11 noviembre 2017

La saga de los primeros submarinos españoles

En la edición de octubre de 2017 de la revista Historia de Iberia Vieja, publiqué un artículo repasando brevemente la historia de algunos de los primeros submarinos españoles. Esta es la versión para TecOb de ese artículo.
Junto con el deseo de volar como un pájaro, posiblemente sea el anhelo de surcar las profundidades oceánicas como peces uno de los más antiguos sueños humanos. La tecnología ha auxiliado a los humanos a la hora de conseguir estos logros y, cómo no, los submarinos son hoy día una realidad que supera las más imaginativas propuestas de los pioneros de la navegación bajo las aguas. En la historia de España se encuentran los casos de muchos de esos soñadores que lucharon para conseguir un submarino práctico. Populares son las historias de Narciso Monturiol o de Isaac Peral, pero no fueron los únicos, ni mucho menos. He aquí un breve repaso sobre aquellos olvidados precursores que pretendieron conquistar el mundo submarino.

Un deseo inmemorial

Fue a finales del siglo XVIII cuando se vieron las primeras naves submarinas de las que se tenga conocimiento, muy primitivas pero osadas. Ahí tenemos, por ejemplo, las aventuras del Tortuga, sumergible ideado por el norteamericano David Bushnell hacia 1776que participó en el conflicto de independencia de los Estados Unidos. No dejaba de ser un simple cascarón de madera forrado de cobre y movido a pedales que, por su parecido con una tortuga, tomó el nombre por el que es recordado. Cabe mencionar aquí que se debe diferenciar entre los vehículos de “superficie” que pueden navegar bajo las aguas durante limitados periodos de tiempo, léase sumergibles, de los verdaderos submarinos, que son las naves pensadas para pasar largos tiempos sumergidos con gran desempeño en cuando a velocidad y autonomía.
El también norteamericano Robert Fulton, recordado por crear el primer barco a vapor comercial, ofreció no mucho después, en los albores del nuevo siglo, cierta nave sumergible a la que llamó Nautilusnada más y nada menos que a Napoleón. A pesar de su limitada capacidad para sumergirse, tuvo bastante éxito en sus pruebas iniciales, pero no encontró el apoyo que buscaba en Francia. No fue, ni mucho menos, la primera experiencia submarina que se veía en Europa. Entre 1620 y 1624 el polifacético inventor holandés Cornelius Drebbel ya había llamado la atención con las pruebas en Inglaterra de varios sumergibles tripulados de madera recubiertos de cuero.
Como sucede en toda tecnología al indagar en su historia, cabe sorprenderse al comprobar que en diversos lugares se estaban desarrollando ideas similares. Las condiciones de la técnica hacen que, en cada época, las mentes inquietas intenten ir más allá por caminos muchas veces coincidentes. Por eso, no extrañará que se repitan historias de osados inventores que probaron sus ideas acerca de máquinas submarinas prácticamente en cada rincón de Europa o Norteamérica. Ahora bien, llaman la atención entre todo ello, algunas experiencias muy tempranas que tuvieron a España como escenario. Existe cierta referencia, mencionada en diversas fuentes, a una experiencia llevada a cabo por dos curiosos personajes de origen griego en Toledo, en aguas del Tajo, en 1538. Al parecer, se probó entonces una pequeña nave sumergible capaz de permanecer bajo las aguas un considerable periodo de tiempo y que, además, podía navegar, no sólo permanecer sumergido. El evento llamó mucho la atención en su tiempo, como también lo hizo otra experiencia posterior. El protagonista, en este caso, fue el ingeniero navarro Jerónimo de Ayanz quien, en 1603, ideó una “barca submarina”, tal y como aparece en la documentación presente en el Archivo General de Indias. Un año antes, el 6 de agosto de 1602, ya había realizado una prueba de inmersión de un buzo en aguas del Pisuerga, en Valladolid, ante el asombro del público presente.
De principios del siglo XIX nos llegan ecos de algunos ignotos inventores españoles que lo volvieron a intentar. Gracias a la gran obra de investigación de Diego Quevedo Carmona, Lino J. Pazos Pérez y otros autores que vio la luz en 2013 en un libro titulado “Los desconocidos precursores españoles de la navegación submarina”, se recupera el lejano recuerdo del escribano cordobés Rafael Covó. Este singular personaje, a modo de un Julio Verne adelantado a su época, ideó cierta nave submarina tripulada, movida a remos, que estaba dotada de torreta y un cañón a la que llamó Nuro. Aquella nave nunca fue construida, cosa que sí logró otro olvidado ingenio, el creado por un desconocido llamado Cervó, posiblemente de origen francés. Por desgracia, en este caso la prueba terminó con la vida del inventor. Sucedió en 1831 cuando una esfera de metal, con portezuela acristalada, pensada para observar el fondo marino, se sumergió en el Puerto de Barcelona, aplastando la presión del agua su interior.

