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02 abril 2016

Von Arnauld, el hombre récord del océano

Su nombre, de resonancia cantarina, arrastra, como los de los grandes matarifes, una gran nube de pólvora. Nadie, quizá en esa guerra, mantiene bajo su sombra un número tan elevado de muertes, aunque, su prestigio, cosas de la historia del hombre, no está tan ligado al estudio del horror universal como al de la estrategia. Revisando la vida de Lothar von Arnauld de la Perière, sus números y victorias, uno se siente tentado a tratarlo todo con la frivolidad que envuelve a las gestas del deporte. Es tan impresionante la estadística, con tantas magnitudes, que enseguida se olvida que no son tiros a canasta o carreras de cien metros, sino ataques brutales, con muertos reales, los que sobresalen de sus méritos militares. Von Arnauld disparó y acertó más que nadie, pero también manejó el submarino mejor que nadie. Y eso lo convierte automáticamente en un portento. Aunque sin abandonar del todo la vía macabra. 
Con el U35, la máquina que tumbó al Namur, el marinero alemán sembró una leyenda que casi opaca en su globalidad la de la propia batalla. Su palmarés en destrucción sigue siendo inigualable: está constatado que se encargó de derribar a un total de 193 barcos, además, de buques de guerra. Como prueba de su destreza, nada más que la campaña de 1916, en la que en apenas cinco semanas consiguió hundir 54 naves. Y, además, disparando sólo 4 torpedos, lo que habla con claridad de su capacidad para manejar el resto de arsenal ofensivo del que estaban compuestos los submarinos.
Del número de tripulantes que sucumbieron a la habilidad y ferocidad de Von Arnauld apenas existen datos. Pero el cálculo se vuelve fiero si se tiene en cuenta que nada más que en una de sus conquistas desaparecieron 1.300 personas. 
Los registros aluden a marcas de enciclopedia. El marino alemán alimentó la boca insaciable del mar con 459.679 toneladas de materia. Principalmente, durante la Primera Guerra Mundial, porque en la posterior, aunque participó, ya no tuvo un papel tan protagónico. Sobre todo, a raíz de 1941, cuando, después de haber pasado a la reserva e, incluso, de convertirse en instructor para la academia turca, se estrelló en una avioneta cerca del aeropuerto de Le Bourget, en París. El pistolero más temido de la mar muerto en el aire. La historia y sus paradojas heroicas.
Von Arnauld, el hombre récord del océano
Von Arnauld, el hombre récord del océano

Lucas Martín para la Opinión de Malaga

11 octubre 2014

von Arnauld, el más letal "cazador de navíos"

Portugal redescubre a von Arnauld, el más letal "cazador de navíos"
Portugal redescubre a von Arnauld, el más letal "cazador de navíos"
Pocos sabían que hace casi un siglo el alemán von Arnauld logró hundir cuatro navíos cerca de la soleada costa del Algarve portugués. Esta y otras historias sobre la Primera Guerra Mundial salen ahora a la luz gracias a unos trabajos arqueológicos que se están efectuando en aguas lusas.
A solo tres años de que se completen los cien años del documentado hecho, la Marina portuguesa se ha afanado en recuperar restos de embarcaciones que aún yacen en el fondo del mar de la costa lusa de Sagres.
A remolque de estos trabajos iniciados el pasado septiembre y que acabarán en 2018, han florecido historias como la de Lothar von Arnauld de la Perière, quien un 24 de abril de 1917 llegó a interceptar dos navíos noruegos, uno danés y un velero italiano al mando de un U-35.
Gracias a esta y otras conquistas, von Arnauld (1886-1941) está considerado, hasta el día de hoy, como el comandante de submarinos más exitoso de la historia, con casi dos centenas de embarcaciones hundidas.
La relación entre los restos de navíos existentes en la costa de Sagres y las embarcaciones hundidas durante la guerra (1914-1918) fue sugerida hace 10 años por el historiador Paulo Costa.
El objetivo del actual proyecto consiste en separar el trigo de la paja para identificar qué pecios corresponden a los "trofeos" del comandante alemán y cuáles no.
"Tenemos que investigar y caracterizar los restos con un grado de seguridad suficiente", declaró a EFE el historiador Jorge Russo, uno de los coordinadores del proyecto.
El velero italiano Bienaimé Prof Luigi, encallado a unos 650 metros de profundidad, es uno de los que plantea más interrogantes por la ausencia de restos inequívocos.
Russo contó que el velero pudo caer de una profundidad menor, en una meseta acuática, a otra más profunda.
"Encontramos tres anomalías geofísicas que pueden sugerir que el velero estuvo en el área", señaló Russo.
También se halló una estructura de madera que puede haber pertenecido al velero.
El SS Nordsöen, uno de los navíos hundidos en el mismo día, ya fue identificado, mientras los otros dos, el SS Torvore y el SS Vilhelm Krag, están en vías de identificarse, aunque aún no haya datos definitivos que confirmen que fueron hundidos por el U-35.
Bajo el mando de Von Arnauld, este sofisticado aparato se situaba en Sagres por ser el punto de conexión entre el Océano Atlántico y el Mediterráneo.
Para los dos bandos de la Gran Guerra, Portugal era un espacio estratégico por su privilegiada posición geográfica.
Otro dato curioso es la existencia de imágenes de ese 24 de abril de 1917 realizadas desde el submarino alemán, gracias a un cineasta que decidió hacerlas para utilizar en una película de propaganda.
El equipo de investigación también localizó a un familiar de uno de los tripulantes del submarino, Richard Berger.
Allan Hunt, sobrino-nieto de Berger, proporcionó fotografías inéditas del día a día en el U-35, contó Russo.
"Queremos humanizar esos hechos, contar la historia de la gente que construyó y navegó en esas embarcaciones. Sin ello, no dejan de ser meros objetos", aclaró el historiador.
Uno de los resultados de la investigación será el impacto positivo en la economía local.
Sagres, pequeña localidad costera escuela de grandes navegantes lusos, puede aprovechar los escombros hallados para convertirse en un reclamo turístico.
Según Russo, el día que investigaban el SS Vilhelm Krag, conocieron a seis turistas ingleses que fueron a Portugal con el propósito de bucear cerca de las ruinas para conocer de cerca la historia del "caza-navíos" von Arnauld.
eldiario.es

