28 agosto 2022

El alumbramiento del submarino Isaac Peral: dignidad frente a la infamia de una guerra que se pudo ganar

Nunca se está en paz con los que nos hacen un favor porque, aunque se pague la deuda, se debe la gratitud.

Alejandro Dumas

Atropellado por la realidad de un país con los valores impostados como un calcetín vuelto, abrumado por la indiferencia de destacados de sus pares uniformados, protagonista de una de las gestas técnicas más relevantes de la historia (la aparición del submarino en el escenario bélico) y, desahuciado del merecidísimo reconocimiento por su desbordante ingenio; Isaac Peral, el inventor del sumergible como ente de proyección militar, se retiró del ejercicio de la milicia para convertirse en un anónimo empresario. 

La botadura del submarino de Isaac Peral, un hecho histórico sin precedentes, se convertiría en un evento multitudinario cuando en puridad debería de haber sido absolutamente restringido a los involucrados en el proyecto, tanto civiles como militares. Hechas las pruebas de mar y subsiguientes inmersiones, el primer torpedo lanzado por un tubo desde una nave totalmente sumergida era ya realidad. El alumbramiento de un arma desequilibrante y feroz estaba en ciernes.

En el año 1890, se demostró sin duda alguna que las pruebas dieron como resultante que podría navegar en inmersión a voluntad del comandante que la dirigiera y que su rumbo y cota predefinidos en mar abierto eran óptimas hasta una profundidad mínima de ocho metros y posiblemente más. Era un arma de vanguardia, osada, indetectable, sorprendentemente ingeniosa y determinante en cualquier enfrentamiento naval, pues podía poner en fuera de combate con su invisibilidad y potencia explosiva del torpedo (llevaba dos) a cualquier acorazado o crucero enemigo de darse el caso. 

Boicot a una máquina formidable

Por lo general, la soberbia va muy asociada a la condición del miserable. En España, lamentablemente, no escapamos a esta forma de peste en la que el Síndrome de Procusto iguala a los envidiosos con los genios. Sometidos, pues, al abono de la ignorancia, nuestra incapacidad para meter la cabeza en el tambor de la lavadora y reformularnos convierte en dogma la degollina hacia los mejores. 

En los años que precedieron a la Guerra de Cuba de 1898las autoridades que impidieron la construcción en serie de esta formidable máquina lamentaban el boicot generado contra Peral. Los planos del infernal artilugio desaparecieron como por ensalmo, y piezas de vital importancia se descubrieron en un almacén de la marina de Estados Unidos. El omnipotente y falto de visión (por no usar palabras más gruesas) almirante Montojo, un marino de visión estrábica o quizás inadecuado para dirigir nada, puso todo tipo de obstáculos para la fabricación del ingenio que podría haber cambiado quizás radicalmente la deriva de la futura guerra. 

placeholderRetrato del científico, marino y militar español Isaac Peral. (Wikipedia)

No está de más recordar las lapidarias palabras del almirante estadounidense Dewey a la sazón en la dirección de la fuerza naval que acabó con la escuadra española del ilustre almirante Cervera en Santiago de Cuba y que reza así en sus memorias: "Si España hubiese tenido allí un solo submarino torpedero como el inventado por el señor Peral, reconozco que yo no habría podido mantener el bloqueo de Santiago ni 24 horas". Un caballero. 

El arma del futuro

Aquel visionario, que intuyó la enorme potencialidad del arma del futuro y cuya profética idea se convertiría en el azote de los mares durante las siguientes guerras mundiales, sería lapidado literalmente por la estulticia tenebrosa de una cohorte de incompetentes, saga que lamentablemente ha convertido nuestro país en un cementerio de inteligencias aplastadas por la ineptitud de aquellos que solo medran en torno al poder. 

Con 43 años, allá por el año 1895, un cáncer terminal acabó con este teniente de la marina española, exhausto ante tanto desprecio, calumnias y vejaciones por parte de sus superiores, pequeños dioses apolillados en sus enormes despachos decorados de telarañas y vacíos de talento.

Muchas fueron las potencias que intentaron contratarle para su servicio, pero él siempre dijo que solo se debía a su país

Por el camino había usado sus capacidades como civil tras darse de baja en la marina, proyectando centrales hidroeléctricas y una fábrica de baterías harto conocida, las baterías Tudor, que serían a la postre su medio de vida tras licenciarse sin pensión. Muchas fueron las potencias que intentaron contratarle para su servicio, pero él siempre dijo que solo se debía a su país. Así, por ejemplo, está probado que Inglaterra le puso un cheque en blanco a su disposición. En este punto se hace necesario recordar que el coste total del submarino de Isaac Peral ascendía, con armamento y munición incluidas, a tan solo 300.000 pesetas, casi todas sin presupuesto y de su pecunio. Para mear y no echar gota: un acorazado alemán o inglés estaba en torno a los 40.000.000. 

placeholderImagen del submarino Isaac Peral. (Wikipedia)

Como somos el país de la chirigota, las autoridades militares con la aquiescencia del almirante Montojo (en beneficio de él hay que decir que alertó del pésimo estado de los barcos bajo su mando) permitieron a toda una pléyade de espías consagrados a hacer fotos del exterior e interior de aquella increíble máquina, eso sí, sin tocar. Pero al que si le tocó de verdad la lotería fue al osado traficante de armas Basil Zaharoff, que tenía un historial digno de un chorizo doctorado. Este elemento sí que se hizo con los planos tras un buen soborno (no hay que olvidar que fueron incautados al inventor). Este traficante los vendería a los alemanes, que a partir de ellos crearían las famosas manadas de lobos de la Kriegsmarine germana en sendas guerras mundiales. 

Si alguien reflejó con indiscutible precisión psicológica el alma del pueblo español, este fue sin duda Francisco de Goya y Lucientes. Su cuadro estrella, Saturno devorando a su hijo (serie Pinturas Negras) simboliza a una nación desquiciada e invita a la reflexión. Pero quizás eso sea mucho pedir a un pueblo esencialmente visceral.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario