21 enero 2017

el submarino «maldito» que desapareció sin dejar rastro en la IGM

Corría el 7 de marzo de 1916 cuando el submarino HMS E5 -británico de nacimiento- se evaporó en el Atlántico Norte. Por entonces Gran Bretaña andaba inmersa en la Primera Guerra Mundial, por lo que instantáneamente los mandos barruntaron que, simple y llanamente, había sido hundido por un torpedo o una mina enemiga. Hasta hace menos de un mes, jamás se habían encontrado sus metálicos restos ni los de los 29 tripulantes que había en su interior aquella triste jornada. Era, en definitiva, un misterio naval sin resolver.
No obstante, a finales del pasado noviembre un grupo de buzos aficionados informó al mundo de que, al menos parte del misterio, había sido resuelto. Y es que, mientras buceaban se toparon de lleno con el casco del E5 cerca de la isla de Schiermonnikoog (perteneciente a los Países Bajos). La visión de sus restos no pudo ser más esclarecedora ya que, en palabras de los descubridores, no encontraron ninguna señal en el submarino que indicase que un torpedo o una mina le había hecho marcharse hasta el fondo de los mares. 
Durante 100 años, el E5 había permanecido oculto en el lecho marino. Esperando a ser descubierto, como ya pasara con el Titanic. Y ahora, un siglo después de hundirse enterrando sus enigmas en el fondo de las aguas, tendrá que ser investigado para terminar de desvelar los misterios que le rodean. 
Con todo, su hallazgo es toda una primicia para los descendientes de los marinos que desaparecieron con él. «Una pieza de este rompecabezas de la historia del Mar del Norte ha podido aclararse. Los resultados ofrecen esperanza a los familiares que buscan a sus seres queridos desaparecidos», ha explicado Remy Luttik, jefe del equipo de buceo, en declaraciones recogidas por el «Daily Mail».
Tal y como ha narrado este experto a diferentes diarios internacionales, además de la dantesca imagen del casco del sumergible, la expedición también se topó con una extraña y desconcertante revelación: las compuertas del E5 estaban abiertas
Esto, al parecer, indica que la tripulación trató de escapar una vez que el submarino amenazó con hundirse. Sin embargo, no tuvieron tiempo para ello y -presuntamente- la mayoría de los marineros acabó ahogándose en las aguas. Este secreto había permanecido oculto hasta que los buzos lograron aglutinar los permisos específicos para poder sumergirse en esta región. 

«Maldito»

El HMS E5 fue construido en Barrow-in-Furness (una ciudad ubicada al norte de Inglaterra) a partir de 1913. Fue botado con este curioso nombre porque -por entonces- la Royal Navy todavía no había adquirido la costumbre de bautizar a sus sumergibles (una práctica que comenzaría a partir de 1942). Una vez en las aguas, se cree que fue el primer submarino en disparar un torpedo en la Primera Guerra Mundial. Aunque las teorías a este respecto son decenas. 
Para su desgracia, el E5 empezó a ser conocido en la marina por la mala suerte que le rodeada. Así lo atestigua el que -en su escasa carrera marítima- sufriera una explosión en la sala de máquina el 8 de juio de 1913(20 días antes de ser entregado a la Royal Navy) que se llevó la vida de algunos operarios y que, posteriormente, otros tantos fallecieran en otro accidente en Pembroke. 
Su triste historia acabó el 7 de marzo de 1916, cuando desapareció. La teoría más extendida es que chocó contra una mina mientras rescataba a los supervivientes del naufragio de otro barco. Algo que ha quedado descartado tras el descubrimiento del casco (el cual permanece casi intacto).

Los tripulantes

Tal y como explica el «Daily Mail», entre los tripulantes que perdieron la vida se encontraba Francis Garratt Cowburn cuyo nieto, ahora de 80 años, sigue recordando el hundimiento cada año con su familia. El hijo de este, Richard, no pudo contener la emoción al enterarse del hallazgo. «No podía creer que, después de un siglo, mi familia finalmente fuese capaz de cerrar el capítulo sobre lo que le había sucedido a Francis. Aunque sigue siendo una fuente de intriga, misterio y tristeza familiar», explicaba. Su familiar nació en 1885 y se unió a la marina 20 años después. 
Otros como Arthur Robert Owen se alistaron en los submarinos, según dijo su nieto al diario británico, porque el sueldo era mayor que el del ejército de tierra. «Es extraordinario que se haya encontrado cien años más tarde», ha señalado. Algunos como el marinero John Bassett, entonces de 33 años, había completado 17 años de servicio naval y trabajaba como cartero en Walsall cuando fueron llamados como reservistas. Él, sólo seis semanas después de casarse.
Manuel P. Villatoro para ABC.es

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