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05 agosto 2022

Espionaje tecnológico: el increíble rescate de un submarino soviético organizado por la CIA

 En la madrugada del 11 al 12 de marzo de 1968, hidrófonos emplazados en el fondo del Pacífico detectaron dos explosiones subacuáticas. Midiendo el retardo registrado por cada estación pudieron establecer su origen y probable naturaleza: un submarino acababa de sufrir una terrible catástrofe justo sobre el meridiano 180º, la línea internacional de cambio de fecha, unos 2.000 kilómetros al sudeste de la punta de la península de Kamchatka.

Era soviético, concretamente el denominado K-129, que hacía pocos días había abandonado su base de Petropavlosk en patrulla de rutina. Se trataba de un modelo diésel no especialmente moderno pero sí agresivo: iba cargado con tres misiles nucleares de un megatón, cada uno capaz de arrasar una ciudad.

El almirantazgo soviético envió inmediatamente buques de rescate a la zona donde estimaban se había producido el hundimiento, un movimiento que alertó a los servicios secretos occidentales. Pero la operación no tuvo éxito. La profundidad del océano en la zona era de casi 5.000 metros. Tras dos meses de intentos infructuosos, la búsqueda se suspendió. El K-129, con su tripulación de 83 hombres, se dio por perdido sin que se hubiesen podido determinar las causas del siniestro.

‘Peces’ espías

El incidente intrigó a la Marina estadounidense lo suficiente como para investigar lo sucedido. Seis meses después envió a la zona otro sumergible, el Halibut, con la misión de localizar y fotografiar los restos que debían encontrarse en la posición marcada por los hidrófonos.

El Halibut era un antiguo submarino nuclear adaptado para dedicarlo a “operaciones especiales”. Una forma elegante de decir “espionaje”. Se desmontó la rampa de lanzamiento de misiles y se reforzó con un equipo que ningún otro sumergible tenía: sistemas de precisión para orientación por satélite, sonar de última generación y una computadora Univac. Y también un par de cápsulas de exploración controladas por cable. Los llamaban, muy adecuadamente, “los peces”. Peces que pesaban dos toneladas y habían costado cinco millones de dólares cada uno.

Imagen del submarino estadounidense 'Halibut' tomada en 1965.
Imagen del submarino estadounidense 'Halibut' tomada en 1965.U.S. NAVY

Durante dos meses, el Halibut estuvo yendo y viniendo por la zona donde se había detectado la explosión, arrastrando un “pez” en busca de los restos del K-129. No era una operación fácil. El robot debía sobrevolar el fondo a pocos metros de altura, lo cual exigía un cable de remolque de más de ocho kilómetros. El submarino estaba obligado a mantener un rumbo y velocidad exquisitamente precisos, so pena de empotrar su carga contra el suelo. Para evitar obstáculos, en la oscuridad más absoluta, el “pez” disponía solo de los pulsos que su sonar enviaba a los controladores del Halibut. También llevaba unas cámaras y focos para grandes profundidades, pero el haz solo iluminaba un área limitada del fondo. En aquel pequeño rectángulo de luz deberían aparecer en algún momento los restos del naufragio.

El equipo registró decenas de miles de fotografías del fondo. La mayoría anodinas, aunque en alguna aparecía algún pez abisal despistado. Pero por fin, el esfuerzo dio fruto: una de las imágenes mostraba parte de la torreta de un submarino. Estaba tan cerca que hubo que montar un mosaico de varias fotos para tener una vista de conjunto.

Era el K-129, que yacía en el fondo sobre su costado de estribor. Estaba partido en dos: La sección de proa tenía unos 30 metros de longitud. La de popa, con el equipo de propulsión, había ido a parar a unas decenas de metros de distancia. La parte la torreta, en donde debían estar los tres tubos verticales lanzamisiles, estaba dañada. Uno había desaparecido, quizá por efecto de una explosión; el segundo parecía vacío, pero el tercero conservaba el precinto que protegía al misil. Y en el interior del casco debían encontrarse todavía otros equipos de interés como los transmisores encriptados y los libros de códigos.