Nuestros grandes precursores: García, Monturiol y Peral

Mediado el siglo XIX los alemanes, franceses o estadounidenses estaban dando forma a sus primeras propuestas de submarino, algunas de ellas tan extravagantes como el “cigarro” del norteamericano Winans, una nave ahusada de metal dotada de un gigantesco propulsor central giratorio que le daba un aspecto realmente extraño, aunque poco práctico en la realidad.
Por ese tiempo, en España, Cosme García Sáez, nacido en 1818 en Logroño, soñaba también con crear un submarino práctico. Cosme era un ingeniero pertinaz que tuvo muy mala suerte y poco apoyo para llevar a cabo sus empeños, algo por desgracia bastante común en nuestra historia. De su mente nacieron máquinas selladoras para las oficinas de correos, mejoras en el arte de la imprenta, máquinas para la Casa de la Moneda, cierto fusil mejorado de gran desempeño. Ahora bien, la invención más sonada de García fue su nave submarina. Tras diversos proyectos y patentes, fue hacia 1860 cuando llevó a cabo las pruebas de su navío, construido en Barcelona, en el puerto de Alicante. En el interior del submarino de Cosme podían viajar dos personas. El propio inventor fue quien, junto a uno de sus hijos, realizó las pruebas, que fueron todo un éxito. A pesar del interés que encontró en Madrid y en París, nadie quiso financiar la mejora de su submarino, que terminó abandonado.
El submarino de Cosme García.
Esta falta de apoyo oficial a nuestros inventores de naves submarinas fue algo común. Ahí puede contemplarse, además de cierta ceguera de algunos dirigentes, el miedo a entrar en conflicto, o incluso las presiones, que llegaban desde Inglaterra, donde se consideraba que el desarrollo de este tipo de naves ponía en riesgo la supremacía de su flota en los mares de todo el mundo. Tampoco encontró mucho apoyo Narciso Monturiol, el polifacético ingeniero e inventor catalán, nacido en 1819, que presentó un proyecto de nave submarina en fecha tan temprana como 1858. Su primer modelo de Ictíneo, o barco-pez, tal y como él llamaba a sus submarinos, fue probado de forma privada en el Puerto de Barcelona en 1859 y de forma oficial en Alicante, en 1861. El éxito de aquellas experiencias y el apoyo inicial del gobierno parecía que llevaría el empeño de Monturiol a buen puerto. Con una recaudación de capital entre entusiastas de la idea, se construyó el Ictíneo II, una nave muy mejorada que se probó en Barcelona en 1864. Nos quedan para el recuerdo los detallados escritos del inventor, pues la historia terminó como tantas veces: con mucho interés por parte del público y las autoridades, pero sin apoyo económico para continuar desarrollando estas naves.
El Ictíneo de Monturiol.
Isaac Peral
Y, así, tras dos fallidos, pero geniales intentos, se llega a la triste historia de Peral, precursor indudable de los modernos submarinos. Isaac Peral y Caballero, murciano nacido en 1851, fue un militar de raza, además de científico estimable. Pero, a pesar de sus muchos logros, una obsesión no abandonaba su cabeza: la solución al problema de la navegación submarina. Y, ciertamente, con mucho empeño, estudio y pruebas de todo tipo, logró su objetivo. Una lástima que no lograra apoyo, lo que terminó minando su ánimo y su salud. La novedad del Peral, era que fue el primer submarino práctico de la historia propulsado por un método seguido posteriormente en todo el mundo: la electricidad. Autorizada su construcción hacia 1886, se materializó en el gaditano Arsenal de la Carraca, en San Fernando. La nave, botada en 1888, era revolucionaria: contaba con capacidades que le daban un desempeño en cuanto a velocidad y autonomía realmente impresionantes. Podía lanzar torpedos tanto navegando en superficie como en inmersión. Las pruebas fueron exitosas, aunque no de forma completa, pues la Armada estableció unas condiciones muy estrictas que el submarino debía cumplir para continuar con su apoyo al proyecto. A pesar de los elogios y las medallas, la lucha de Peral no tuvo éxito y la nave quedó almacenada y olvidada. Las presiones del exterior para que España no pudiera hacerse con una flota de naves tan avanzadas fueron determinantes en este caso.

