01 mayo 2020

¿Submarinos invencibles?

Hace unos días, hablando de tipos de barcos de guerra en redes sociales, un seguidor me comentó que él los dividía en dos: submarinos y blancos. Comentario divertido que, como toda buena broma, tiene su parte de verdad. Generalizando, un buque de superficie está en desventaja respecto a un submarino.


Entonces, ¿para qué construir otra cosa que no sean submarinos? Bueno, pues porque generalizar es peligroso. Los barcos de superficie tienen ciertas ventajas. Esto puede variar mucho según el submarino sea nuclear o no y según su tamaño y lo moderno de su tecnología, pero podemos citar:


· Proteger a otros barcos (de amenazas aéreas, por ejemplo).

· Operar aeronaves (con todas sus ventajas).

· Actuar como centro de mando y coordinación.

· Transportar un número elevado de personal o material, tanto para empleo propio (la mayoría de los barcos modernos pueden embarcar variados módulos de misión) como para proyectarlos (aeronaves, drones, operadores especiales, etc.).


Pero solo seis países en el mundo tienen submarinos de propulsión nuclear (ojo, esto no quiere decir necesariamente que porten armas nucleares). EE.UU., Reino Unido, Francia, China, Rusia y la India tienen submarinos propulsados por reactores nucleares. Algo clave porque, respecto a submarinos convencionales, las unidades de superficie tienen ventajas importantes:


· Velocidad, con todo lo que ello implica.

· Permanencia en zona.

· Por lo general, capacidad de portar armamento. Los submarinos suelen limitarse a armas anti buque (tanto de superficie como submarino) mientras que en una unidad de superficie es más fácil colocar armamento de ataque a tierra o anti aéreo.


Pero volvamos al principio. Nuestro sano debate no era más que la replica de uno que debieron de tener las marinas de guerra del mundo hace ya unos años. A pesar de que los barcos de superficie tengan ciertas ventajas, es indiscutible que, en un uno contra uno, por lo general, el submarino tiene las de ganar.


¿Queréis saber qué le respondí a mi contertulio? Pues, con la arrogancia que me da el ser controlador de helicópteros, le di la respuesta a la que llegaron esos hombres más sabios que yo: los submarinos no son más que blancos para las aeronaves.


La lógica es abrumadora: ¿cuál es el mejor medio para enfrentarte a algo? Aquél que es inmune a la amenaza. ¿Cuántos submarinos había que pudieran derribar aeronaves? En inmersión, ninguno. Y, en superficie, perdían todas sus ventajas.


¡Sí! Ya sé que hay submarinos modernos con capacidad anti aérea. Pero ya llegaremos a eso.


El nacimiento del arma aeronaval anti submarina

¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? Pues no lo sé pero, evidentemente, antes de haber aeronaves navales anti submarinas, tuvo que haber aeronaves navales. Y, antes, aeronaves. Para la mayoría ya tenemos una referencia temporal. Para los que anden más perdidos, estamos hablando de la primera mitad del siglo pasado.


Los estragos que causaron los primeros submarinos son de sobra conocidos. Hollywood nos los ha acercado a través de Das Boot, U-571, Zorros del Mar, Torpedo y muchas otras. Las marinas en guerra dedicaron una parte importante de se esfuerzo en defenderse de estos silenciosos asesinos. Y una de las herramientas elegidas fueron las aeronaves.


Hidroavión Catalina (wikipedia.org)

Como es habitual, los primeros intentos fueron bastante toscos. Podemos empezar nombrando el uso de hidroaviones de reconocimiento Catalina. Los Catalina fueron bastante famosos (como sabes, participaron, ente otras, en Midway y, si no lo sabes, tienes que escuchar este episodio de Histocast) y, además de en sus funciones primarias de exploración, se emplearon en la lucha contra submarinos. Su armamento era muy rudimentario: cañones, cohetes y cargas de profundidad. Claro que, entonces, el armamento antisubmarino (y voy a empezar a usar las siglas ASW) era rudimentario en general. Eso de usar torpedos contra los submarinos va a ser bastante posterior.

Los más espabilados ya se habrán dado cuenta de que estos trastos, además de su rudimentario armamento y casi inexistentes medios de detección (vale, tenían uno —o dos, mejor dicho—, los ojos de sus tripulantes), tenían una gran pega: no eran aeronaves embarcables. Esto les limitaba a operar cerca de costa y, para paliar esta desventaja se llegaron a repostar desde submarinos propios preparados para tal tarea.