El interés de la CIA y Nixon

Los mandos norteamericanos debatieron sobre la posibilidad de abrir un boquete que permitiera entrar a un robot submarino y quizá recuperar algún elemento. Pero la idea se abandonó pronto. El posible botín no justificaba lo caro y complicado de la operación. El K-129 era un submarino antiguo. En el tiempo transcurrido desde su hundimiento, gran parte de sus equipos —en especial los misiles— habían quedado obsoletos.

Hasta ese momento, era la Marina quien había llevado el control de la operación. Pero cuando la CIA supo del descubrimiento, sus especialistas concibieron un plan mucho más osado: recuperar toda la sección de proa del submarino junto con su contenido, misil y torpedos incluidos.

El proyecto llegó a oídos de Henry Kissinger, consejero de seguridad nacional, y de ahí, al presidente, Richard Nixon. Ambos se mostraron entusiasmados y así empezó una operación digna de las mejores novelas de espías.

La CIA encargó la construcción de un barco enorme que serviría como plataforma desde donde izar el submarino. Con 180 metros de eslora, era más largo que un destructor de la época, su superestructura estaba coronada por una torre similar a las perforadoras de pozos petrolíferos, y a proa y popa disponía de hélices empotradas en el casco para permitirle ajustes finos de posición cuando estuviese fondeado.

El barco 'Hughes Glomar Explorer', usado por la CIA para recuperar el submarino soviético.
El barco 'Hughes Glomar Explorer', usado por la CIA para recuperar el submarino soviético.U.S. GOVERNMENT

El proyecto recibió la calificación de máximo secreto pero, naturalmente, la construcción de un barco tan peculiar no pasaría desapercibida, así que había que buscar una pantalla que ocultase su verdadera misión. La CIA la encontró en alguien que tenía catalogado como un patriota digno de confianza: Howard Hughes, el paranoico millonario que vivía recluido en la última planta del Desert Inn de Las Vegas. Hughes aceptó constituir una sociedad pantalla dedicada a prospecciones minerales en el lecho del mar. Para dejarlo bien claro, el barco llevaría su nombre: Hughes Glomar Explorer. Oficialmente, no era más que una plataforma para recoger nódulos de manganeso en el fondo del Pacífico.

Al mismo tiempo, la agencia había contratado otra pieza vital: Lockheed Aircraft. Esta compañía tenía experiencia en trabajos muy reservados entre los que figuraba la construcción de los míticos aviones espía U-2 y SR-71. Lockheed se encargaría de preparar el mecanismo de la enorme garra capaz de asir el submarino para subirlo a la superficie. El artilugio se llevaría hasta el Hughes Glomar Explorer en una barcaza sumergible para poderlo instalar por debajo de su quilla sin miedo a miradas curiosas, y una vez terminada la operación, esa misma balsa serviría para esconder el trofeo.

Tras casi cuatro años de preparativos y una larga travesía, el Hughes Glomar Explorer llegó al punto donde debía realizar su trabajo en el verano de 1974. Era una época de relativa calma en el océano, calma que no duraría más allá de unas pocas semanas. Ante todo, había que asegurar que el barco permanecería siempre sobre su objetivo. Se instalaron balizas sónicas en el fondo y también conexión con satélites de navegación. No existía aún el GPS; solo satélites militares Transit que funcionaban esencialmente aprovechando el efecto Doppler y ofrecían menos precisión que un navegador de automóvil actual.


Curiosidad rusa

La garra de captura no bajaría colgada de un cable, sino de un tubo rígido compuesto por secciones de nueve metros, almacenadas ordenadamente en la bodega. Cada nueva sección se ensamblaba utilizando la “torre de perforación” situada en el centro del buque. Una grúa la entraba verticalmente por la parte superior y una mordaza la asía y roscaba con la sección inmediatamente inferior. Toda la estructura podía inclinarse para compensar el balanceo. El sistema estaba inspirado en los taladros utilizados en prospecciones petrolíferas aunque, naturalmente, nunca se había intentado trabajar a 5.000 metros de profundidad.

Justo cuando la operación estaba a punto de empezar, el Hughes Glomar Explorer recibió la vista de un buque oceanográfico ruso. Iba erizado de antenas, lo cual sugería un interés que superaba el mero aspecto científico. Pero la explicación oficial de que se trataba de un ensayo de minería submarina bastó para convencer a su capitán, que se retiró deseándoles suerte.

