El estratégico estrecho de Ormuz, paso entre el
Golfo de Omán y el Golfo Pérsico, vuelve a ocupar el centro del
conflicto entre EE.UU. e Irán. La marina estadounidense está enviando
allí submarinos no tripulados (drones) y un considerable arsenal militar
para contrarrestar cualquier acción de Teherán destinada a bloquear la
vía por la que pasa un cuarto del petróleo mundial.
Según la
Agencia Internacional de Energía, a raíz del embargo al crudo iraní
impuesto por la Unión Europea y EE.UU. (destinado a presionar a Teherán
para que suspenda su programa atómico, que supuestamente tiene fines
militares),
la producción de petróleo persa toca su punto más bajo en los últimos 22 años y la República Islámica pierde el segundo lugar entre los mayores productores de la
Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).
Después
de tres rondas de negociación entre Irán y el P5 + 1 (los miembros del
Consejo de Seguridad de la ONU y Alemania), con el propósito de buscar
una solución política al escándalo nuclear, Occidente sigue imponiendo
sanciones y los ayatolás se niegan a detener su programa atómico, sin
proveer suficiente prueba de que no esté destinado a fabricar armas.
Reza Marashi, director de investigaciones del Consejo Americano-Iraní, dice que “
Washington debería ser más realista respecto a los efectos
catastróficos de sus sanciones. Restringir las transacciones financieras
y el crudo iraní sin duda tiene un efecto, pero quizás no en aquellos a
quienes EE.UU. busca afectar. La historia ha demostrado que una nación
con un inmenso orgullo nacionalista como el iraní no se rinde
fácilmente”.
La República Islámica ha vuelto a amenazar con
cerrar Ormuz y los estadounidenses —tal como lo advirtieron en un
principio— se alistan para impedirlo, aunque sea por la fuerza.
Para
Marashi, cerrar Ormuz sería contraproducente para Irán, bloquearía el
paso a gran parte de sus exportaciones e importaciones, “
pero sería un
acto provocativo que Teherán consideraría cuando esté contra la pared y
no tenga nada que perder”.
Oficiales de
EE.UU.
sospechan que Irán respondería a la presión económica atacando buques
petroleros o minando las aguas de Ormuz. Un reporte de David Cloud, de
Los Angeles Times, afirma que docenas de embarcaciones no tripuladas de
EE.UU. van al Golfo Pérsico para prevenir esas acciones.
Los drones se llaman
Sea Fox y
pueden desmantelar minas a 300 metros de profundidad. Se controlan
mediante un cable de fibra óptica que envía video a su operador y cada
uno cuesta US$100 mil. El primer SeaFox llegó al Golfo Pérsico hace
pocas semanas, según Cloud, junto con cuatro helicópteros MH-53 Sea
Dragon y botes dragaminas. EE.UU. además ya envió un escuadrón de
cazabombarderos F-22 de combate, mantiene brigadas del ejército listas
para actuar en Kuwait y desde la semana pasada tiene en Baréin al Ponce,
un antiguo barco transportador convertido en plataforma de guerra, que
funcionaría como centro de operaciones en caso de un enfrentamiento en
Ormuz.
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| El Estrecho de Ormuz (Google Maps) |
Mientras tanto Submarinos iraníes de pequeñas dimensiones presentan un peligro
sustancial para los buques de guerra del Pentágono en el Golfo Pérsico,
reconoció un exoficial de la armada de Estados Unidos.
El capitán de fragata retirado Christopher Harmer, exdirector de
Operaciones del Centro de Planificación de la Quinta Flota
estadounidense, precisó que Irán es capaz de desplegar tales submarinos
por todo el Golfo Pérsico y son muy difíciles de localizar, informó el
diario
The Christian Science Monitor. Estos artefactos están
preparados para lanzar torpedos, transportar elementos de las fuerzas
especiales iraníes y colocar minas de forma expedita en las rutas de los
barcos, por lo que serían un arma decisiva para un eventual bloqueo del
Estrecho de Ormuz, acota el rotativo.