02 noviembre 2013

Lothar von Arnauld en Galicia


El más grande cazador de barcos que ha conocido la historia tiene nombre alemán, o casi. Lothar von Arnauld de la Perière fue un comandante de submarinos alemán de la Primera Guerra Mundial, de nombre aristocrático, de origen francés, pero trato sencillo, capturó o envió al fondo del mar a 195 buques enemigos, con un total de 455.869 toneladas
Fue el submarinista más condecorado, recibiendo la más alta distinción germana, la Orden Pour le Mérite. Convertido en héroe nacional en Alemania, sobrevivió a la guerra y falleció en un accidente de aviación en París en 1941 con el grado de almirante.
En muchas referencias se indica que sus éxitos militares se produjeron en exclusiva en el Mediterráneo, a bordo de su exitoso U 35. En realidad cinco de sus victorias tuvieron lugar en el Atlántico, tres en las aguas que rodean Galicia, frente a la Costa da Morte, en el más moderno y capaz U 139 en las postrimerías de ese conflicto.
Una de sus víctimas, a punto estuvo de costarle la vida, a él y a toda su tripulación. A la altura del cabo Villán, en su flamante sumergible, el comandante Lothar von Arnauld avistó y atacó un convoy, en superficie ¡a cañonazos!, consiguiendo averiar gravemente a dos vapores. Cuando la escolta los obligó a sumergirse, iniciaron un ataque con torpedos.
Así lo relata:
«? el ruido de las hélices parece alejarse y el U 139 sube lentamente a la superficie hasta sacar el periscopio; al mirar veo una sombra próxima y en buena posición para ser torpedeado. No pierdo un solo instante:
-Tubo uno de proa, ¡fuego!
El torpedo sale del tubo y volvemos en seguida a mayor profundidad; no ha pasado ni un minuto cuando oímos sobre nosotros una terrible explosión que hace vibrar todo el submarino. Sentimos una terrible sacudida y las luces se apagan, el agua comienza a entrar a bordo y el submarino escora fuertemente, con un balanceo continuo».
Ocurrió que habían torpedeado a uno de los vapores previamente averiados en el ataque en superficie y que este, ya tocado, se había hundido como una piedra al recibir el torpedo cayendo sobre el submarino que pasaba justamente por debajo de él. El mercante arrastraba inexorablemente al submarino a profundidades donde sería destrozado por la presión.
Solo queda una solución que, sin embargo, los pondrá en manos de los escoltas que están arrojando cargas de profundidad en superficie buscando venganza:
-«¡Aire a todos los tanques!», ordena Von Arnauld, con la voz más tranquila que puede impostar.
El submarino se detiene en el acto y el buque condenado se desliza literalmente sobre su costado hacia su tumba.
El aire inyectado en los tanques los impulsa hacia la superficie como una pelota, a una velocidad endiablada. Pero una vez más la suerte está de su lado, la oscuridad de la noche los enmascara frente a la escolta del convoy, y aunque tienen una vía de agua en la torreta, las superestructuras arrancadas y los periscopios rotos, consiguen alejarse de aguas tan peligrosas.
Al día siguiente un mercante portugués llegó a reparar a los hombres con vino de Oporto y al submarino con un cargamento de cemento con el que taponar las vías de agua.
El buque de la Armada portuguesa Augusto de Castilho sería la última víctima de este submarino poco después en las inmediaciones de las islas Azores tras un combate heroico.
El vapor que casi acaba con el héroe nacional alemán era -es, porque todavía está allí, hundido a 150 millas al nornoroeste de cabo Vilán- el italiano Manin, de matrícula de Génova y que desde Águilas (Murcia) se dirigía a Glasgow (Reino Unido)
Otro vapor hundido por el U 139 en este ataque fue el británico Bylands, de 3309 TRB, que iba de Bona a Dublín con fosfatos. El trawler de la Royal Navy HMS Perth resultó dañado por fuego de cañón.
Miguel San Claudio
La Voz de Galicia