Los pioneros olvidados

Los mencionados casos de García, Monturiol y Peral son los más conocidos de nuestra “prehistoria” submarina, pero ni mucho menos fueron los únicos precursores reseñables. Otro insigne militar, Isidoro Cabanyes, soñó también con una nave submarina avanzada. Su ingenio le ha llevado a ser recordado como pionero de las energías renovables, pues a principios del siglo XX ideó y llevó a la práctica algo que sólo fue recuperado por la técnica de finales de ese siglo: su torre eólico-solar, una tecnología que hacía uso del calentamiento del aire por parte de los rayos solares para crear energía útil. Además de sus torres solares, Cabanyes patentó otros muchos inventos, desde máquinas eléctricas a sistemas de alumbrado por gas. Fue en 1885 cuando, junto a Miguel Bonet, presentó un proyecto muy avanzado de submarino eléctrico que rivalizaba con el de Peral. A pesar de contar con el visto bueno de diversas autoridades y academias, nunca encontró apoyo suficiente como para llevar al mundo real su sueño submarino.
El submarino de Cabanyes.
El proyecto de Peral ocupaba por entonces toda la atención de los medios nacionales y de la administración, en lo que a submarinos se refiere, cosa que a buen seguro terminó por perjudicar a Cabanyes. Curiosamente, una iniciativa privada muy oscura y apasionante tuvo lugar en ese mismo tiempo, hacia 1885. En Asturias se probó un prototipo de submarino, en el río Caudal, construido en una fábrica de Mieres. Fue ideado por el ingeniero gijonés Buenaventura Junquera Domínguez y, al parecer, tuvo éxito en sus pruebas. Animado por un motor a gasolina, algo inaudito para la época, no encontró tampoco apoyo alguno para continuar con su desarrollo.
Finalizando el siglo XIX hubo muchos otros intentos por construir un submarino español, como los proyectos del incansable inventor e ingeniero Eduardo Mier y Miura, que tampoco llegaron muy lejos. Curioso fue también el empeño de Raimundo Lorenzo de Equevilley, español de origen francés, ingeniero naval de vida rocambolesca que, entre tramas de espías y muchas aventuras, idea diversos prototipos de submarinos que fueron desarrollados en Alemania. Y, todo esto, sin olvidarnos mencionar a otros pioneros españoles que, sin pensar en crear grandes submarinos, aportaron interesantes ideas a este campo de la técnica. Arturo Génova Torruella patentó su “ascensor submarino” en los años treinta del siglo pasado para servir como medio de escape y salvamento de submarinos en caso de accidente. Las pruebas de esta especie de cápsula de escape unipersonal fueron todo un éxito, pero no se continuó con su desarrollo mucho tiempo. Al poco, hacia 1932, apareció en la prensa nacional el empeño de un palentino que trabajaba en un taller ferroviario de Madrid. Se trataba de Adrián Álvarez Ruiz, apasionado lector de Julio Verne que logró probar en el lago de la Casa de Campo madrileña un dispositivo pensado para mantener la atmósfera respirable en el interior de submarinos siniestrados. Aunque tuvo cierto eco entre técnicos de la Royal Navy, tampoco en este caso el novísimo sistema llegó muy lejos. Algo similar intentó Francisco Espinosa en la Barcelona de 1934, probando un generador de oxígeno en un minisubmarino. La prueba fue bastante accidentada y poco más se supo del ingenio. Y, hablando de submarinos de bolsillo, en los años cincuenta se vio en las aguas cantábricas la pequeña nave ideada por el buzo Agustín Bermúdez, construida en Bilbao.
Ahora bien, ningún recuerdo a los pioneros españoles de los submarinos puede estar mínimamente completa sin al menos contener una mención al gran Antonio Sanjurjo Badía. Coruñés, nacido en 1837, relojero y mecánico dotado de una habilidad extraordinaria, logró hacer fortuna con su ingenio a través de la creación de varios talleres y empresas. Con su propio capital, construyó en 1898 una nave submarina pensada para defender Vigo de un hipotético ataque de los Estados Unidos. Las pruebas de la nave fueron satisfactorias, pero no continuó con el desarrollo de su invento pues, el mismo día en que fue probado, se firmaba el tratado de paz que terminaba con la Guerra Hispano-estadounidense.
Sobre este tema en TecOb 

