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20 noviembre 2023

Por qué el primer ataque nazi con éxito de la Guerra Civil se cometió en Málaga

Alemania fue la primera potencia militar en creer fielmente en la guerra submarina, por eso sus U-Boots fueron temidos desde la Primera Guerra Mundial. Hubo submarinos como el U-35 que hundieron en esa contienda 224 buques, y otros tantos rozaron también los 200 hundimientos.

Toda esta experiencia de arma submarina la comenzó a poner en práctica Hitler el 1 de septiembre de 1939 cuando Alemania invadió Polonia. Fue el inicio de la Segunda Guerra Mundial que se había estado gestando durante varios años atrás en el alto mando alemán. Por ello, la Guerra Civil española fue la gran oportunidad para su ejército de probar nuevas armas e instruir tropas aunque oficialmente no estuviese en guerra en España. Aunque en agosto se firmó un pacto internacional de No Intervención en España que suscribieron 27 estados europeos, ni Alemania, ni Italia, ni Portugal lo cumplieron para ayudar al bando franquista. Por su parte la URSS ayudó al bando republicano.

Debido a su apoyo al bando sublevado contra la República, la Alemania nazi envió a España todo tipo de armamento y suministros necesarios para los hombres de Franco. Tras confirmarse el inicio de la Guerra Civil española el 18 de julio de 1936, Hitler dio orden rápidamente de movilizar a su Marina disponible y, en primer lugar, repatriar a los alemanes que vivían en España. Se desplazaron 27 mercantes alemanes para iniciar este proceso de evacuación. El 26 de julio de 1936 oficialmente Hitler comunicó a los enviados de Franco en Berlín que les ayudarían militarmente en lo que fuese posible a ganar la contienda.

Personal del submarino.

Personal del submarino.


Todo transcurrió muy rápido. A finales de agosto del 36 la mitad de la Armada alemana disponible en ese momento operaba en aguas españolas. Y consiguió que llegasen sin problemas los continuos envíos de material militar que requería el bando liderado por Franco. También utilizaron observadores de todo el trasiego marítimo en los puertos republicanos.

En esta estrategia también entró en juego la batalla submarina y el 30 de septiembre de 1936 Hitler ordenó a Erich Hans Albert Raeder, Almirante de la Marina alemana, el envío de dos submarinos al Mediterráneo para atacar de forma secreta a navíos republicano o soviéticos que abastecían a la España republicana. La operación la denominaron “Úrsula” y en ella también participaron 2 submarinos italianos. Según la tesis del doctor Iñigo Gómez García, en noviembre del 36 tanto los alemanes como los italianos temían el envío de tropas a la República por parte de la Unión Soviética. Eso hizo que llegaran rumores del Mar Negro a un capitán de fragata alemán que comunicó al alto mando de la Kriesgmarine la posibilidad de que la URSS tuviese preparadas embarcaciones para transportar 3.000 soldados a España desde Odessa. Algo que no se produjo nunca.

La Operación Úrsula tuvo una duración de 27 días. La Alemania nazi desplegó los submarinos U-33 y U-34 y la Italia de Mussolini utilizó los submarinos Sciessa y Torricelli. Fue una operación secreta ya que oficialmente no estaban en guerra contra España y las embarcaciones no debían izar pabellón ninguno. Las tripulaciones de los submarinos alemanes realizaron un juramento bajo pena de muerte: nadie podía comentar nunca esta misión. Si se descubría el plan el Oberkommando der Marine (OKM) temía una respuesta contundente de Francia e Inglaterra. El 28 de noviembre de 1936 entraron en el Mediterráneo los submarinos alemanes, el U-33 se encargaba de Alicante y el U-34 de Cartagena. Estaban autorizados para atacar objetivos plenamente identificados, y consideraban arma de guerra cualquier barco de la República o Soviético. En cada submarino transportaban uniformes españoles por si ocurría algún incidente izar la bandera española, y tenían orden de huir a Cerdeña en el caso de cualquier problema técnico para no ser descubiertos.

