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30 agosto 2024

el submarino experimental que se lanzó en una misión suicida durante la guerra de secesión

 cuando estalló la guerra de secesión Lincoln desplegó a su flota para bloquear las costas de los estados confederados rebeldes. Con esta estrategia el gobierno de Washington pretendía ahogar económicamente al Sur, que por su carácter agrícola dependía de la exportación de su famoso algodón y tabaco para conseguir armas y suministros con los que defender su independencia.

La falta de astilleros y fábricas impedía a los confederados competir en número con la flota federal, por lo que se buscaron soluciones tecnológicas como alternativa. Así nació en 1862 el primer acorazado de la historia, el CSS Virginia, nave que aunque demostró ser invulnerable a los cañonazos fue neutralizada cuando los yanquis desarrollaron su propio acorazado, el USS Monitor, y ambas se enfrentaron sin resultado en la batalla de Hampton Roads.

 

Era necesario pues inventar una nueva arma para atravesar las líneas nordistas y entre los proyectos propuestos pronto empezó a coger fuerza el de un barco submarino que atacara con explosivos a las naves del enemigo. De hecho los primeros diseños de este tipo de nave databan ya del principio de la guerra, pues en 1861 tanto yanquis como confederados habían construido sin éxito los primeros submarinos militares.

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Dos acorazados sudistas combaten contra la flota federal en el puerto de Charleston.

Foto. Bridgeman

Uno de los submarinos más prometedores de la Confederación era el American Diver de James McClintock, un torpedero accionado a manivela que aunque no se sumergía del todo presentaba un perfil tan bajo en la superficie que era casi inmune al fuego de los cañones.

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Dibujo del American Diver, el torpedero en el que se inspiró el submarino de Hunley.

Foto: Wikimedia Commons

Basándose en este modelo uno de los colaboradores de McClintock, el abogado Horace Lawson Hunley, empezó a construir su propio submarino en la ciudad de Mobile. Para conseguir que su nave se hundiera bajo las olas Hunley incorporó al diseño dos tanques herméticos, que se podían llenar de agua para incrementar el peso o vaciar mediante bombas de achique para ganar flotabilidad. El añadido de una serie de lastres atornillados al casco permitía emerger rápidamente, pues la tripulación solo debía soltar las tuercas para salir flotando a la superficie.

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Fotografía de Hunley tomada en 1860. 

Foto: Wikimedia Commons

Se consideraron diversos sistemas de propulsión como el vapor o una batería eléctrica, pero ambos fueron desechados, al ser el vapor demasiado evidente al enemigo por la columna de humo de la caldera y la electricidad poco potente. Finalmente Hunley se decidió por la fuerza humana como motor de la nave: una hélice accionada por una manivela movida por siete hombres que podía impulsar al submarino adelante o atrás.

Desde la proa un octavo tripulante controlaba la dirección mediante una rueda de timón, mientras que el ascenso y el descenso se regulaban con dos timones laterales, los cuales podían inclinar el submarino hacia arriba o abajo. Este comandante podía ver al objetivo a través de una pequeña escotilla equipada con ojos de buey que sobresalía del caso por la parte superior, y que era los únicos ojos del submarino en combate.

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Reconstrucción moderna del aspecto que tendría el Hunley armado con su torpedo.

Foto. Wikimedia Commons

Para el armamento se optó por un torpedo de contacto, una carga explosiva de 61 kilos de pólvora metida en un cilindro hermético que se fijaba a la nave mediante una larga pértiga que apuntaba hacia abajo. La explosión se haría por contacto, con una espoleta que haría estallar el torpedo cuando este chocara con el casco del buque enemigo. La detonación a distancia mediante una cuerda que se tensaba al hacer marcha atrás o una corriente eléctrica fue descartada por su escasa fiabilidad, con trágicos resultados como veremos más adelante.

UNA ARMA IMPREDECIBLE

Llamado Hunley en honor de su diseñador el submarino se empezó a construir a principios de 1863 en la ciudad de Mobile con capital privado. La nave tendría 12 metros de eslora y 1,17 de manga, adoptando una perfil ovalado que facilitaría su navegación. Con solo 1.30 metros de alto su interior era un ambiente claustrofóbico que solo podía permanecer un tiempo limitado bajo el agua, al no contar con un sistema para renovar el aire una vez sumergido.