Llegar al fondo representaba ensamblar más de 500 secciones de tubo. A seis minutos por sección y contando con inevitables retrasos, la operación requeriría semanas. Cuando ya se había pasado el nivel de los 1.000 metros, apareció una nueva visita: un remolcador de altura ruso, igualmente intrigado por aquel extraño barco. De nuevo, las explicaciones resultaron convincentes. Aunque los soviéticos hubiesen lanzado buceadores, solo hubiesen visto un largo tubo hundiéndose en las profundidades, algo perfectamente inocente. Eso sí, el remolcador seguiría en la zona, curioseando durante días mientras se desarrollaban las operaciones de “minería”.

Por fin, el mecanismo de captura llegó a colocarse exactamente sobre el submarino gracias al ajuste que proporcionaban varias hélices movidas por motores eléctricos. No era una simple garra, sino un armazón de cuatro patas que se apoyaría en el fondo mientras las mordazas se cerraban en torno al casco del submarino. Unos pistones hidráulicos deberían arrancarlo del suelo sin forzar el largo tubo de izado. Cámaras de vídeo y sonar permitirían seguir todo el proceso desde cinco kilómetros más arriba.

La debilidad de la garra

Así empezó el lento ascenso de la presa. Para aligerar la carga, las patas y pistones se abandonaron en el lecho marino. Llevaría más de dos días de esfuerzos mientras el barco crujía bajo el peso combinado del submarino y el tubo de izado. De repente, cuando ya se habían recorrido más de dos kilómetros en vertical, cedieron parte de las uñas de sujeción. El casco del sumergible, ya muy debilitado, se partió en dos: la sección de mayor tamaño volvió a hundirse en las profundidades, llevándose consigo el compartimento de misiles. Al impactar contra el fondo, se fragmentó en cientos de pedazos, irrecuperables. En las mordazas solo quedó un trozo relativamente menor, que fue izado a bordo.

Al inspeccionar su interior se encontraron algunos torpedos, pero no equipos de comunicación ni libros de códigos. Al menos, esa es la versión oficial de la CIA. También los restos de seis tripulantes, cuatro de los cuales pudieron ser identificados. A bordo del Hughes Glomar Explorer se celebró un funeral según las tradiciones rusa y americana, y los cuerpos fueron devueltos al mar. La ceremonia fue filmada por el personal de la agencia y entregada años después a las autoridades rusas. La película del resto de la operación sigue sin divulgarse.

La recuperación del submarino K-129 resultó un alarde tanto desde el punto de vista técnico como por el hecho de haberse realizado en el más absoluto secreto. Y así se hubiera mantenido de no ser por algunas filtraciones en la prensa que destaparon la operación en marzo de 1975. Desde entonces, muchos han sido los intentos por conocer detalles de lo que se había conocido bajo los nombres clave de “Azorian” o “proyecto Jennifer”. Con los años se han escrito media docena de libros basados en entrevistas con quienes fueron protagonistas de primera mano. La CIA ha publicado también una versión muy genérica, todavía con párrafos censurados. Pero la historia real, completa, permanece oculta en algún archivo de alta seguridad.


16 julio 2021

K-129, ROBANDO UN SUBMARINO SOVIÉTICO HUNDIDO

 Esta 

es una de esas historias en las que la realidad supera la ficción con creces, incluyendo cualquier película de James Bond la novela de Tom Clancy “La caza del Octubre Rojo”, inspirada en estos hechos. 

Como explicábamos en el artículo sobre el incidente de Palomares, en el que se produjo un Broken Arrow en plena población almeriense (1966), durante la Guerra Fría la NATO/OTAN se había propuesto mantener siempre en vuelo, las 24h del día, varios bombarderos B-52 cargados con bombas termonucleares, rodando las fronteras de la Unión Soviética. 

La URRS hacía lo propio mediante una flota de submarinos armados con misiles balísticos nucleares enviando de vez en cuando un bombardero Bear sobrevolando Europa Alaska por el estrecho de Bering, para testar las defensas de la OTAN.