Del 1 al 11 de diciembre los submarinos alemanes realizaron 11 ataques sin éxito contra barcos republicanos, 8 fueron dirigidos contra torpederos republicanos y tres contra mercantes. Todas estas acciones las realizó el U-34, que disparó tres torpedos y en las tres ocasiones no dio con el blanco. El 9 de noviembre los submarinos alemanes recibieron la orden de comenzar a regresar a su base en Alemania en tres días porque se agotaba el combustible. Ese 11 de diciembre los submarinos se rotaron de zona de actuación con los italianos, y el U-34 comandado por Harald Grosse se dirigió a aguas de Málaga.

El hundimiento

El 12 de diciembre de 1936 amaneció Málaga tranquila sin conocer lo que a las 14:19 iba a suceder. El submarino C-3 leal a la República se encontraba en la bahía de Málaga con sus 40 tripulantes emergido porque tenía una avería y su rendimiento no podía ser el que debería para esas circunstancias de la guerra. Por el periscopio del U-34 Harald Grosse vio claramente y de casualidad su objetivo y sabía que debía atacar con un solo disparo de torpedo sin errar el tiro, porque en el Puerto de Málaga estaban dos pesqueros, el guardacostas Xauen, la lancha I-4 y el destructor británico Acasta que saldrían en su búsqueda tras una explosión.

Pero recientemente se ha descubierto que el torpedo que impactó en el submarino C-3 no detonó, por lo que es más que posible que incluso ayudara al submarino alemán a no ser detectados. Murieron 37 tripulantes españoles y solo tres pudieron salvarse porque se encontraban en el puente de mando. El torpedo alemán alcanzó la parte más sensible del C-3 y lo hundió rápidamente. Para Alemania fue un éxito, el U-33 y U-34 volvieron a sus bases y no fueron detectados. Para la marina alemana la operación sirvió para una gran instrucción, y pudo llevar su experiencia de combate para sus flotillas en la Segunda Guerra Mundial.

No fue hasta 1997 cuando, gracias al empeño del abogado malagueño Antonio Checa, se descubrieron los restos del submarino C-3, y se comenzaron a realizar estudios y homenajes a unos marinos en un acto de piratería de la Alemania nazi.

Tanto la República como la España franquista trataron de oscurecer estos hechos por diferentes causas. Por ello estuvo tanto en el olvido este pecio, que ahora se considera tumba de guerra. Gracias al profesor de la universidad de Virginia Willard C. Frank Jr se logró probar el plan secreto de la Alemania nazi. Fue quien encontró los archivos de la Marina alemana en los que se detallaba el plan. Incluso se descubrió el telegrama del U-34 confirmando al alto mando alemán la baja del submarino C-3, y por ello fue condecorado el comandante Harald Grosse. Ahora que el torpedo alemán se identificó en aguas malagueñas ya queda poco misterio de este asunto.

El telegrama alemán.

El telegrama alemán.

Ojalá se reflote y se pueda exponer en el lugar que corresponda.

La lista de desaparecidos en el submarino C-3

Alférez de Navío D. Antonio Arbona Pastor

Auxiliar 2º Naval D. Francisco López Lozano
Auxiliar 2º Electricidad y Torpedos D. Enrique Más Ayala
Auxiliar 2º Electricidad y Torpedos D. Manuel Pacheco López
Auxiliar 2º Radio D. Francisco Carrillo Mira
Auxiliar 2º de Torpedos D. Francisco Martín Portugués
Auxiliar 2º de Torpedos D. Carlos Sánchez Bernal
Auxiliar 2º de Máquinas D. José García Paredes
Auxiliar 2º de Máquinas D. Fulgencio Conesa Pérez

2º Maquinista D. José Sastre Gabarrón
3º Maquinista D. Miguel Palmer Bonet
3º Maquinista D. Antonio Asensio Martínez

3º Maquinista D. Juan Baamonde López

Cabo de Marinería D. José Rodriguez Ruiz
Cabo de Marinería D. Esteban Berenguer Robert
Cabo de Marinería D. José Sánchez Velasco
Cabo Electricista D. Pedro Saura Galindo
Cabo Electricista D. Joaquín Ruiz Baena
Cabo Electricista D. José Martínez Ponce
Cabo de Artillería D. Hipólito Rodríguez Anido
Cabo de Artillería D. Ismael Conte Aviño
Cabo Radio D. Constantino Blanco Sánchez
Cabo Enfermero D. Francisco Fuentes Quesada
Cabo de Fogoneros D. José Samper Torregrosa
Cabo de Fogoneros D. Francisco Torremé Sevilla