Terminado en julio de ese mismo año el submarino demostró su valía cuando destruyó una barcaza de carbón en desuso ante la atónita mirada de miles de espectadores. Tras este éxito el Hunley fue embarcado en tren y transportado hasta Charleston, el mayor puerto que le quedaba al Sur.

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Réplica del Hunley a la entrada del Museo de Charleston

Foto: Cordon Press

Allí la nave fue requisada por el ejército confederado y puesta bajo el mando del teniente John A. Payne con una nueva tripulación de marineros sudistas. Éste demostraría su incompetencia al cabo de poco durante una prueba en el puerto de Charleston: poco familiarizado con los sistemas de control Payne se apoyó sin querer en el timón de descenso, sumergiendo la nave cuando una de sus dos escotillas se encontraba abierta. De inmediato el Hunley se llenó de agua, y pese a que el teniente y otro tripulante lograron salir a la superficie, el resto se ahogaron.

La nave fue reflotada por la marina con cuerdas y buzos y se empezó a reunir una nueva tripulación con el propio Horace a los mandos, pero tras hundir otro barco en un ejercicio el submarino naufragó de nuevo llevándose con él esta vez a todos sus marineros.

MISIÓN SUICIDA

Pese a estas desalentadoras experiencias el Hunley fue recuperado del fondo y se volvió a reunir una tripulación, para una incursión planificada para febrero de 1864 liderada por el teniente George E. Dixon. El hecho de que todos sus integrantes fueran voluntarios es una buena muestra de la desesperada situación del Sur, ahogado cada vez más por el bloqueo y las derrotas.

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El Housatonic en una acuarela de R.G. Skerrett realizada en 1902.

Foto: Wikimedia Commons

Como objetivo de su bautizmo de fuego se eligió al USS Housatonic, una corbeta acorazada anclada en la estrecha salida al mar vigilada día y noche por la flota nordista. Tras pasar semanas familiarizándose con la nave y probando su flotabilidad en las calmas aguas del puerto de Charleston, esta tripulación de valientes partió la noche del 17 de febrero de 1864.

Al acercarse al Housatonic el Hunley llenó sus tanques con agua sumergiéndose bajo las olas. Impulsado por la fuerza de siete hombre su avance era tan silencioso que los yanquis no se dieron cuenta de su presencia hasta que el submarino se encontraba a pocos metros de su presa, movidos por el pánico algunos marineros dispararon sus rifles, pero ya era demasiado tarde.

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La destrucción del Housatonic, dibujo del periodista William Waud realizado en 1864.

Foto: Wikimedia Commons

Avanzando implacable bajo el agua la nave confederada dirigió su torpedo hacia el casco del Housatonic, y con una tremenda explosiónabrió una letal vía de agua que causó el hundimiento de la corbetaen apenas cinco minutos. Aunque la misión había sido un éxito el Hunley jamás volvería a casa, fuera por el fuego enemigo o por algún accidente desconocido el submarino desapareció bajo el mar y la Confederación no volvió a repetir el experimento.

DESCUBRIMIENTO Y RESTAURACIÓN

Durante los 130 años siguientes el destino del submarino siguió siendo un misterio. Algunos historiadores afirmaron que había sido destruido por los federales, aduciendo que uno de los disparos había roto el ojo de buey; por su parte ciertos oficiales confederados afirmaron tras la guerra haber visto como el Hunley lanzaba cohetes de señales, indicando que todo iba bien antes de desaparecer cerca de Charleston.

No fue hasta abril de 1995 que el submarino fue redescubierto por el submarinista  Ralph Wilbanks tras años de búsqueda en el puerto. Al contrario de lo que se pensaba el pecio fue encontrado cerca del Housatonic en la entrada del puerto, lo que indicaba que se había hundido a causa de la explosión del torpedo como sucedió durante la prueba que acabó con la vida de su arquitecto.

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El Hunley vuelve a ver la luz el 8 de agosto del 2000 tras 130 años en el fondo del mar.

Foto: Wikimedia Commons

Cinco años de prospecciones arqueológicas siguieron a este descubrimiento, en los cuales se eliminó la capa de arena que cubría el submarino antes de sacarlo del agua el 8 de agosto del año 2000. Para ello los arqueólogos situaron una serie de correas bajo el casco, mediante las cuales lo izaron con grúa desde una gabarra.

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El submarino tuvo que pasar meses en un baño de hidróxido de sodio para eliminar la sal que de otro modo habría corroído el casco al reaccionar con el óxido del casco y el oxígeno del aire.