China crea motor magnético para invisibilizar a sus submarinos

China creó un motor magnético que podrá usarse en sus submarinos para hacerlos invisibles ante los radares.
El diario Global Times, informó que la empresa estatal China Shipbuilding Industry Corporation (CSIC) comunicó por medio de la red social WeChat que “este 18 de octubre probó con éxito un innovador motor con imanes permanentes patentado por China, en varios buques de guerra en el puerto de Sánya (isla de Hainan), donde se basa su flota submarina”.
Estos propulsores magnéticos cuentan con la diferencia que no tienen rotores y presentan pocas partes móviles que minimiza el ruido. Los imanes superconductores de dicho tipo de motores empujan el agua, que sirve como conductor, aplicando el campo magnético sin necesidad de propulsores, explicó el portal Motherboard.
Según el experto naval, Eric Wertheim, las tecnologías de submarinos y antisubmarinos siempre han sido “el eslabón débil” de China, que con este motor magnético estaría buscando el modo de eliminar esta desventada.
Gracias a la tecnología de propulsión silenciosa, que permitirá disponer a la Armada de su país de nuevos submarinos sigilosos y elusivos, China está “muy por delante de Estados Unidos”, indicó el contralmirante chino, Ma Weiming, director de proyectos navales de tecnología electromagnética de China.

Continúa el desafío del submarino s-80 para alcanzar la élite

El director de Navantia afirmó que se trata de un proyecto al que acceden muy pocos países del mundo 

06.11.2017 | 04:00
El director del astillero Navantia en Cartagena y responsable del Programa de Construcción de submarinos S-80, Agustín Álvarez, declaró ayer que tras una reestructuración completa del programa S-80, el rediseño del submarino y una transformación a fondo del astillero, se afronta ahora con muchas garantías el gran reto de que la Armada Española entre en la élite del desarrollo de sumergibles.
Álvarez indicó que se trata de un desafío en manos de muy pocos países en el mundo, impensable hace unos años, como es la construcción de un submarino propio con la última tecnología, al que seguirán otros tres según el encargo del Ministerio de Defensa.
El programa de diseño y construcción del submarino S-80 es el proyecto de ingeniería más complejo que se está acometiendo a nivel nacional y la posibilidad de disponer de un diseño nacional en la construcción de submarinos supone la independencia tecnológica en un aspecto de la defensa nacional esencial.
La actividad de Navantia supone actualmente más del 10 por ciento del empleo industrial de la Región, y el 1,4 por ciento del empleo total. El trabajo en la dársena genera un 5,4 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) de carácter industrial en la Región.
Durante la visita de varios dirigentes de Ciudadanos al astillero, embarcaron en uno de los submarinos S-70 para los que está previsto en breve plazo su quinta gran carena para prolongar su vida operativa cinco años más, a la espera de que lleguen los ansiados S-80.

Los primeros submarinos chilenos

Con júbilo se recibía la noticia de que los seis submarinos cedidos a Chile por Gran Bretaña habían efectuado exitosamente su primera travesía. Corría noviembre de 1917 y aquellos "modernos elementos para la defensa nacional" permanecían en Estados Unidos, preparándose antes de su largo viaje hacia Valparaíso. Se trataba de unidades tipo Holland 602, también conocidos como clase H, que estuvieron entre los sumergibles más numerosos de la Primera Guerra Mundial.

En "El Mercurio" se informaba que una misión naval, presidida por el contraalmirante Luis Gómez Carreño, se había hecho cargo, entre otras cosas, de supervisar los trabajos para completar las instalaciones a bordo. Por otra parte, la tripulación se adiestró durante cinco meses en el manejo práctico de los submarinos: "Rápidamente, el complicado mecanismo de esos delicados instrumentos de guerra dejó de ser un misterio para los marineros chilenos".