El mando de la Quinta
Flota elevó en junio pasado de cuatro a ocho el número de sus buques
barreminas en el Golfo Pérsico, ante el temor de un eventual minado del
área con el empleo de los mini submarinos de Teherán. Según el periódico, la marina iraní posee 19 buques de este tipo y cada año recibe cuatro adicionales.
La Quinta Flota de la Marina de Guerra estadounidense tiene su jefatura
en Bahrain y sus unidades operan en el Mar Rojo, Golfo Pérsico, Mar
Arábigo y parte del Océano Índico.
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| Mini Submarino Iraní |
De sólo 88 libras y cuatro pies de largo, los sumergibles no
tripulados y guiados a control remoto llevan una cámara de televisión,
un sonar y una carga de explosivos para una misión kamikaze: cuando
detecta una mina, el aparato submarino se destruye así mismo para
eliminar la mina.
La Marina de Guerra compró en febrero docenas
del poco conocido aparato de fabricación alemana, conocido como el
SeaFox, después de una solicitud urgente del general de la Marina James
Mattis, el principal comandante de EEUU en el Oriente Medio, para
incrementar la capacidad de eliminar minas en la región, dijeron
funcionarios. Los primeros aparatos no tripulados comenzaron a llegar en
semanas recientes, cuando pareció que se estancó la más reciente ronda
de negociaciones sobre el polémico programa de desarrollo nuclear de
Irán. Las renovadas conversaciones diplomáticas entre Irán y los cinco
miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas,
más Alemania, han fallado en lograr un avance o reducir las tensiones.
Algunos funcionarios de EEUU están preocupados de que Irán pueda
responder a un endurecimiento de las sanciones occidentales contra sus
sectores bancario y de energía, incluyendo un embargo petrolero de la
Unión Europea, al lanzar o patrocinar ataques contra los vulnerables
tanqueros o plataformas petroleras en el crucial estrecho o sus
cercanías.
Algunos funcionarios en Teherán han amenazado con
cerrar la vía marítima entre Irán y Omán —un cuello de botella por el
que pasa una quinta parte del petróleo que se comercia mundialmente— con
el uso de minas marítimas, lanchas rápidas y baterías costeras de
misiles. Los estrategas del Pentágono se han tomado en serio la amenaza,
aunque los analistas dudan que Irán se arriesgue a provocar un
conflicto directo con Estados Unidos.
La reapertura del estrecho
podría llevar de cinco a 10 días a la Marina y a sus aliados, dijeron
funcionarios. Pero los expertos comentaron que incluso una interrupción
temporal del tráfico de un tanquero podría causar que los precios
globales del petróleo subieran, con consecuencias imprevisibles.
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| El Dron: Sea Fox |
Después de tres décadas soportando diferentes embargos, ha sido el del
petróleo el que de verdad ha hecho daño a la república islámica, que ve
como sus ingresos se hunden con la caída de sus ventas de crudo en un
cuarenta por ciento, según los datos de la Agencia Internacional de la
Energía (AIE), y por ello lo consideran una especie de declaración de
guerra. El objetivo de la medida es que los iraníes detengan su programa
nuclear y de momento han logrado que vuelvan a la mesa de diálogo.
Además ya han surgido voces internas, como la del exministro de
Interior, el reformista
Abdulá Nuri,
que reclaman un referéndum nuclear. «El daño y los problemas causados
por el programa nuclear están fuera de control, las autoridades deberían
buscar una salida cuanto antes por el bien del interés nacional»,
declaró Nuri poco después de que la página web de la cadena nacional de
televisión Irin publicara una encuesta que revelaba que el sesenta por
ciento de la ciudadanía apoyaba la suspensión temporal del
enriquecimiento de uranio. Además, el 78 por ciento de los encuestados
no respaldaba el bloqueo de Ormuz, resultados «comprometedores» que,
según «The Guardian», fueron retirados de la web en pocos minutos, pero
que reflejarían el
malestar general por el alto precio que Irán está pagando por la carrera nuclear
Nacho Padró