Foto: Wikimedia Commons

Cubierto de óxido y sal el Hunley era extremadamente sensible al aire, y para impedir que se convirtiera en una pila de polvo a causa de su acción corrosiva los especialistas lo metieron dentro de un tanque de hidróxido de sodio, un compuesto que eliminaría poco a poco la sal del casco hasta asegurar la conservación del hierro fuera del agua.

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La investigación arqueológica ha permitido recuperar los restos de los ocho tripulantes y muchas de sus pertenencias personales.

Foto: Wikimedia Commons

La exploración del interior del casco confirmó que el submarino se había hundido a causa de la explosión del torpedo. Los esqueletos de todos sus tripulantes fueron encontrados sentados en sus puestos, por lo que habían muerto a causa de la onda expansiva, la cual abrió al mismo tiempo numerosas brechas en el casco que llevaron su inundación e hundimiento.

Hoy en día el Hunley puede visitarse en el Centro de Conservación Warren Lasch de Charleston, donde se conservan asimismo los artefactos recuperados durante la excavación y restauración del submarino, incluyendo una moneda de oro que detuvo una bala yanqui en la batalla de Shiloh.

29 abril 2022

Tripulación de submarinos confederados asesinados por su propia arma

 Una reconstrucción gráfica del submarino de ocho hombres H.L. Hunley como apareció justo antes de su encuentro con el barco de la Unión Housatonic, que se hundió. El cañón al final del larguero de 16 pies contiene 135 libras de pólvora negra. Crédito:Michael Crisafulli, http://www.vernianera.com/Hunley

El H.L. Hunley, el primer submarino de combate en hundir un barco enemigo, también mató instantáneamente a su propia tripulación de ocho hombres con el poderoso torpedo explosivo que llevaba, según una nueva investigación de un Ph.D. de la Universidad de Duke. en ingeniería biomédica.

La primera y última misión de combate de Hunley ocurrió durante la Guerra Civil el 17 de febrero de 1864, cuando se hundió un 1, Buque de guerra de la Unión de 200 toneladas, el USS Housatonic, fuera del puerto de Charleston, Carolina del Sur. El Hunley lanzó una explosión de 135 libras de pólvora negra debajo de la línea de flotación en la popa del Housatonic, hundiendo el barco de la Unión en menos de cinco minutos. Housatonic perdió cinco marineros, pero se detuvo en posición vertical en 30 pies de agua, lo que permitió rescatar a la tripulación restante después de trepar por los aparejos y desplegar los botes salvavidas.

El destino de la tripulación del Hunley de 40 pies, sin embargo, siguió siendo un misterio hasta 1995, cuando el submarino fue descubierto a unos 300 metros del lugar de descanso del Housatonic. Criado en 2000, El submarino se encuentra actualmente en estudio y conservación en Charleston por un equipo de científicos de la Universidad de Clemson.

Inicialmente, el descubrimiento del submarino sólo pareció profundizar el misterio. Los esqueletos de los tripulantes se encontraron todavía en sus puestos a lo largo de una manivela que impulsaba la nave en forma de cigarro. No sufrieron huesos rotos las bombas de achique no se habían utilizado y las escotillas de aire estaban cerradas. Excepto por un agujero en una torre de mando y una pequeña ventana que puede haberse roto, el submarino estaba notablemente intacto.

Las especulaciones sobre sus muertes incluyen asfixia y ahogamiento.

Pero después de un exhaustivo estudio de Duke de tres años que implicó establecer explosiones repetidamente cerca de un modelo a escala, disparar armas auténticas a una placa de hierro históricamente precisa y hacer muchos cálculos sobre la respiración humana y la transmisión de la energía de explosión, investigadora Rachel Lance, un doctorado en 2016 graduado de Duke Engineering, dice que fue una poderosa onda de choque del arma de Hunley lo que mató a la tripulación.

En un artículo que apareció el 23 de agosto MÁS UNO , Lance calcula que la probabilidad de un traumatismo pulmonar inmediatamente fatal es de al menos el 85 por ciento para cada miembro de la tripulación de Hunley.

El torpedo del Hunley no era una bomba autopropulsada, como pensamos en ellos ahora. Bastante, era un barril de cobre de pólvora sostenido por delante y ligeramente por debajo de la proa del Hunley en un poste de 16 pies llamado mástil. El submarino embistió este mástil en el casco del barco enemigo y la bomba explotó. Lo más lejos que estuvo la tripulación de la explosión fue de unos 42 pies.