Marinero Carpintero D. José Carrión Luján
Marinero de 1ª D. José Caparrós Rubio
Marinero de 1ª D. Antonio Jiménez Saura
Marinero de 1ª D. Diego García Llamas
Marinero de 1ª D. Salvador Caparrós Rubio
Marinero de 1ª D. José Fernández Martínez
Marinero de 2ª D. José Limón García
Marinero de 2ª D. Pascual Martínez García
Marinero Cocinero D. Francisco Ros Nicolás

Fogonero Preferente D. Gabriel García García
Fogonero Preferente D. Benito Pardillo Bruno
Fogonero Preferente D. Bartolomé López Cobo

Harald Grosse no vio el final de la guerra. Ascendido a capitán de corbeta, obtuvo el mando del U52 que fue hundido en el mar del Norte en 1940 por el destructor británico Gurkha. Grosse se hundió con sus 42 hombres. Tampoco el U34 alcanzó los tiempos de paz ya que se hundió en Memel en el verano de 1943 al colisionar con su propio buque nodriza (Revista General de Marina, Ministerio de Defensa, Madrid, agosto-septiembre 1999, p. 351)




Un torpede trobat a Màlaga demostra la participació de la marina nazi en la Guerra Civil

 L'Alemanya nazi va participar en la Guerra Civil Espanyola en combats al mar com un "banc de proves" de cara a la Segona Guerra Mundial. Aquest fet, una sospita mai reconeguda oficialment, queda confirmat ara amb la troballa davant la costa de Màlaga del torpede que va enfonsar el submarí republicà C-3.

La troballa l'ha fet pública aquest dilluns el cineasta José Antonio Hergueta, que l'any 2006 va dirigir el documental "Operació Úrsula", el nom que tenia l'operació de la marina nazi a la zona. Hergueta n'ha donat detalls juntament amb el marí mercant José Luis Martín.

L'exploració amb un sonar d'escombratge lateral ha permès localitzar el torpede, d'uns sis metres de longitud, 1.700 quilos de pes i una càrrega explosiva de 250 quilos, en un estat gairebé intacte a uns 300 metres d'on hi ha les restes del submarí.

El torpede és al fons marí, a uns 66 metres de profunditat, i podria ser perillós perquè conserva la càrrega explosiva, que per un error no va arribar a detonar en impactar amb el submarí.

Martín i Hergueta ja han comunicat la troballa a la Comandància de Marina i a la Subdelegació del Govern espanyol.

José Antonio Hergueta i José Luis Martín, durant la roda de premsa d'aquest dilluns
José Antonio Hergueta i José Luis Martín, durant la roda de premsa d'aquest dilluns (EFE/Álvaro Cabrera)

"La Guerra Civil en miniatura"

El 12 de desembre de 1936, el submarí era a la costa de Màlaga i havia de navegar cap a l'estret de Gibraltar per rellevar el C-4, però va rebre ordres de quedar-se a la zona com a mesura davant d'un previsible atac. Aquell dia, poc després d'un quart de tres del migdia, el submarí alemany U-34 va llançar un torpede G-7 que va enfonsar el C-3.

El submarí de la marina nazi, dirigit pel comandant Harald Grosse, navegava a la superfície, però en veure el C-3 va submergir-se i va calcular l'anomenat "triangle de tir", que té en compte la velocitat i el rumb de l'objectiu i del torpede. A una velocitat de 30 nusos, uns 55 km/h, el torpede va trigar 53 segons a recórrer els 800 metres que separaven els dos submarins.

El C-3 es va enfonsar davant del barri malagueny del Palo. L'atac va tenir com a testimoni excepcional el vaixell de guerra britànic Acasta, que va fer-ne una descripció detallada.

Reconstrucció de l'impacte del torpede alemany contra el submarí C-3
Reconstrucció de l'impacte del torpede alemany contra el submarí C-3 (EFE/Álvaro Cabrera)

Per Hergueta, la història del C-3 és "la Guerra Civil resumida", com una versió del conflicte en miniatura, perquè el 12 de desembre "explota i es publica l'enfonsament, però al cap de 48 hores s'esborra de la memòria", en el que el cineasta considera que "resumeix tots els oblits i silencis de la guerra".

