
Documentos incorporados al juicio oral en Río Gallegos permiten reconstruir la planificación operativa del ARA San Juan antes de su hundimiento en 2017. Las órdenes, ejercicios y evaluaciones de la dotación muestran cómo se estructuró la misión final del buque en el Atlántico Sur.
Una serie de documentos militares incorporados como prueba en el juicio oral por el hundimiento del ARA San Juan permite seguir, en detalle, la planificación de las operaciones que culminaron con la última misión del submarino argentino, desaparecido el 15 de noviembre de 2017 con 44 tripulantes a bordo.
El debate se desarrolla desde marzo de 2026 en el Tribunal Oral Federal de Río Gallegos y busca establecer eventuales responsabilidades penales de ex altos mandos de la Armada por presuntos incumplimientos de deberes de funcionario público y estrago culposo agravado. En ese marco, el análisis técnico de las condiciones del buque y de las órdenes operativas previas ocupa un lugar central.
Los documentos analizados describen una secuencia escalonada de planificación que comienza con directivas generales del Comando de Adiestramiento y Alistamiento de la Armada y culmina en órdenes específicas emitidas por el Comando de la Fuerza de Submarinos, donde se definieron las tareas asignadas al ARA San Juan y al ARA Salta durante la denominada “Tercera Etapa de Mar” de 2017.
En septiembre de ese año se estableció el marco general de la operación, que incluía ejercicios navales integrados, adiestramiento en navegación, control de espacios marítimos y maniobras en zonas del litoral patagónico y fueguino. Posteriormente, un plan táctico precisó áreas de despliegue, cronogramas y participación de unidades de superficie, aeronaves y submarinos.
Dentro de ese esquema, el ARA San Juan fue asignado a una misión en tres fases: tránsito hacia Ushuaia, estadía operativa en esa base y una patrulla prolongada en el Atlántico Sur. La tercera etapa contemplaba tareas de exploración y control del mar en áreas cercanas a la milla 200, con identificación de buques pesqueros y embarcaciones de interés, además de seguimiento de unidades extranjeras.
El submarino debía operar en coordinación con fuerzas de superficie y aeronaves, en un escenario que incluía ejercicios antisubmarinos y navegación táctica en zonas de alta complejidad operativa.
De acuerdo con la documentación incorporada al expediente, la embarcación contaba en ese momento con la habilitación operativa correspondiente, tras una evaluación técnica interna que la calificó como apta para la navegación. La dotación estaba integrada por 44 tripulantes, encabezados por el capitán de fragata Pedro Fernández, con experiencia acumulada en navegación submarina y miles de horas de inmersión.
El segundo al mando era el capitán de corbeta Jorge Bergallo, seguido por oficiales a cargo de áreas operativas, mecánicas y de combate, junto con personal subalterno con distintos niveles de experiencia en la fuerza.
El 11 de noviembre de 2017, cuatro días antes de la desaparición, el submarino completó un ejercicio antisubmarino que incluyó maniobras de infiltración entre unidades de superficie sin ser detectado. Ese desempeño fue informado como exitoso por el comandante del buque en su comunicación a tierra.
Tras completar esa etapa, el ARA San Juan inició su desplazamiento hacia la fase final de la misión. El último contacto con tierra se registró el 15 de noviembre a las 7:19. Horas más tarde, a las 10:51, se produjo la implosión del submarino en aguas del Atlántico Sur.
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