Lance dice que la tripulación murió instantáneamente por la fuerza de la explosión que atravesó los tejidos blandos de sus cuerpos. especialmente sus pulmones y cerebros. Ella dice que el submarino lisiado luego se fue a la deriva en una marea descendente y lentamente tomó agua antes de hundirse.

"Este es el trauma característico de las víctimas de explosiones, lo llaman pulmón explosivo, '"dijo Lance, quien trabajó como biomecánico en la base de la Marina de los Estados Unidos en la Ciudad de Panamá, Florida durante tres años antes de ingresar a la escuela de posgrado en Duke. "Tienes una fatalidad instantánea que no deja marcas en los restos óseos. Desafortunadamente, los tejidos blandos que nos mostrarían lo que sucedió se han descompuesto en los últimos cien años ".

El pulmón explosivo es un fenómeno de algo que Lance llama "el efecto del chocolate caliente". La onda de choque de la explosión viajaría a unos 1500 metros por segundo en el agua, y 340 m / seg en aire. "Cuando se mezclan estas velocidades en una combinación espumosa como los pulmones humanos, o chocolate caliente, se combina y termina haciendo que la energía vaya más lento de lo que lo haría en cualquiera de los dos, "amplificando así el daño tisular. Lance dijo que cuando atravesó los pulmones de los tripulantes, la onda de choque se redujo a unos 30 m / s.


Una pintura al óleo de Conrad Wise Chapman, "Submarino Torpedo Boat H.L. Hunley, 6 de diciembre 1863. "Crédito:Conrad Wise Chapman

Mientras que una onda expansiva normal que viaja en el aire debería durar menos de 10 milisegundos, Lance calculó que los pulmones de la tripulación de Hunley fueron sometidos a 60 milisegundos o más de trauma.

"Eso crea el peor de los casos para los pulmones, "Dijo Lance. Las fuerzas de cizallamiento destrozarían las delicadas estructuras donde el suministro de sangre se encuentra con el suministro de aire, llenando los pulmones de sangre y matando a la tripulación al instante. Es probable que también sufrieran lesiones cerebrales traumáticas por estar tan cerca de una explosión tan grande, Añadió Lance.

Desafortunadamente, las lesiones por explosión traumática se han convertido en una parte familiar de la historia militar reciente de los EE. UU. pero "las heridas sufridas por los soldados en un Humvee que chocan con un IED son diferentes porque son heridos mayoritariamente por la metralla y la destrucción del vehículo, "Dijo Lance." En ese caso, hay efectos de metralla y efectos del daño al vehículo que causan fracturas de huesos y otras lesiones. Pero la tripulación del Hunley estaba protegida por el casco. Fue solo la onda expansiva en sí misma la que se propagó al interior del barco, por lo que sus lesiones habrían sido puramente en los tejidos blandos, en los pulmones y en el cerebro ".

Se sabía que el diseño del submarino era precario. Durante el desarrollo y las pruebas, el Hunley se había hundido dos veces, ahogando a 13 tripulantes, incluido su homónimo, Horace L. Hunley, un corsario que hizo construir el submarino con la caldera de un viejo barco en Alabama en 1863.

Lance dice que los diseñadores del arma del barril de pólvora también pueden haber reconocido los peligros de estar demasiado cerca de una explosión en el agua. Su investigación histórica encontró que se mantuvieron a cientos de metros de distancia de las explosiones de prueba de dispositivos que eran significativamente más pequeños que la bomba que hundió el Housatonic.

"La explosión viaja muy lejos bajo el agua, ", Dijo Lance." Si estás practicando a 200 yardas de distancia, y luego triplicas el tamaño de tu bomba y la pones a 16 pies de distancia, tienes que ser al menos consciente de que existe la posibilidad de lesiones ".

Los cálculos de Lance se basan en pruebas que hizo con un modelo a escala de acero dulce de 6-1 / 2 pies del Hunley que había construido para sus experimentos. Equipado con sensores interiores y flotando en el agua, el submarino modelo fue sometido a una serie de ráfagas de aire presurizado y explosiones de pólvora negra a escala. Por varias razones, sus explosiones de modelo a escala terminaron siendo algo más débiles de lo que experimentó la tripulación de Hunley.

La investigación de la tesis de Lance incluyó la búsqueda de los Archivos Nacionales en Washington, probar láminas de hierro históricamente precisas, un agente ATF certificado en buceo experto en explosivos, un recreador de la Guerra Civil con un trabajo, rifle con precisión de período, y una visita a un museo en la fábrica de pólvora negra original de DuPont.