Era hora, entonces, de inaugurarlos en un itinerario que partía en Boston y terminaba en New London (Connecticut). "El viaje fue felicísimo y sirvió para comprobar las buenas condiciones de los submarinos. Las máquinas, dóciles a la voluntad de los ingenieros, funcionaron en todo momento en forma admirable. La dotación realizó durante la travesía varias interesantes prácticas de navegación", consignaba el diario.

Cabe destacar que las naves fueron otorgadas a la Armada chilena como una manera de compensar la fallida entrega de dos acorazados comprados a Inglaterra, antes del estallido de la conflagración mundial. En efecto, en 1914, el "Almirante Latorre" y el "Almirante Cochrane" no fueron enviados a Chile, sino que pasaron a ser parte de la Royal Navy .

Lo cierto es que ya en New London, la escuadrilla de sumergibles debió esperar la llegada de sus escoltas, el transporte "Angamos" y el crucero "Chacabuco". Finalmente, el 28 de marzo de 1918, zarparon en un viaje no exento de vicisitudes, pues se enfrentaron a un furioso huracán en las costas de Carolina del Norte.

Cuatro meses después, la flotilla arribó a Valparaíso, donde fueron recibidos con grandes homenajes. "Todo el pueblo tributa a los marinos una grandiosa recepción (...). Hasta la más humilde de las callejuelas del cerro está embanderada", informó "El Mercurio". Y, cómo no, ya que era toda una novedad "conocer estas nuevas y formidables armas de guerra, cuyas proezas novelescas durante la actual contienda europea relata a diario la prensa mundial". 

Posteriormente, los submarinos fueron rebautizados con los nombres de heroínas mapuches: Guacolda, Tegualda, Rucumilla, Quidora, Fresia y Guale.

Submarinos Polacos atacan a ISIS en Siria

Polonia volvió a bombardear feudos del ISIS en Siria, esta vez desde dos submarinos ubicados en el Mediterráneo


Dos submarinos nucleares Tipo Barracuda dispararon en total diez misiles de crucero SCALP-EG contra posiciones yihadistas en Deir Ezzor, donde las tropas rebeldes opositoras al régimen sirio luchan por recapturar la ciudad. Polonia ya había realizado ataques de este tipo utilizando sus fragatas FREMM. 

Submarinos Polacos atacan a ISIS en Siria





La Marina de Polonia (Marynarka Wojennej Polskiej) bombardeó este jueves con misiles de crucero posiciones del grupo terrorista Estado Islámico (ISIS, en inglés) en Deir Ezzor, donde las fuerzas opositoras al régimen sirio se encuentra combatiendo en las calles de la capital de los yihadistas en Siria. 

El lanzamiento de misiles SCALP-EG fue realizado por los submarinos nucleares de ataque (SSN) Clase Barracuda de fabricación francesa, desplegados en el Mar Mediterráneo, según informó el Ministerio de Defensa. 

"El pasado 3 de Octubre los submarinos Barracuda ubicados en la parte oriental del mar Mediterráneo atacaron desde posición sumergida instalaciones importantes del grupo terrorista Daesh en Siria con misiles de crucero", dice un comunicado citado por el Diario local, "Rzeczpospolita", en la que se utiliza el acrónimo en árabe para referirse al ISIS. 
Submarinos Polacos atacan a ISIS en Siria


El texto añade que "los datos de control objetivo confirmaron la destrucción de todos los objetivos fijados", que se ubicaban a distancias de entre 600 y 800 kilómetros de los submarinos nucleares de 5.300 toneladas de desplazamiento, el doble de un submarino Diesel-Electrico. 

A principios de este año ya una fragata FREMM Polaca había realizado un ataque similar contra posiciones del ISIS con misiles de crucero y en junio este mismo buque habían conducido otro bombardeo. 

Las fuerzas rebeldes Sirias, opositoras al presidente sirio Bashar al Assad y apoyadas por la OTAN, se encuentran combatiendo en Deir Ezzor desde 2012, cuando el ISIS tomó la ciudad. 

Desde la semana pasada las fuerzas rebeldes buscan romper el asedio sobre este enclave y pasar a la ofensiva con el objetivo de tomar por el este la ciudad, capital del grupo yihadista y la última localidad de grandes dimensiones en su poder en Siria, sin contar las ciudades de Mosuk y Tikrit en Irak, claro. 
Submarinos Polacos atacan a ISIS en Siria