Aquest silenci sobre l'actuació de l'Alemanya nazi pot estar relacionat, segons Hergueta, amb el fet que en aquella zona, el mar s'entenia com un domini britànic i, l'any 1936, "Hitler no volia provocar els anglesos perquè pensava que encara podia seduir-los".

Martín ha apuntat que Màlaga "va tenir una gran importància estratègica durant la Guerra Civil per la proximitat a Gibraltar", perquè "era l'únic port del Mediterrani a dues hores de navegació de l'Estret". És per això que es va convertir en base dels submarins republicans en els primers mesos del conflicte.

Un impacte "com 14 bombes"

Els tres únics supervivents de l'atac, que en el moment de l'impacte eren a la torreta, recordaven un moviment molt brusc i que la nau es va inclinar de proa i es va enfonsar gairebé immediatament.

L'impacte del torpede va ser en un punt on hi havia 14 ampolles d'aire comprimit, que van esclatar i van esquinçar el casc de la nau, "que per això es va enfonsar de manera instantània", segons ha explicat l'expert en submarins José Luis Martín:

"El C-3 va rebre el cop en el pitjor punt possible, la quaderna 105, on hi havia 14 ampolles d'aire comprimit que eren com 14 bombes, i a causa de l'enorme velocitat el torpede va continuar la trajectòria i va sortir per la banda contrària."

Mentre el submarí s'enfonsava, quan l'aigua va arribar a les bateries de popa, va haver-hi una reacció química en què es va alliberar hidrogen i va provocar "una tremenda explosió que van veure els testimonis des de Màlaga, amb una enorme columna blanca que va desaparèixer al cap de pocs segons, una cosa que només pot ser vapor d'aigua".

Alguns dels tripulants del C-3, fotografiats al submarí
Alguns dels tripulants del C-3, fotografiats al submarí

04 septiembre 2020

El submarino español C-3, víctima de la piratería nazi

 12 de diciembre de 1936, el sumergible republicano C-3, bajo el mando de Antonio Arbona, surca las aguas mediterráneas en superficie, a siete kilómetros del puerto de Málaga, con una grave avería en el motor y las baterías; al amparo de varias embarcaciones españolas y de un destructor británico cercanos.

El puerto, con parte de la flota republicana anclada allí, le otorgaba protección contra ataques de superficie y en resumen de cualquier tipo, teniendo en cuenta que todos los submarinos españoles estaban en manos republicanas, y que había un embargo de armas sobre las dos Españas

Todo ello, aporta a la tripulación una falsa sensación de seguridad, traducido en la ausencia de una guardia efectiva, permitida por la falta de un mando competente a su timón, causada por las purgas y deserciones de la oficialidad del arma submarina leal, pues en su gran mayoría eran simpatizantes golpistas.

El submarino español C-3, víctima de la piratería nazi
Figura 1: Submarino español C-3 y buque de rescate de submarinos Kanguro atracados en la base naval de Cartagena, España, antes de la Guerra Civil Española. Dominio público.

En definitiva, un blanco perfecto, cuya única protección era la disuasión de la base naval cercana y la errónea suposición de que el bando nacional o sus aliados, no violarían las leyes de la guerra. Sin embargo, la Operación Úrsula demostraría todo lo contrario.

La operación Úrsula

Tras varias peticiones infructuosas de personalidades franquistas al gobierno alemán para conseguir su apoyo naval; la entrevista en octubre de 1936, entre el Führer y el Conde Ciano, dio como fruto el envío de dos sumergibles de cada nación para patrullar las costas republicanas, aprovechando así para entrenar a las tripulaciones de los U-boot, para la futura guerra europea.

Este envío se realizaría enmarcado en el Ejercicio de entrenamiento Úrsula -bautizado así en honor de la hija del almirante Dönitz, comandante de la Ubootwaffe-; aprobado el 2 de noviembre por el OKM[1], cuyas órdenes eran atacar a los buques republicanos, siendo objetivos principales, el acorazado Jaime I y los cuatro cruceros.

Coordinado por el Konteradmiral Hermann Böhm, se realizaría en absoluto secreto. Los submarinos ocultaron sus insignias nacionales -aunque si emergían enarbolarían la insignia naval inglesa-, silencio so pena de muerte, y ningún barco aliado, ni el Alto Mando nacional fueron avisados de ella. En caso de emergencia, podían refugiarse en la base naval italiana de la Maddelena (Cerdeña). Huelga decir que Úrsula conllevaba un alto riesgo diplomático para Alemania, e incluso podía provocar un conflicto con Francia y Reino Unido.

