05 febrero 2021

104 años de la Guerra Total Submarina

 

La Gran Guerra también se libró en el mar. Y de hecho, fue el mar y concretamente la lucha bajo la superficie la que empujó a Alemania a la derrota. La estrategia de la guerra submarina, un clavo ardiendo para los alemanes, acabó siendo una de las principales causas de su derrota contra los aliados.

Los U-boots alemanes sofisticaron una nueva guerra. Lobos de mar al acecho y la caza de buques cambiaron tácticas que todavía perduran. A pesar de su derrota, los alemanes ensayaron la guerra naval moderna. Precisamente, este 1 de febrero se cumplen 100 años de la aplicación de la guerra submarina total que declaró el Káiser Guillermo II de Alemania. Una orden que se gestó después de un gran debate del alto mando alemán sobre su conveniencia y después de haberla testado en octubre de 1914.

La “guerra total submarina” no sólo era una cuestión sobre vulnerar la convención de La Haya -que ordenaban no atacar un buque sin previo aviso- sino un argumento definitivo para que Estados Unidos entrara en Guerra. Una posibilidad que atemorizaba a cierto número de generales alemanes.

El 9 de enero de 1917, el Káiser Guillermo II de Alemania, tomó la decisión de ir a por todas y dar carta blanca a los U-booten (abreviatura de Unterseeboot -nave submarina), como a finales de 1914. El Káiser declaró la guerra submarina total. Esta orden dejaba claro a los oficiales alemanes que cualquier buque podía ser atacado sin previo aviso.

Guillermo II basó la orden de guerra indiscriminada submarina en un informe del almirante Henning Von Holtzendorff en el que calculaba que si se hundían 600.000 toneladas mensuales de buques aliados, el Reino Unido se rendiría en medio año. Unos cálculos que espoleaban el alto mando alemán que confiaban en los submarinos como arma definitiva para ganar la Guerra. Además, había que rearmar la moral de los alemanes decaída por derrotas en la guerra marítima de superfície como en la batalla de Heligoland o bien el desgaste de la Batalla de Jutlandia.

A pesar del hostigamiento alemán, el imperio británico resistía y los alemanes no podían romper el duro bloqueo impuesto por el almirante John Jellicoe y las tácticas del vicealmirante David Beatty. En este panorama, Alemania apostó por la guerra total y el resultado asustó a los aliados. Con más de 100 U-boot, tres meses después uno de cada cuatro mercantes que navegaban para los aliados era hundido.

Los submarinos alemanes presentaban un balance extraordinario: si en enero habían hundido 368.000 toneladas, en febrero, con la batalla sin cuartel, hundieron 554.000 toneladas; en marzo fueron 600.000, y en abril 881.000 mil. El fuego submarino alemán acabó muriendo de éxito a pesar de haber hundido medio millón de toneladas mensuales de media.

Los ataques indiscriminados acabaron de convencer al presidente norteamericano, Woodrow Wilson, de entrar en guerra. El 4 de abril declaró la guerra a Alemania y, con ello, despertó un gigante que no tuvo reparos en demostrar su poderío. Por otra parte con la guerra submarina a discreción Alemania perdió complicidades con la opinión pública internacional.

Cabe añadir un tercer factor que acabó por apuntillar la guerra naval alemana como fue el cambio de defensa naval aliada, con convoyes de protección y nuevas armas antisubmarinas que restaron eficacia al factor sorpresa y de camuflaje de los submarinos. La temida Marina Alemana perdió la guerra con un episodio legendario: el hundimiento de los buques ordenado por el vicealmirante Ludwig Von Reuter para evitar que cayeran en manos de los vencedores

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