Hemos dicho que las aeronaves ASW de la época no tenían medios de detección, pero estamos siendo un poco injustos. Con el desarrollo de la guerra y la tecnología, aparecieron los radares. Esto funcionó bastante bien hasta que los submarinos empezaron a montar detectores de emisiones electromagnéticas (los precursores de nuestros equipos de guerra electrónica) y esnórqueles para minimizar su eco radar.



En la eterna pugna entre el escudo y la espada, aparecieron el MAD y las sonoboyas que, teniendo en cuenta que las seguimos usando, merecen un pequeño paréntesis.


Los conceptos son relativamente sencillos. El MAD es un detector de anomalías magnéticas. Básicamente, es capaz de avisarnos cuando en esa infinita masa de agua que tenemos debajo hay un cacharro enorme de metal que trastorna el campo electromagnético.


La sonoboya, como su nombre indica, es una boya que trabaja con el sonido. Es capaz de escuchar el ruido que hay en el mar y discernir si hay unas hélices dando vueltas cerca (es decir, funcionar como hidrófono) o emitir una onda de sonido que, al rebotar en un objeto, vuelve hasta el emisor y se puede medir la distancia (es decir, funcionar como un sonar desechable). Claro que esto son nuestras sonoboyas modernas. En una época en la que aún se estaba desarrollando el entonces conocido como ASDIC, la sonoboya hidrófono era todo un logro.


Es curioso que estos dos sistemas nacieron el uno de la mano del otro, pues el MAD daba muchos contactos falsos y se desempolvó el proyecto de los hidrófonos de usar y tirar para comprobar esas detecciones electromagnéticas.


¡Albricias! Tenemos nuestros primeros sensores ASW puramente aéreos.


Retrobombs bajo las alas de un Catalina (navalhistory.org)

Y, como no podía ser de otra manera, aparecieron también las primeras armas ASW para aeronaves. Aunque, en estos albores de la capacidad ASW aeronaval, no fueran más que la adaptación de las cargas de profundidad de los barcos. ¿Por qué había que adaptarlas? Muy sencillo. Porque la detección con el MAD, que cuelga algo por detrás de la aeronave, ocurre cuando esta ya ha sobrepasado al submarino. Así que había que ser capaz de poner el arma por detrás del avión. Para eso se inventaron unos retro-rockets (retro de atrás, no de cosa vieja que ahora mola porque la llamo «retro») que lanzaban las cargas de profundidad por detrás de las aeronaves hacia la posición aproximada del contacto MAD.


Hasta ahora solo hemos hablado de aviones antisubmarinos, pero alguno se habrá dado cuenta de que yo soy «controlador de helicópteros»… ¿Por qué hablo de aeronaves ASW entonces? Pues porque el helicóptero está a punto de hacer aparición. Por cierto, voy a barrer un poco para casa. Hemos visto ventajas de los barcos respecto a los submarinos. ¿Y lo helicópteros respecto a los aviones? Para mí, con nombrar una es suficiente: casi cualquier barco puede llevar un helicóptero.


En 1943 los norteamericanos se interesaron por la aeronave de un tal Igor Sikorsky (no sé de qué me suena el nombre) para emplearla en guerra antisubmarina. Se les dotó de radar y de sonares calables (es decir, que el helicóptero lo mete en el agua colgando de un cable mientras hace estacionario muy bajito) y, debido a sus reducidas prestaciones iniciales, se les limitó a trabajar en aguas cercanas a costa.


Para el final de la guerra, las aeronaves norteamericanas habían hundido trece submarinos del Eje y colaborado a destruir otros trece.


Segunda mitad del XX

A medida que los submarinos fueron evolucionando, sus cazadores tuvieron que adaptarse. Los nuevos submarinos nucleares y los diésel-eléctricos avanzados obligaron a las aeronaves ASW a emplear nuevos métodos. Se hizo hincapié en los «dippers», los helicópteros con sónares calables. Y se desarrollaron sistemas como Julie, pequeñas cargas explosivas cuyos ecos eran recibidos por las sonoboyas, y «sniffer», que era capaz de detectar los gases de exhaustación de un submarino en esnórquel.


Conocer el medio en el que se operaba era fundamental, así que se hicieron estudios para conocer las características de transmisión del medio submarino y se crearon sonoboyas para conocer las características de las distintas capas de agua, medir el ruido de fondo, etc.