La idea era la misma; mantener siempre varios artefactos nucleares cerca de las fronteras enemigas, de forma que pudieran ser lanzados en ataques preventivos antes que lo hiciese la oposición. 

10EL SUBMARINO SOVIÉTICO K-129

Uno de esos submarinos soviéticos cargados con misiles balísticos era elK-129, clase Golf II, con matrícula militar 722, entregado la marina soviética en 1959. 

Este no era un submarino nuclear tal como se entienden hoy en día. Su planta motriz no era un reactor nuclear, era un motor diesel-eléctrico, similar los que se usaron durante la Segunda Guerra Mundial

k-129 Golf II
Un submarino soviético de la clase Golf II, similar al K-129. Esta imagen fue tomada el 12 de Octubre de 1985. La URRSS mantenía operativos submarinos de 1959 con capacidad nuclear, 26 años después de ser fletados.

Esto significaba que los submarinos Golf II estaban ya anticuados, por lo que la URRS vendió la tecnología, incluyendo los misiles balísticos, a China en 1959. Los chinos construyeron en 1966 al menos un Golf II que sigue hoy en día en activo. 

Un segundo acontecimiento relevante es que partir de 1956 se empezó a gestar la ruptura Sino-Soviética. Hasta 1956 eran dos países aliados. A partir de este año las relaciones bilaterales se fueron agriando, alcanzando el momento de tensión máxima en el incidente de la isla de Zhenbao (1969). 

9LA ÚLTIMA PATRULLA DEL K-129

En Febrero de 1968, el K-129 recibía órdenes para realizar su tercera patrulla de combate por el Océano Pacífico, partiendo de la base naval de Rybachiy en la península de Kamchatka, al mando del capitán Vladimir Kobzar, con el capitán Alexander Zhuravin como su segundo al mando, “XO” en argot militar. 

Las ordenes llegaban de forma apresurada porque tan solo habían pasado semanas desde su anterior patrulla. Un tiempo muy ajustado como para reparar la nave, reaprovisionarla dejar que la tripulación descansase. Lanzar un submarino con tan poco plazo no era habitual. 

La 2ª peculiaridad de esta misión, es que el día que iban partir, el capitán la tripulación, una dotación de 98 hombres en total, se encontraron esperando en el muelle un grupo de misteriosos pasajeros con órdenes de embarcar. 

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El capitán Vladimir Kobzar junto parte de su tripulación.

Durante la época soviética era normal que cada nave llevase uno varios comisarios políticos, plenamente autónomos independientes de capitán tripulación, que hacían de informantes para la comandancia naval, vigilaban que toda la misión se llevase acorde con el bien pensar soviético se encargaban de tomar decisiones políticas si se presentaba la situación. 

Llevar más pasajeros de lo habitual no auguraba nada bueno porque implicaba tener que realizar algún tipo de maniobra arriesgada como desembarcar espías cerca de la costa enemiga o meterse en operaciones encubiertas. 

En la última conversación que tuvo el capitán Kobzar con su mujer, expresó el mal presagio que le estaba causando aquella patrulla y se despidieron entre lágrimas.

Se ha especulado que el grupo de siniestros individuos perteneciesen al OSNAZ, fuerzas especiales de élite, fanáticas del régimen soviético. 

Tras partir, en altamar se abrían las órdenes del submarino, que eran aproximarse 800 millas náuticas (1481km) a las costas de Hawaii, armado con misiles nucleares SS-N-5 Serb. 

8LA ESTRATEGIA SUBMARINA DURANTE LA GUERRA FRÍA

Durante la Guerra Fría los submarinos soviéticos aliados se enfrentaban en una especie de juego del gato el ratón. Cada bando intentaba acercar misiles balísticos lo más posible las costas enemigas, en este caso Hawaii, para poderlos disparar en caso de que estallase la guerra. 

El bando contrario, intentaba localizar submarinos enemigos aproximar sus propios submarinos las naves enemigas para torpedearlas en caso de guerra en caso de realizar alguna operación sospechosa, como abrir las compuertas de los misiles nucleares, antes de que pudieran ser disparados. 