Las patrullas serían realizadas por submarinos alemanes e italianos, en turnos alternos de dos semanas. En el caso de Úrsula, los germanos realizarían la del 30 de noviembre al 11 de diciembre.

Dos submarinos del tipo VIIa de la 2ª Flotilla, serían los escogidos para la misión: el U-33, destinado al sector cabo de la Nao – Cabo de Palos, y el U-34, al sector cabo de Palos – cabo de Gata, capitaneados por los veteranos Kapitänleutnant Kurt Freiwald y Harald Grosse respectivamente.

El submarino español C-3, víctima de la piratería nazi
Figura 2: Submarino alemán U-33 en 1936, antes de participar en la contienda española. Las marcas de identificación U-33, serían ocultadas con pintura para evitar su identificación. Dominio público.

El hundimiento del C-3

A pesar de patrullar las costas de un país en guerra, las ocasiones en que ambos submarinos encontraron blancos fueron escasas, y tampoco pudieron cobrarse sus presas, por la dificultad para identificar posibles objetivos, el miedo a ser descubiertos y el mal funcionamiento de sus torpedos.

Sin embargo, aquel día, el 12 de diciembre, a las 14:19, ya de camino a Alemania, la suerte cambiaría radicalmente para Grosse. Navegando a profundidad de periscopio, localizó al descuidado C-3.

A pesar de la poca conveniencia del ataque: demasiado cerca de la costa, varias embarcaciones próximas y una pésima posición de disparo; las ansias de la tripulación por no regresar a casa sin ninguna victoria en su haber, provocaron que Grosse ordenara disparar un torpedo, sumergiéndose inmediatamente para evitar ser descubierto. Pocos minutos después, el hidrófono captó unas explosiones. Eso significaba, impacto directo. El C-3 se llevó consigo 37 almas a bordo, incluida la de su comandante, dejando en el agua a tres supervivientes. La Operación Úrsula, por fin se cobraba su primera y última víctima. Grosse, por su parte, sería condecorado.

El submarino español C-3, víctima de la piratería nazi
Figura 3: Goldenes Spanienkreuz (Cruz Española en Oro), condecoración que H. Grosse recibiría por su hazaña. Presbite. (2011). CC-BY-SA.

A pesar de que la prensa republicana responsabilizó del acto a un submarino extranjero, la investigación gubernamental declaró que había sido una explosión interna, aunque con la caída de Málaga en manos nacionales en febrero de 1937, las investigaciones se paralizaron. Además, los franquistas declararon que el C-3fue puesto de vuelta en activo y el C-5, que desertó, para intentar camuflar descaradamente la compra de dos submarinos a Italia.

Por lo tanto, el destino del C-3 sería un misterio, hasta que Antonio Checa encontrara en 1997, los restos de un submarino partido en dos a 67 metros de profundidad, que al año siguiente la Armada Española identificaría como los del C-3.

Gracias a su descubrimiento, las investigaciones actuales han podido determinar que el torpedo lanzado impactó sin detonar, provocando la explosión de las baterías, cuyos ácidos incendiaron el submarino, echándolo rápidamente a pique.

Conclusiones

En resumen, la lamentable pérdida del C-3, sumaba otra baja a la diminuta flota submarina republicana, que de sus doce navíos al principio de la contienda, celebraría el año nuevo, con sólo ocho.

Unternehmen Ursula, por su parte, al igual que los cientos de actos de piratería submarina germano-italianos que se sucederían impunemente hasta su cancelación a principios de 1939, tuvo un éxito parcial, al permitir a la Kriegsmarine corregir los fallos detectados, sobre todo los de los torpedos, y apostar por la fabricación en cadena de los robustos y fiables tipo VIIa, y que se convertirían en la espina dorsal de la U-bootwaffe en la Segunda Guerra Mundial.

Por lo tanto, es posible que sin estas acciones, el número de victorias de los U-boot durante la primera etapa de la Batalla del Atlántico sería mucho menor, al no haber experimentado previamente sus armas en situaciones reales de combate.

