20 diciembre 2014

Corcubión abastecía clandestinamente a submarinos alemanes durante la I Guerra Mundial

El puerto coruñés de Corcubión abastecía clandestinamente de combustible y provisiones a los submarinos alemanes durante la Primera Guerra Mundial, pese a que España era un país neutral en el que se libró una contienda invisible a través de sabotajes y espías y al que "la guerra se le metió en casa".

El historiador Eduardo González Calleja, profesor en la Universidad Carlos III de Madrid, explica en una entrevista con Efe la incidencia logística de la primera gran guerra mundial en España, nicho de espías que eligieron la Costa da Morte coruñesa como uno de los puntos clave desde el que enviar información y abastecerse.

"El objetivo era formar redes complejas de espionaje y contraespionaje para bloquear las iniciativas del enemigo en España, el país neutral más importante de Europa con importantes recursos mineros que los países en guerra querían captar de forma clandestina", asegura González Calleja.

El profesor, que ha publicado este año el libro "Nidos de espías. España, Francia y la Primera Guerra Mundial (1914-1919)", de Alianza Editorial, investiga sobre la violencia política, la evolución de los grupos de extrema derecha y fascistas en la Europa de entreguerras, la acción política y cultural del franquismo, la historia del terrorismo o la relación entre memoria e Historia.

Según sus datos, "aunque España permaneciera neutral en la Primera Guerra Mundial, no estuvo del todo al margen" sino que fue un "campo de batalla para los servicios de espionaje de los bandos contendientes".

"Desencadenaron sobre nuestro territorio una lucha despiadada con medios legales e ilegales: bloqueo portuario y marítimo, guerra submarina, abastecimiento de los beligerantes, violación de aguas jurisdiccionales, pero también difusión de rumores y mentiras, e impresión de libelos en el idioma del enemigo", argumenta.

Desvela así la información recogida en archivos militares franceses de gran relevancia, inéditos hasta hace unos meses, sobre la distribución del servicio en esta red de vigilancia, que abarcaba grandes ciudades españolas, pero sobre todo puertos, entre ellos los gallegos de Ferrol, A Coruña, Vilagarcía de Arousa, Vigo y Corcubión.

De hecho, la vigilancia marítima francesa cubría en Galicia más de 600 kilómetros de costa, pues en sus cinco importantes puertos se encontraban retenidos veinte barcos alemanes y austríacos, y los submarinos UB-32 y UC-48.

Desde el punto de vista naval, los alemanes desarrollaron la tecnología submarina para luchar contra las flotas aliadas, mucho más grandes y con mayor autonomía, por lo que necesitaban abastecerse en las costas de agua, combustible y víveres.

"Como no tenían bases propias se abastecían clandestinamente en puertos como el de Corcubión", continúa el profesor, que detalla que la tripulación de cada uno de estos submarinos alemanes, de unos quince metros de eslora, ascendía a poco más de doce personas que vivían "hacinadas, con falta de higiene y mala alimentación".

Fue precisamente la vigilancia de este puerto coruñés, bastante "conflictivo" por ser "paso habitual de submarinos sospechosos de ser abastecidos desde la costa gallega", una de las más costosas, con 1.200 pesetas al mes, frente a Vigo que costaba 900 y Vilagarcía, 350 pesetas.

La ría de Corcubión se convirtió entonces en un área de abastecimiento frecuente de los sumergibles alemanes que partían de los puertos del Mar del Norte hacia los escenarios bélicos del Mediterráneo, y parece ser que el U-250 solía avituallarse en esta zona junto al casco de un barco varado.

También el submarino U-21 se citó en mayo de 1915 en esta ría con el vapor Marsala, de la compañía Hamburg-Amerika Linie, para abastecerse de doce toneladas de gasoil y alimentos frescos, antes de partir hacia la base de Cattaro, actual Kotor en Montenegro.

Dos años después, el 8 de junio de 1917, el agregado naval von Krohn propuso la concesión de la Orden del Águila Roja al vicecónsul en Corcubión, Manuel Miñones Barros, por su apoyo en el avituallamiento de estos sumergibles, ya que tenía un albergue vacío en la zona de la Boca del Sapo, donde el U-21 embarcaba y desembarcaba material.

Los alemanes aprovechaban las "rivalidades políticas y comerciales entre los notables locales para mortificar a los aliadófilos", sostiene González Calleja, por lo que los cónsules franceses cada vez se aislaban más y en las colonias no contaban con miembros capaces de influir en las autoridades locales, mayoritariamente germanófilas.

Ello derivó, junto a otros problemas, en el "relajamiento de la vigilancia sobre las actividades alemanas", abunda.

La red francesa, dividida en sectores en el País Vasco, Cantabria y Asturias, Galicia, Andalucía, Levante y Cataluña, contaba con un agente responsable en cada uno de ellos que transmitía la información a los respectivos cónsules, que a su vez la enviaban a la embajada francesa.

La investigación se centraba en la propaganda alemana en los puertos o ciudades, en "cómo se vendía la causa en la prensa, que estaba comprada por un bando o por otro con intención propagandística", el contrabando de mercancías, como en Galicia el wolframio o la pirita, o las actividades financieras.

"Los alemanes compraban empresas de transformación de productos agrícolas e invertían en cómo bloquear al enemigo y las inversiones en España", advierte González Calleja, que fija en la gran ofensiva submarina alemana que hundió el Lusitania el "momento más intenso de la guerra submarina".

Es entones cuando "la actividad se multiplicó en Galicia", pues unas dos docenas de submarinos partieron de los puertos alemanes para operar en el Atlántico hasta llegar al actual Montenegro, ya que el transporte por ferrocarril de los sumergibles era "muy caro", y el viaje duraba dos semanas y estaba "repleto de peligros", como su paso por el Estrecho de Gibraltar.

Por ello, y dada la necesidad de abastecimiento, "Galicia tuvo mucha importancia" -también Mallorca, donde se abastecían a expensas de contrabandistas- porque el Atlántico era el escenario de la guerra submarina por el tráfico naval para abastecer a Francia.

En esa contienda España, pese a ser neutral, perdió mucho tonelaje marítimo porque los alemanes hundían sus barcos si pensaban o sospechaban que enviaban mercancía a Francia, y de hecho en las Islas Cíes existe un monumento a las víctimas de los mercantes españoles causadas por los sumergibles alemanes.

El submarino que tiene en su haber el récord absoluto de tonelaje hundido de toda la historia operaba frente a las costas españolas y es el U-35 germano, que acabó con centenares de miles de toneladas y no menos de 80 barcos de guerra y mercantes, de aliados y neutrales.

La costa acogió además otro tipo de nidos de espías, que eran los barcos internados o refugiados en los puertos españoles, entre ellos 45 austríacos y alemanes, de los que veinte permanecieron en Galicia, sobre todo en los muelles de A Coruña y Vigo.

Sus tripulaciones, espías al servicio de Alemania, sobrevivían vendiendo su mercancía a empresarios locales.


http://elprogreso.galiciae.com/nova/379308-corcubion-abastecia-clandestinamente-submarinos-alemanes-i-guerra-mundial

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