Los académicos de Clemson que han estado eliminando concienzudamente concreciones del estrecho interior del submarino para aprender más sobre su destino han estado evaluando varias explicaciones posibles:entre ellas, la tripulación se asfixió, se ahogaron, un 'tiro afortunado' del fuego de armas pequeñas de Housatonic rompió el casco, o fuerzas cortantes rompieron una válvula y el submarino se inundó rápidamente.

Pero Lance ha probado y descartado todas esas ideas. "Toda la evidencia física apunta a que la tripulación no tomó absolutamente ninguna acción en respuesta a una inundación o pérdida de aire, " ella dijo.

Lance dice que su evidencia apunta a un muy repentino, lesión de tejidos blandos, en lugar de ahogarse o asfixiarse. "Si alguien hubiera sobrevivido, es posible que hayan intentado soltar los pesos de lastre de la quilla, configurar las bombas de achique para bombear agua, o trató de salir por las escotillas, pero no se tomó ninguna de estas acciones, "escribe en su periódico, que es parte de la investigación de su tesis.

04 octubre 2021

El amor de un mártir de la guerra submarina

 Esta es la historia de un amor que permaneció bajo las aguas del océano Atlántico durante 136 años, en el interior del CSS Hunley, convertido en la tumba de ocho soldados confederados, mártires de la guerra submarina. Fueron los tripulantes del primer sumergible que protagonizó una acción de guerra exitosa. La suya fue una hazaña pírrica: lograron hundir un buque nordista, aunque su sacrificio solo ocasionó cinco bajas.

No era la primera vez que el Hunley sufría un hundimiento mortal. A diferencia de sus dos anteriores fracasos, su tercer y último naufragio dio lugar a una leyenda. Una leyenda de amor. El sumergible fue localizado cerca del puerto de Charleston en 1995 y rescatado en el 2000 (sobre su restauración, véase el video de abajo). Cuando abandonó el lecho marino, se descubrió que aquella leyenda era cierta. Pero antes de explicarla…

Los estadounidenses suelen decir que su país solo se prepara para la guerra una vez que se ha metido en el fango. Nunca esta afirmación fue más cierta que en la guerra de Secesión. A las puertas del conflicto, el Ejército era minúsculo: menos de 16.000 hombres. El general en jefe, el enfermizo Winfield Scott, de 74 años, se dormía en las reuniones. No había un Estado Mayor que mereciera ese nombre ni planes estratégicos.

Por no tener, el Norte no tenía ni mapas detallados del Sur y tuvo que comprarlos en una librería de Saint Louis, como explica James Mcpherson, el gran historiador de la herida de 1861-1865, autor de la canónica Battle Cry of Freedom. Los arsenales (tanto los confederados como los unionistas) tenían fusiles obsoletos, de cañón liso. Pero la Unión tenía muchas cosas que no tenía el Sur; entre otras, el control marítimo.

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Stephen R. Mallory 

 Library of Congress

La marina mercante del país, semillero de oficiales y marinos para una Armada que iba a experimentar un importante salto adelante por la guerra, abrazó de forma casi unánime la causa de la Unión, que además tenía prácticamente todos los astilleros en su territorio. Una de las primeras medidas que ordenó Abraham Lincoln fue el bloqueo de los puertos confederados. ¿Qué hacer? La Confederación no tenía una flota a la altura.

A medidas desesperadas, respuestas desesperadas. A falta de recursos materiales, la Marina sudista tenía un ministro muy fogoso (incluso demasiado para la sociedad bienpensante de Richmond, que le afeaba su inclinación por los burdeles y las casas de moral distraída). Stephen R. Mallory, sin embargo, logró un milagro y creó una Armada desde cero, a sabiendas de que nunca podría competir directamente con la nordista.

La desproporción de recursos era tal que Mallory, antiguo senador por Florida, concentró sus esfuerzos para obtener el máximo rendimiento. Compró remolcadores y navíos fluviales, que transformó en cañoneras. Hizo colocar centenares de minas a la entrada de los puertos, que dañaron o hicieron naufragar a un total de 43 barcos de la escuadra nordista. Y, sobre todo, dio un impulso decisivo al futuro: los submarinos.