Por último, a pesar de que dicha operación constituía una clara declaración de guerra hacia el gobierno legítimo español, con su secretismo se pretendía evitar una declaración de guerra por parte de Francia y Reino Unido, quienes cínicamente, gracias a la farsa del Comité de No Intervención, decidieron el ulterior y fatal destino de la Segunda República.

Autor: Frank Mark Mora Castillo para revistadehistoria.es

28 agosto 2020

A nuestros compañeros del submarino C-3

 Francisco Maceira | En enero de 2003 (poco antes de la triste reunión de descerebrados en las Azores) el dominical «El Semanal» publicó un artículo sobre el submarino C3. Leerlo me produjo una mezcla de pena y de indignación. También me recordó que años antes (en 1998) estando embarcado en el Buque de Aprovisionamiento y Combate "Patiño" e integrado en una fuerza naval encabezada por el portaeronaves «Príncipe de Asturias» le rendimos honores al malogrado submarino.

Mi afición literaria me empujó a escribir «Los mismos bastardos» que la misma revista publicó en febrero de ese año y premió con una pluma de oro. 

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los mismos bastardos

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El 12 de diciembre de 1936 el submarino republicano C-3 se hundió en aguas del Mar de Alborán, a cuatro millas de Málaga. Mejor dicho, lo hundió un torpedo lanzado desde el submarino alemán U-34, en la denominada operación “Úrsula”. Una operación secreta que beneficiaba tanto al bando rebelde como a Hitler, que así podía adiestrar a sus famosos “lobos grises” en el lanzamiento de torpedos contra la flota republicana. Aunque los primeros lanzamientos del “Poseidón” (nombre en clave del submarino alemán U-34) contra destructores republicanos no habían sido satisfactorios, el C-3 no tuvo la misma suerte.

La dotación la componían 40 hombres y solo hubo tres supervivientes. El resto todavía descansa dentro del pecio, a 70 metros de profundidad, en el lugar que los pescadores conocen como el “Bajo del Submarino”. Surgieron diversas versiones sobre el siniestro. Como la que afirmaba que el mando republicano que ordenó salir a navegar al C-3 era un traidor. Que sabía que los alemanes lo estaban acechando y que en el deplorable estado en que estaba, sin electricidad para sumergirse y con un motor renqueante (el otro estaba a reparar en Almería) se convertiría en un blanco seguro. También se barajó la hipótesis de que dada la escasa potencia de la explosión (la mayoría de los testigos coinciden en esto) no hubiera sido torpedeado. Que el hundimiento fue por otras causas y lo que hubo fue una reacción química del ácido de las baterías en contacto con el agua del mar.

Es deber del Gobierno rescatar el submarino C-3. Para que su dotación pueda descansar en paz y restaurar su dignidad

Pero el mensaje que el comandante del U-34 envió ese mismo día al mando alemán no deja lugar a dudas sobre las causas del naufragio: “Hundido submarino rojo tipo C frente a Málaga”. El silencio y oscurantismo que rodeó el caso hizo que las familias pasaran años sin saber qué había sido de los suyos y convirtió al C-3 en un submarino fantasma. Fue en 1996 cuando unas manchas de aceite y gasoil (todavía hoy en día afloran a la superficie) guiaron a un pescador deportivo hasta el lugar exacto donde reposa el pecio. En el año 1998, 62 años después del hundimiento, una formación de buques de guerra, encabezada por el portaeronaves “Príncipe de Asturias”, rindió por primera vez en la historia honores al C-3. Un gesto significativo, aunque insuficiente para estos héroes de nuestra Armada. Tenemos la obligación moral de reflotar el submarino. No solo como parte de nuestra historia, sino también para intentar compensar a unas familias que han sufrido durante toda su vida el estigma de ser viudas y huérfanos de “rojos”. Unas familias que nunca han podido dar sepultura a sus seres queridos, ante la pasividad e incomprensión del Ministerio de Defensa. No olvidemos que son marinos de guerra españoles y que perdieron sus vidas defendiendo a su país. Por eso, es deber del Gobierno Español rescatar el submarino C-3. Para que su dotación pueda descansar en paz y restaurar su dignidad. O, mejor dicho, para devolvérsela a los que nunca la han perdido.

Francisco Maceira, Contramaestre de la Armada retirado.


submarino c3 uno-1

Submarino C3 navegando

Submarino C3 dos

Submarino C-3 atracado en Venecia