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Situación típica de dos submarinos enemigos durante la Guerra Fría, en la que uno acababa pegado la cola del otro, en completo silencio. Cuando el que iba delante era un submarino soviético, solía realizar una maniobra denominada por la NATO “Crazy Ivan – el loco Ivan”, que consistía en un giro abrupto repentino para “mirar detrás”, ya que el sonar no podía detectar naves enemigas situadas en la popa causa de la distorsión que producían las hélices.

Siguiendo esta táctica, era posible que un submarino americano acabase casi pegado otro submarino soviético, con ambas tripulaciones manteniendo completo silencio para que no pudiesen detectar su posición exacta mediante audiófonos.

7LA URRSS PIERDE UN SUBMARINO ARMADO CON MISILES NUCLEARES

El K-129 llevaba motores mecánicos eléctricos. Esto implicaba que cada 12 horas, la nave tenía que emerger durante un tiempo para recargar las baterías eléctricas con los motores diesel. 

Este tiempo se aprovechaba para realizar contactos regulares por radio con la base naval de Kamchatka en los que se informaba sobre la posición del submarino, incidentes, se recibían noticias nuevas órdenes.

El de Marzo de 1968, el K-129 no efectuó el contacto previsto para ese día partir de entonces, no volvió a dar señales de vida. La URRSS acababa de perder un submarino armado con misiles balísticos. 

Las posibilidades más probables eran que hubiese sufrido una avería en sus sistemas de comunicación que se hubiese hundido a causa de un accidente. 

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Mapa de la situación en el Océano Pacífico. El cuadro en la parte superior izquierda es el area que tenía que estar patrullando el K-129. Abajo, Hawaii. Entre las islas la zona designada de patrulla, una pequeña embarcación de la Universidad de Hawaii, encontró flotando en el mar una mancha de combustible contaminado con radiación.

Peor aún, podría haber sido hundido tras ser torpedeado por el enemigo, lo que pondría al mundo al borde de la 3ª guerra mundial, o como en el libro de Tom Clancy, tal vez el capitán la tripulación se hubiesen revelado decidiendo actuar por su cuenta para desertar lanzar un ataque nuclear preventivo por puro fanatismo.

La tercera semana de Marzo de 1968, la Unión Soviética lanzó una operación masiva de búsqueda en el Océano Pacífico, poniendo en alerta máxima las fuerzas de la OTAN. 

Los estadounidenses empezaron revisar los datos recabados por un sistema de vigilancia submarina llamado “SOSUS – Sound Surveillance System”, compuesto por escuchas acústicas sonar pasivo, con el que vigilaban los movimientos de las naves soviéticas.

Los datos SOSUS identificaron un posible evento el de Marzo. Tras ser analizados, posibilitaron realizar una triangulación, posicionando el lugar de origen 320 millas náuticas (592km) al noroeste de la isla de Oahu, Hawaii con un margen de error de millas náuticas. 

En las inmediaciones, un pequeño barco de investigación oceanográfica de la Universidad de Hawaii, encontró flotando una mancha de combustible con contaminación radiactiva, prácticamente en el mismo punto triangulado con los datos SOSUS. 

Los soviéticos no contaban con un sistema de vigilancia como el SOSUS por lo que tras dar palos de ciego durante varias semanas, abandonaban las labores de rescate y volvían poner su flota en el nivel de alerta habitual.

6PROYECTO AZORIAN, ROBAR UN SUBMARINO SOVIÉTICO HUNDIDO

El 20 de Agosto de 1968, el submarino estadounidense USS Halibut, localiza el pecio del K-129 hundido 4900 metros de profundidad en el área triangulada. Remolcando un batiscafo sumergido, se logró tomar 20000 fotografías todo detalle de los restos.

El K-129 reposaba en el lecho marino ladeado sobre la parte de babor, muy dañado, casi partido por la mitad, deformado por la presión del mar, con una de las compuertas de lanzamiento abierta medio misil nuclear SS-N-5 Serb sobresaliendo.

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Imágenes reales del K-129 hundido tomadas por el USS Halibut dispuestas modo de “collage”. En esta compsición se ve la torre vela del submarino parte de un misil balístico sobresaliendo de uno de sus tubos.

Esto significa que el K-129 se había desviado 400 millas al sur de la ruta que tenía asignada que en el momento del hundimiento estaba disparando un misil balístico. 

El submarino en sí, no tenía demasiado interés porque era tecnología anticuada pero recuperar el misil el sistema de comunicaciones encriptadas, que había sido recientemente actualizado, junto los últimos códigos secretos soviéticos, eran muy tentadores. 

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Recreación del K-129 hundido. El casco estaba casi partido por la mitad. Uno de los misiles nucleares sobresale los tubos como si lo estuvieran disparado en el momento en el que el submarino se fue pique. Recuperar los misiles todo el contenido de la torre, era de sumo interés estratégico para Estados Unidos la NATO/OTAN.

El entonces presidente Lindon B. Johnson es informado de la situación ordena la CIA recuperar el submarino. Este es un proyecto muy peliagudo tanto desde el punto de vista técnico como desde la perspectiva política. 

Emerger un enorme submarino hundido 4900 metros es toda una odisea de ciencia ficción. Estando en aguas internacionales, sigue siendo propiedad soviética. Si la URRSS descubriese la operación, podría desatarse un nuevo conflicto internacional o directamente la 3ª guerra mundial.

5LA CIA USÓ A HOWARD HUGHES COMO TAPADERA DEL PROYECTO

Para no levantar demasiadas sospechas, en 1972 la CIA utilizó como tapadera una empresa privada propiedad del mítico Howard Hughes. Hughes era perfecto para la operación encubierta ya que en caso de que los soviéticos sospechasen intentasen espiarle, se iban dar de bruces con uno de los mayores pirados del planeta, auto-recluido obsesionado con la seguridad. 

Howard Hughes era un magnate excéntrico hasta el tuétano más allá. Aviador, estaba metido en la industria aeronáutica, cinematográfica, médica, era inversor en sectores estratégicos contratista militar. 

los 41 años, Hughes había sufrido un accidente aéreo pilotando el prototipo XF-11. Las secuelas le dejaron sufriendo dolor crónico el resto de su vida, lo que le convirtió en adicto los 0piáceos

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Icónica imagen de Howard Hughes los mandos del Hughes H-4 Hercules “Spruce Goose”, el de Noviembre de 1947. Cinco años después desaparecería de la escena pública para siempre.

Después empezó a padecer trastorno obsesivo-compulsivo, misofobia(fobia los gérmenes) con su situación mental degradándose progresivamente hasta llegar la auto-reclusión.

Hughes había sido visto públicamente por última vez en 1952. En 1958 se encerró durante meses en un cine cercano su casa. Luego se confinó en hoteles de varios países, en los que habitó como un ermitaño hasta fallecer en 1976; Beverly Hills, Boston, Las Vegas, Nassau, Freeport Vancouver. 

Se rumoreaba que en sus estancias permanecía solo, completamente desnudo, con un pañuelo de papel para cubrirse sus partes, se cree que por padecer alodinia, percepción exagerada del dolor incluso por el mero acto de vestirse. 

No recibía visitas en persona de nadie, ni siquiera de sus empleados más directos que actuaban como asistentes personales, comunicándose través de la puerta cerrada, con notas llamadas. 

En 1972, cuando fue contratado por la CIA, Hughes estaba residiendo en un hotel de Lago Managua, al oeste de Nicaragua pesar de que no se le había visto desde 1952, corrían numerosas teorías de la conspiración sobre su persona.

4EL BUQUE DE RECUPERACIÓN GLOMAR EXPLORER

Para recuperar el K-129, la CIA ideó un plan propio de película de James Bond. Diseñó un enorme barco de exploración oceanográfica, llamado Glomar Explorer, que de cara al público realizaba perforaciones en el lecho marino grandes profundidades buscando manganeso para Howard Hughes. 

En realidad, dentro de las bodegas del barco había una grúa gigantediseñada por Lockheed, con varias tenazas para agarrar el submarino hundido por 10 puntos. Toda la quilla del barco se abría mediante dos compuertas enormes. 

k-129 Glomar Explorer
El Hughes Glomar Explorer.

El armazón con las tenazas, llamado “Clementine”, se bajaba hasta los 4900m de profundidad. Las garras atrapaban el submarino una vez atenazado, se izaba hasta las bodegas del barco. Todo el proceso se realizaba bajo el agua, imposibilitando que otras naves pudieran ver la operación.

su vez, la CIA construyó un segundo barco señuelo, llamado “Glomar Challenger”, muy parecido al Glomar Explorer pero con una plataforma de perforación submarina real. Este barco se pondría realizar prospecciones cerca de la zona en la que los soviéticos habían estado buscando el K-129, para que creyesen que los norteamericanos lo estaban intentado localizar en el mismo lugar que ellos. 

El Glomar Explorer llegó al lugar del hundimiento el de Julio de 1974. Bajó la grúa lentamente durante dos días hasta los 4900 metros de profundidad, agarró el submarino por completo comenzó a izarlo.

3LA RECUPERACIÓN DEL K-129 SE FILTRÓ A LA PRENSA EN 1975

La documentación del proyecto Azorian sigue estando clasificada, por lo que se desconoce sus resultados exactos. 

Aun así, la operación era enorme, movía un presupuesto de 800 millonesde dólares en dinero público que equivaldrían más de billones actuales, el barco Gomar Explorer era gigante, había gran cantidad de personal implicado… era muy difícil evitar que se produjesen filtraciones. 

En 1975, al menos dos periodistas de investigación habían olisqueado la noticia. La CIA convenció al New York Times para que no la publicasen pero finalmente apareció en una edición del Los Angeles Times, desatando el consecuente torrente informativo en todos los medios. 

k-129 Glomar Explorer
Recreación de la quilla del Hughes Glomar Explorer abierta, descendiendo la estructura de recuperación Clementine. El armazón tardaba dos días en alcanzar los 4900 metros de profundidad.

Se cree que la filtración fue otra treta de la CIA para desinformar los soviéticos. En un primer momento se dijo que al izar el submarino, la estructura estaba tan dañada que se había partido por la mitad, lográndose sacar del agua tan solo la proa con cadáveres de marineros rusos, altamente irradiados. La operación había sido un fracaso un derroche de fondos públicos.

Hoy en día se cree que se logró recuperar el submarino entero por lo menos, la proa la vela; la torre con el misil nuclear SS-N-5 Serb, que era el objetivo principal de la misión. Es posible que también se recuperase el sistema de comunicaciones secreto. 

2¿POR QUÉ SE HUNDIÓ EL K-129?

Las hipótesis que se barajan van desde un accidente interno, por fallo en las baterías en las compuertas de los misiles, una colisión con un submarino estadounidense teorías más conspiranoicas. 

Un accidente clásico de los submarinos diesel-eléctricos es que las baterías de plomo y ácido, sueltan hidrógeno al recargarlas. Si no se ventila debidamente, el hidrógeno es altamente inflamable, pudiendo haber causado la explosión.

k-129 Glomar Explorer
Recreación de la estructura de recuperación Clementine izando el K-129 tras atraparlo con sus tenazas en el fondo marino.

En 1986, otro submarino soviético más moderno, el K-219, sufrió una explosión causa de que uno de los tubos que alojaban los misiles, tenía la compuerta mal sellada. Cuando el agua marina entró en contacto con el combustible líquido del misil, se produjo una reacción que causó la deflagración. Se ha especulado que el K-129 fuese construido con el mismo defecto.

La Unión Soviética, de cara al público nunca admitió haber perdido un submarino. A nivel diplomático, mantuvo que el K-129 había sido embestido por el submarino USS Swordfish mientras jugaban al gato el ratón. 

Los espías soviéticos descubrieron que poco después de perder el K-129, el Swordfish arribaba la base de Yokosuka, Japón, con la torre ligeramente abollada tras impactar accidentalmente con un bloque de hielo en el mar. 

1LA TEORÍA DE LA CONSPIRACIÓN, ¿QUIÉNES ERAN AQUELLOS PASAJEROS MISTERIOSOS?

La teoría más fascinante implica los siniestros pasajeros que subieron al K-129 supone que fuesen un comando de OSNAZ, la élite de las fuerzas especiales soviéticas, fanáticos políticos del régimen. 