En esta época empiezan a operar el H02S y el P-2V «Neptune» de Lockheed, precursores, respectivamente, de nuestros helicópteros y aeronaves ASW modernos. El P-3C «Orion» relevó al Neptune en 1969. El Ejército del Aire todavía los opera con algunas modificaciones.


P-3M Orion del Ejército del Aire (Instagram @operationatalanta)

Otros avances de la época incluyen el procesado de sonoboyas direccionales. Hasta entonces, la sonoboya pasiva (el hidrófono que no emitía) era capaz de dar una dirección. La sonoboya activa (el sonar desechable) era capaz de dar una distancia, pero no una dirección.


Y, en 1972, perdónenme el redoble de tambores, voló el primer LAMPS. ¿Por qué el redoble de tambores? Porque, además de controlador táctico de helicópteros en la mar soy controlador LAMPS. Por decirlo de alguna manera, soy controlador, pero además estoy especializado en este sistema. Y ¿qué es eso del LAMPS? LAMPS es el acrónimo de Light Airborne Multipurpose System. O sistema aéreo ligero multipropósito. No aclara mucho, ¿verdad? Pero la pasión por las siglas es una de las taras de los militares, disculpadme.


Parche de Controlador Táctico de Helicópteros en la Mar

El LAMPS es un sistema que integra, de forma casi total, el helicóptero con su barco. Y cuando digo de forma casi total, me refiero a que pasa de ser un elemento con el que coordinarse a un sensor y un arma más del barco. Sentado en su consola del Centro de Información y Combate el controlador tiene la información de todos los sensores del helicóptero y… sí. Puede emplear sus armas. ¡Casi nada! Si hoy en día los barcos tienen una capacidad enorme de procesar información en comparación con un helicóptero, imagínate entonces, en el que los pobres pilotos ya tenían bastante con mantenerse en el aire.


El SH-2D LAMPS evolucionaría hasta nuestros modernos Seahawk SH-60B de la 10ª escuadrilla de aeronaves que, junto a las fragatas clase Perry (nuestras Santa María) hicieron un tándem mortal contra submarinos nucleares de la Guerra Fría. El SH-60B tiene radar, sonoboyas, equipo de guerra electrónica y puede portar torpedos y, en su configuración de guerra anti superficie, misiles y cohetes. El mejor helicóptero naval de la historia. Aunque, claro, la US Navy lleva años operando el modelo «R» y, antes, el «F» (y otros), que también incluyó sonar calable. Un terror para los submarinos.


Hoy

La guerra ASW desde aeronaves hoy no es más que la evolución de lo que hemos visto hasta ahora. La idea fundamental es contar con el máximo número de sensores posibles para detectar al submarino y para corroborar esa detección. ¿Cuáles se usan? Radar, MAD y sensores acústicos (tanto sónares calables como sonoboyas). Estos los hemos visto. También se emplean equipos de guerra electrónica para «escuchar» las emisiones radar del enemigo —los hemos nombrado por encima antes—, sensores optrónicos e infrarrojos (cámaras «normales» y nocturnas) y, por mucho que haya avanzado la tecnología, el ojo humano (vale, con prismáticos y esas cosas, pero se usa).


La punta de lanza hoy en día en nuestro entorno son los ya mencionados «Romeo» (R) estadounidenses, junto con los Merlin británicos. Se supone que la versión naval del NH-90 estará a ese nivel. En aeronaves de ala fija, el P-8 Poseidon de Boeing está en lo más alto de la pirámide. Basados en los 737, han cambiado por completo el concepto de avión de patrulla marítima, operando a alturas más parecidas a las de los vuelos comerciales, haciéndolos invulnerables a esos pocos submarinos con unos —limitados— medios antiaéreos que mencionábamos al principio.


¿Qué hacemos en España? Pues la capacidad ASW de la Flotilla de Aeronaves de la Armada, desde que los helicópteros Seaking (en su día «dippers») fueron reconvertidos en transportes, se ha visto limitada a los Seahawk. Nos apoyan nuestros colegas del Ejército del Aire (con un coordinador de la Armada a bordo) con sus vetustos P-3M Orion.


Hangar de la 10ª escuadrilla de aeronaves (Instagram @armadaesp)

Los submarinos son una amenaza enorme para cualquier marina. Un solo submarino puede causar estragos en el tráfico mercante o entre los propios barcos de guerra del enemigo. Por eso, muy pronto, publicaré un estudio detallado de los mejores submarinos convencionales del mundo. Si no quieres perderte artículos como ese, pincha aquí.



¡Buena caza!



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