“Hasta el mejor escritor tiene un borrón”, decía el autor del Quijote, una maravilla que no pierde brillo por deslices como “entró dentro”, “salió afuera” o “los sucesos que sucedieron”. Viene esto a cuento de un lapsus del merecidamente ya elogiado James Mcpherson cuando comenta el destino del malhadado CSS Hunley  (arriba, un vídeo de una de sus réplicas). El navío, dice Mcpherson, naufragó en 1864 “por cuarta y última vez”.

El general Beauregard y Horace Hunley

El general Beauregard y Horace Hunley 

 DP

En realidad, el Hunley no necesitó ese cuarto hundimiento para pasar a la historia. Solo se fue a pique en tres ocasiones. Tras cada desastre, menos el último, fue reflotado y puesto de nuevo en servicio, a pesar de que el general sudista Beauregard, que por entonces estaba encargado de la defensa de Charleston, en Carolina del Sur, llegó a decir que era más peligroso “para la propia tripulación que para el enemigo”. 

Sabemos incluso los nombres de las 21 víctimas de sus tres zozobras. La primera fue la única con supervivientes (Charles Hasker, John A. Payne y William Robinson), pero los restantes cinco tripulantes hallaron la muerte. Fue en una inmersión de prueba en el puerto de Charleston, el 29 de agosto de 1863. El ingeniero Horace Hunley, el diseñador del submarino, decidió embarcarse en el siguiente ensayo. Fue lo último que hizo.

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El Hunley, un ataúd ambulante

ANABEL HERRERA
Cuadro de 1863 de Conrad Wise Chapman en el que aparece el H. L. Hunley.

Había que ser valiente para embarcarse, y más después de lo que les pasó a sus predecesores. Horace Hunley, que daba nombre a aquella lata de sardinas, a aquel ataúd ambulante, fue aceptado a bordo, a pesar de que no era militar. Los hombres que accionaban las manivelas para hacer girar la hélice no podían ni ponerse de pie. Apenas 44 días después del primer descalabro, el 15 de octubre de 1863, el Hunley volvió a intentarlo.

Otro desastre, esta vez sin supervivientes. Se hundió, pero no emergió. Una multitud presenció la tragedia. La nave no fue izada hasta el 7 de noviembre. Además del diseñador, murieron Robert Brockbank, Joseph Patterson, Thomas W. Park, Charles McHugh, Henry Baird, John Marshall y Charles Sprague. La Confederación ya había perdido antes los submarinos Pioneery American Diver, pero este fue especial por muchos motivos.

Réplica del 'Pioneer' y planos del 'American Diver'

Réplica del 'Pioneer' y planos del 'American Diver' 

 TFH

Su caso no fue el primero, pero sí el más dramático. Pocos barcos han pasado a la historia por tantos naufragios. Y el destino aún le había reservado otra desgracia. Anabel Herrera ya ha explicado con todo detalle en Historia y vida la tercera y postrera misión del submarino, que se fue a pique el 17 de febrero de 1864 con el triste consuelo de haber hundido uno de los buques que bloqueaba Charleston, el USS Housatonic.

Cinco de los 155 marineros del barco murieron. No sabemos nada de ellos, pero sí muchas cosas de los ocho ocupantes del submarino, en especial de su comandante, que permaneció en el fondo del mar hasta el 8 de agosto del 2000, cuando una compleja operación permitió rescatar sus restos y los de sus hombres. Antes de que les dieran sepultura, se escribió el último capítulo de una historia de amor truncada hace 136 años.

La moneda del teniente Dixon

La moneda del teniente Dixon (el reverso está ampliado) 

 TFH

El teniente George Dixon había pasado de capitanear un barco de vapor en el Misisipi a comandar el Hunley. Aunque era oriundo del Norte, la guerra le sorprendió en Mobile, Alabama, y luchó en las filas confederadas en la batalla de Shiloh en 1862. Una leyenda sostenía que se salvó de milagro gracias a una moneda de oro de 20 dólares que le regaló su prometida. Fue un amuleto providencial: frenó una bala que pudo haberle matado.

Parecía demasiado hermoso para ser cierto, pero aún faltaba por contar el final de la historia. Cuando el pecio fue rescatado e inhumados con honores sus tripulantes, el submarino fue restaurado. En su interior apareció una moneda de oro. La hallaron los arqueólogos que participaron en los trabajos. Estaba abombada, sin duda por una bala. Y lucía una inscripción: “Shiloh, 6 de abril de 1862. Mi ángel de la guarda, G.E.D”.