En 1968 dentro del seno de la URRSS, ya había quien pensaba que se estaba perdiendo la Guerra Fría, vaticinando que la Unión Soviética terminaría por desmembrarse, como efectivamente sucedió en 1991, 23 años después. Al igual que sucedió durante la revolución “cultural” china, había personajes añorando los dorados años del estalinismo reclamando mano dura roja. 

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Cuando la noticia se filtró a la prensa, la CIA hizo correr el rumor de que la operación había sido un fracaso. Al izar el K-129, el casco estaba tan dañado que se partió por la mitad solo se logró sacar del agua la proa junto los cuerpos irradiados de marineros. ¿Verdad mentira?

Se ha especulado que ecomando OSNAZ, pudiese haber tomado el control del submarino por la fuerza principios de Marzo de 1968. Una vez al mando, lo desviaron 400 millas dirección Hawaii para ponerlo en rango de disparo atacar la isla de Ohau con un misil nuclear. 

La razón para hacer tal cosa era provocar una guerra entre China Estados Unidos, de forma que los dos mayores enemigos de la Unión Soviética, se autodestruyesen sin que la URRSS tuviese que pegar un solo tiro. China contaba al menos con un submarino de la clase Golf II los mismos misiles balísticos SS-N-5 Serb, tecnología que adquirió en 1959.

El desvío al sur del K-129 no se realizó a consecuencia de una orden enviada por el mando soviético ya que cuando desapareció, la URRSS estuvo buscándolo 400 millas más al norte, en la ruta que tenía asignada originalmente. El cambio de rumbo se tomó unilateralmente dentro del submarino. 

Al situar al K-129 en rango de tiro, el OSNAZ emerge la nave coacciona de alguna forma al capitán para que active el sistema de disparo de los misiles nucleares. 

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Localización en el mapa del K-129 cuando se hundió. Algunos analistas afirman que los misiles balísticos SS-N-5 Serb no tenían rango suficiente como para alcanzar Hawaii desde esta posición. Tal vez los OZNAZ pensasen que sí.

El sistema de disparo se activaba introduciendo un código numérico de seguridad dividido en partes. El capitán solo el capitán, conocía las últimas cifras. Los otros dos códigos tenían que ser enviados por el gobierno soviético la comandancia naval al emitir la orden de lanzamiento. Es posible que los OSNAZ hubiesen embarcado conociendo las primeras partes de la cifra.

El OSNAZ pone una pistola en la sien del capitán, ordenándole introducir la última parte del código de disparo. Puede que comenzasen ejecutar toda la tripulación, uno por uno modo de coacción.

El capitán Kobzar tiene que tomar la decisión más dura de toda su vida. Sabe que va morir de una forma otra. Si no accede las demandas, el OSNAZ le paga un tiro allí mismo mata toda su tripulación. Si introduce la parte final del número, provoca una guerra nuclear que acabará aniquilando medio planeta y seguramente con la madre Rusia destruida, su país, su familia, sus allegados.

Entonces, el capitán comienza introducir números en el mecanismo y al terminar, pulsa el botón de disparo mirando con cara de poker al OSNAZ, que deja de apuntarle sonriendo, creyendo haber cumplido su misión. 

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Recreación del sistema de disparo del K-129. Para poder lanzar los misiles, había que introducir un código en partes. Una vez metida la cifra correcta, el botón transparente en la parte superior derecha se encendía con una luz intermitente indicando que el sistema estaba armado dispuesto para disparar en el momento que fuese pulsado.

Al de unos segundos, se produce una fuerte explosión que sacude toda la nave. Lo que no sabía el OSNAZ es que en el mecanismo, el capitán podía introducir dos códigos; una cifra de disparo un número de seguridad que provocaba la autodestrucción de los misiles.

Esta cifra de seguridad existía en caso de que se lanzase un ataque nuclear preventivo se ordenase abortarlo en el último segundo, ya que los misiles tardaban cierto tiempo en alcanzar sus objetivos, minutos incluso horas dependiendo de la distancia de disparo. 

Tras la deflagración, el capitán ordena abandonar inmediatamente la nave. El submarino estaba todavía en superficie aunque los misiles del K-129 iban alojados en la torre, la principal salida para huir del barco. Puede que la nave se fuese pique rápidamente sin tiempo ser evacuada. Nunca se sabrá.