02 agosto 2015

70 años de la llegada de submarinos nazis a Sudamérica

El 27 de Julio de 1945 una comisión de la Comisaría Primera de Necochea salió al caer la noche de un domingo, a 17 días de que el submarino alemán U-530 hubiera emergido sorpresivamente frente a la base naval de Mar del Plata- para confirmar el alerta dado por el destacamento policial de Piedra Buena acerca de que: “Una nave no identificada estaba haciendo señales (de luz) en código morse hacia la costa y el mensaje era contestado desde la playa”.
“En tres autos particulares los policías recorrieron el sector y tras horas de búsqueda encontraron al hombre que respondía las señales. En la comisaría se lo identificó como ciudadano alemán, de profesión artesano, quien admitió que la nave era un submarino que se disponía a desembarcar”.
“A la madrugada del domingo 28 de julio de 1945 se inició un rastreo por las playas de los alrededores de la ciudad. Al promediar la mañana, 15 kilómetros al norte, la comisión encontró huellas humanas que iban y venían desde la costa hasta la entrada arbolada de la estancia “Moromar” (SAFICO) de capitales alemanes. Había también huellas de lanchas o botes de goma que habían sido arrastrados, y las marcas de cajas o cajones muy pesados que habían sido llevados hasta un lugar, donde había huellas de ruedas de camión”
“Ante el hallazgo, el suboficial decidió llamar al comisario, y decidieron ingresar a la estancia. Llevaban recorridos dos kilómetros por el camino de entrada al casco, arbolado y flanqueado por tamarindos, cuando cuatro hombres que hablaban alemán, con ametralladoras en la mano, les impidieron seguir y los echaron violentamente”
Como los policías no llevaban orden de allanamiento decidieron regresar a la comisaría y comunicar la novedad a la Jefatura de La Plata.
Una vez en la comisaría telefonearon a sus superiores en La Plata y tras dos horas de espera, el jefe de la policía provincial llamó personalmente a Necochea y le dio al comisario una orden precisa: ‘Deje sin efecto la búsqueda de posibles alemanes y retírese de inmediato de la estancia” y el único aprehendido – un artesano-  fue enviado a La Plata, a pesar de lo cual “a los pocos días estaba en libertad y en Necochea, donde continúo viviendo”.
Lugar de amarre
En el mar muy cerca de la costa, fueron ubicados rieles en forma vertical, con base de cemento, cuyas puntas llegan a sobresalir en la superficie, con una argolla de acero. Estos eran lugares utilizados para amarrar los submarinos alemanes que hasta allí llegaban.
“En Otoño de 1945. Carlos Miño, un joven pescador, navegaba a bordo de la pequeña embarcación “Gaucho”, con base en el puerto de Quequén, con la finalidad de pescar junto a otros cinco tripulantes”. En esa jornada, “avistamos navegando dos submarinos, navegación de sur a este. Se dirigían hacia el rumbo de Mar del Plata. Eran de color grisáceo”, precisó Miño al aludir a un área marítima cercana a la estancia antes citada.
Días antes –el 17 de julio- , centenares de testigos habían visto el paso hacia el sur en superficie de dos submarinos frente a las playas de San Clemente del Tuyú y de La Margarita (dónde hoy está San Bernardo, que entonces no existía, y en Mar de Ajó (que era un pueblito fundado diez años antes) incluso uno de ellos encalló durante largos minutos en un banco de arena.
Y cuatro días despues, el 23 de julio al anochecer se había producido otro avistamiento de un sumergible por parte de un grupo de pescadores frente a las playas de Reta y Claromecó. El mismo fue investigado por la Armada a través del capitán Francisco Isaac Rojas, edecán del ministro de Marina. Rojas corroboró el testimonio de los pescadores, pero la Marina guardó el secreto de este avistamiento durante medio siglo.
Respecto al desembarco del 27 de julio en Necochea, fue confirmado por tres antiguos marineros del acorazado de bolsillo “Graf Spee”, hundido por su capitán frente al puerto de Montevideo a fines de 1939 luego de haber combatido contra tres cruceros británicos.
En particular, el cabo y aspirante a oficial Alfred Schultz y el radiotelegrafista Walter Dettelman (el tercer testigo se llamaría Willi Brenecke) confirmaron aquel desembarco y la veracidad –en términos generales– de aquella crónica ante una comisión del Congreso a comienzos de 1956. Ambos dijeron que si bien en 1945 se suponía que ambos estaban internados en campo de prisioneros de guerra, salían y entraban de ellos a voluntad.
Añadieron que si bien no estaban en condiciones de precisar la fecha exacta, entre el 23 y el 29 de julio de 1945 los ocupantes de dos submarinos alemanes habían desembarcado cerca de Bahía Blanca. Lo podían afirmar con absoluta seguridad, dijeron, porque habían ayudado a consumarlos. Por desgracia, parece que los testimonios no fueron registrados taquigráficamente, y que los registros estenográficos se perdieron.
Pero según las crónicas de la época Schultz y Dettelman dijeron haber recibido del capitán Walter Klay –quien coordinaba las actividades de los ex tripulantes del Graf Spee y sus fugas desde una oficina del Banco Germánico– la orden de viajar a la ciudad de Bahía Blanca. Una vez allí, dijeron, el contacto que les indicó Klay los llevó a un punto no muy lejano del litoral marítimo.
Si bien no pudieron precisar con exactitud dónde quedaba ese lugar, coincidieron en que se trataba de una estancia de la Compañía Lahusen, de capitales alemanes. Dijeron que poco después arribaron a la costa “dos submarinos que descargaron muchos cajones pesados que fueron conducidos al casco de la estancia en ocho camiones”. Y destacaron que se trataba a todas luces “de una carga valiosa que provenía de Alemania”.
Luego, agregaron, desembarcaron en botes de goma unas ochenta personas. Algunas, puntualizaron, “por la manera en que daban órdenes, debían ser muy importantes”.
Las declaraciones de Schultz, Dettelman y Brenneke fueron analizadas por Allan Pujol, un antiguo agente del Deuxième Bureau, una rama de los servicios secretos franceses. Según Pujol, en la noche del 28 y el 29 de julio de 1945 fueron desembarcados gran número de cajones de madera con la inscripción “Geheime Reichssage” (Secreto de Estado) remitidos por el general Ernest Kaltenbrunner, jefe de la RSHA, la Oficina Central de Seguridad del Reich.
Pujol dijo creer que aquellos cajones contenían “el tesoro de la RSHA”: lingotes, monedas y objetos de oro, dólares y francos suizos, diamantes y otras piedras. Una fortuna que valuó en unos mil millones de dólares.
Una nota documentada de los archivos nazis del piloto de Menguele, Albretch Boehme, indica que hubo conexiones entre una persona de apellido Moreno, de quien se dice podría ser “el artesano”. En la nota se indica una dirección en la calle 67 de nuestra ciudad y además está escrita la dirección de Menguele en Buenos Aires. Cramer 860 Colegiales.
Una lectora del diario  y vecina del lugar nos escribió: “pude confirmar que  en la calle 67 N° 2632, donde ahora vive la familia Diaz Vélez, anteriormente vivían unas hermanas de apellido Moreno, en el barrio las recuerdan”

http://diarionecochea.com/archives/109910

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