echaron a pique los submarinos del Káiser, que en toda la Primera Guerra Mundial hundieron 80 mercantes de España, además de dañar a seis, la mayoría después de que Alemania anunciara a finales de enero de 1917 que iniciaba la Uneingeschränkten U-boot-Krieg (guerra submarina sin cuartel ni restricciones).
Ocurrió en dos días consecutivos. Francisco Serra Boned, natural de Ibiza y de 32 años de edad, era contramaestre del mercante ´Mercedes´ –de 2.164 toneladas y operado por la compañía bilbaína R. O. Artiñano– cuando a las 5.30 horas del 4 de octubre de 1918 un torpedo destrozó el barco y acabó con su vida y con la de otros 25 tripulantes. Solo se salvaron tres marineros, según contó el ABC de la época.
Un torpedo desde el U-91
El Registro Civil de Ibiza anotó ese deceso después de que la Comandancia de Marina de San Sebastián se lo comunicara el 26 de diciembre, más de dos meses y medio después. El vapor ´Mercedes´, que salió de Bilbao con destino Cardiff (Reino Unido), fue hundido a la altura de Pasajes (a dos millas y media de San Sebastián) por un torpedo disparado por el submarino germano U-91, al mando de Alfred von Glasenapp. Ese U-91, del tipo U-87 (con capacidad para 16 torpedos), hundió 37 barcos desde septiembre de 1917, un total de 87.119 toneladas, además de dañar a otros dos. Antes de rendirse a las autoridades francesas el 26 de noviembre de 1918 (luego sería desguazado en Brest en julio de 1921) destrozó otros seis buques, que ya no eran españoles. Durante esas últimas y sangrientas travesías estuvo a su mando Von Glasenapp, entonces un joven y laureado (sendas Cruz de Hierro de Primera y de Segunda Clase, entre otras) capitán de 36 años nacido en Silesia (ahora polaca) que entre junio de 1916 y julio de 1917 había c0mandado el U-80.
Justo un día después, le llegó el turno al último buque español hundido por submarinos alemanes. El 5 de octubre y al otro lado del Mediterráneo desaparecía el ´María´, un vapor de la compañía Barcelonesa de Navegación S. A. de 2.077 toneladas y botado en 1881 (entonces se llamaba ´Antverpia´) que algunos autores aseguran que fue requisado por el Gobierno español para cargar fosfatos en Sfax (Túnez). Un torpedo del UC-23, que ordenó disparar sin previo aviso el capitán Hans Georg Lübbe (de 27 años, logró la Cruz de Hierro de segunda clase al fulminar 31 barcos durante el conflicto), lo hundió de inmediato en aguas del golfo de Tesalónica, en el mar Egeo, cuando se dirigía hacia Alejandría. El artefacto dio justo en la sala de máquinas y partió por la mitad el mercante, que enseguida fue a pique. Fallecieron nueve tripulantes (el capitán, el primer maquinista, el segundo oficial, el contramaestre y cinco marineros; algunos historiadores rebajan la cifra a siete muertos), ocho de ellos ahogados y uno a consecuencia de las heridas cuando era trasladado en lancha hasta Salónica.
Entre los desaparecidos se hallaban los ibicencos Juan Bonet, Sastre, y Francisco Cardona, de Cas Costas, según publicó Diario de Ibiza a finales de noviembre de 1918. Además trabajaba en el ´María´ Amadeo Cornellà, un catalán afincado en la isla que resultó herido. El ´María´ tiene el triste honor de ser el último mercante español hundido por los submarinos alemanes en la Primera Guerra Mundial. Pero no fue el último que el UC-23 (tipo UC II, que también sembraba minas) torpedeó hasta que el 25 de noviembre de 1918 se rindió en Sebastopol (en Crimea; los franceses lo desguazaron en Bizerta en agosto de 1921): echó a pique a otras 14 embarcaciones, para completar un total de 45 hundidas desde noviembre de 1916.
Primeras compensaciones
El ´Mercedes´ y el ´María´ fueron, junto al ´Carasa´, el ´Atxeri Mendi´ y el ´Francolí´ los últimos cinco barcos españoles hundidos por los U-Boote y los primeros por los que Alemania recompensó a España. El 14 de agosto, el Gobierno remitió una nota de protesta en la que denunciaba su hastío por haber perdido ya el 20% de su tonelaje en barcos durante la guerra, amén de que la cifra de muertos ya superaba el centenar. Y advertía de que a partir de ese momento se incautaría de un barco alemán por cada español que la Marina germana hundiera, según explica Fernando García Sanz en ´España en la Gran Guerra´ (Galaxia Gutenberg). En principio, aquella protesta tenía visos de conducir a nuestro país a la guerra, como temía el embajador en Berlín, pero finalmente Alemania, ya exhausta y a punto de tirar la toalla (en apenas unos meses firmaría el armisticio), prefirió aceptar el trueque (recibido con alivio por España). El 15 de septiembre, un mes más tarde de aquella nota amenazadora, Alemania aceptaba asignar a nuestro país «como compensación in natura por cada nave hundida por un submarino alemán, una nave alemana equivalente entre las ancladas en los puertos españoles». La única condición era que el torpedeamiento se hubiera producido tras el 14 de agosto.


Seis barcos a cambio
Desde aquella fecha fueron hundidos cinco mercantes, entre ellos, los que tenían tripulación pitiusa, los dos últimos. A cambio de ellos, Alemania entregó el ´Eriphia´ (estaba en Bilbao), el ´Javorina´ (en Almería), el ´Roma´ (en Cartagena), el ´Crefeld´ (en Santa Cruz de Tenerife), el ´Riga´ (en Sevilla) y el ´Neuenfels´ (Vigo), a los que se rebautizó como ´España´ y se añadió un numeral del 1 al 6, según detalla García Sanz. A los muertos, tres de ellos ibicencos, ya no hubo manera de compensar su trágico fin.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada